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lunes, marzo 31, 2008

C L E A N B A B A H O M E, por Lola Gallego

El cleanbabahome procede de los pantanos de Ascot, famosos por sus hexagonales columnas de basalto. Es un aplastado ser de unos 40 centímetros de largo y 20 de ancho. En reposo parece un globo blando, muy maleable y con capacidad de atravesar espacios increíblemente angostos. Su piel es translúcida, viscosa y de color indefinido, predominando el verde. A través de ella se aprecia un fluido espeso, que según va envejeciendo se hace cada vez más grumoso.

Su cabeza carece de huesos, tiene dos grandes ojos ovalados de gelatina densa y negra y, entre ellos, destaca un gran pico de gallo por cuyos orificios expele un líquido de agradable olor y efecto anestésico. Debajo del pico hay una ranura tan ancha como la propia cabeza de la que se desborda una inmensa lengua que, acoplándose bajo su parte inferior, le sirve de alfombrilla para deslizarse. En la parte superior de su cuerpo posee una cresta puntiaguda y gomosa.

Se arrastra sobre su lengua de bayeta ayudado por cuatro patas alineadas que acaban en planas ventosas. Es muy útil, deja un rastro limpio y perfumado. Convive con el hombre desde el principio de los tiempos y se alimenta de sudor humano. De metabolismo hiperactivo, no duerme nunca y no para de moverse, recorre continuamente las casas aún estando cerradas las puertas de las habitaciones ya que pasa por debajo de ellas sin dificultad alguna.


Lola Gallego realiza el II máster en escritura creativa en Hotel Kafka

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sábado, marzo 08, 2008

VIDAS TERRESTRES, por Carlos Granell



Las lunas del coche cierran herméticamente el interior del vehículo. En el exterior las líneas blancas se disponen simétricas respecto del eje del vial y delimitan la calzada hábil. Además, a un lado y otro de la avenida, las farolas se alzan regularmente sobre el firme. Su luz funcional ilumina el camino mientras que el sol, puesto en occidente, surge en el retrovisor interior.

Con la noche entrada y el vehículo en movimiento, la irradiación de las farolas es intensa y crea un efecto lumínico secuenciado que se repite periódicamente en cada instante. Cada luminaria origina un haz de luz que se difumina en la noche, hasta desaparecer en la zona en la que se comienza a apreciar el haz de la farola subsiguiente. A cada lado de la calzada, la distancia entre cada foco de luz se percibe, desde la posición actual, reduciéndose indefinidamente en una progresión geométrica definida, a medida que la vista alcanza paulatinamente puntos más alejados en el camino venidero. Asimismo, las luminarias equivalentes a un lado y otro del vial se acercan entre sí preservando la simetría respecto del eje del mismo, tanto más cuanto más alejadas se encuentran de la posición actual.

En cada una de los focos, las partículas de polvo orbitan en torno a los bulbos lumínicos creando un microcosmos particular y repetitivo.

En los laterales de la calzada, por detrás de las farolas, la noche es oscura. Cerrada.
A medida que el vehículo avanza, los puntos de luz más próximos desaparecen del campo visual para luego regresar, cada uno por su lado, en el retrovisor exterior que corresponde. En el espejo interior, las luces, alineadas en dos rectas simétricas respecto del eje que el vehículo deja tras de sí, menguan hasta desaparecer. Lo hacen justo en el momento en el que otras, procedentes del camino que quedaba por delante, reemplazan a las ya inexistentes en el reflejo. De frente y más allá de la luna frontal, el efecto lumínico se sigue repitiendo periódicamente según la misma secuencia que antes.

El vehículo avanza y en el instante presente la posición del mismo determina, junto con la del sol, un diámetro de la esfera terráquea. La bruma levanta dos palmos del firme y el aire, saturado de agua, empaña las lunas vehiculares. Ahora, la conducción se desarrolla por la calzada hábil en un entorno de borrosidad luminiscente.

El final de la madrugada trae consigo el rocío y éste devuelve el trasluz en los cristales. Multitud de burbujas de H2O se deslizan caóticamente por las lunas hasta adherirse, unas con otras, según fenómenos de tensión superficial. Con la conducción en curso la bruma escampa y la luna trasera muestra, a través del espejo interior, una mella en el vidrio. La grieta, inapreciable desde cualquier otro punto de vista, permanece incólume en el devenir de los claro-oscuros de las luces, la noche y sus reflejos.


De frente y más allá de la luna frontal, el efecto lumínico se sigue repitiendo periódicamente según la misma secuencia que antes, y las partículas de polvo orbitan en torno a los focos de luz. Las líneas blancas que delimitan la calzada hábil, se disponen simétricas respecto del eje recto de la avenida y fugan en un punto irreal. Allí y ahora el cielo clarea, el sol se alza en el este y alguien, a los mandos de un avión, alinea el astro en su trayectoria. Sobrevuela vidas terrestres.


Carlos Granell realiza el máster en Escritura creativa en Hotel Kafka

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