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domingo, noviembre 12, 2006

un charco


El charco de Escher es quizá una de sus obras más sencilllas, pero no por ello menos sugerente que otras. Contrasta el paso del hombre por el camino, con pisadas y huellas de rodadura, con lo natural y traslúcido del bosque invernal. Contrasta la horizontalidad del camino con la verticalidad de los árboles. El suelo y el cielo. De alguna forma el agua ocupa el espacio de los vestigios de nuestra memoria.

Recuerda a la conocida frase de Stendhal sobre que la novela es un espejo a lo largo de un camino, aunque es obvio que la intención es otra. No obstante el camino está ahí quizá un momento transitorio hasta que un nuevo coche o una nueva pisada altere esta composición fugaz. En este caso el espejo refleja lo eterno del cielo, pero a su vez es un espejo efímero y líquido. Intuimos que en este lugar no se reflejará ningún narciso, ni sea traspasado por Alicia alguna. Y es que aunque se diga que somos polvo en el fondo somos mayoritariamente agua, agua de mar.