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domingo, diciembre 09, 2007

La vida interior de Martin Frost - A cada cual sus habilidades

Blanca Vázquez - laRepúblicaCultural.es

Habiendo leído un gran número de obras del reconocido escritor norteamericano Paul Auster, sentía mucha curiosidad por acudir al estreno de una de ellas plasmada en celuloide y dirigida por él mismo, La vida interior de Martin Frost (The inner life of Martin Frost). Lo que comenzó como un relato corto, según el autor, acabó transformándose en un largometraje. El cine no es un terreno nuevo para Auster que dejó un decente sabor de boca con ?Lulu on the Bridge? en 1998.

La vida interior de Martin Frost

No obstante su experiencia con guiones de cine, esta última cinta de Auster parece la labor de un primerizo que denota una evidente falta de presupuesto, y una ausencia total de profundidad, necesaria para paliar dicha escasez. Para empezar, el protagonista, Martin Frost , deja al espectador completamente frío. No nos seduce lo más mínimo, ni en su intelectualidad ni en su reacción ante los acontecimientos que le asaltan en su descanso campestre.

Auster es un maestro en historias laberínticas de carácter metaliterario, a caballo entre ese territorio que también sabe trabajar, la realidad y la fantasía dentro de la literatura, ficción dentro de la ficción engarzada en una cadena de historias, con escritores como protagonistas, (en cierto modo alter ego del autor), toda una orgía literaria. Pero ese encantamiento tan especial que nos embelesa en sus libros no aparece por ningún esquinado encuadre en La vida interior de Martin Frost, historia en la que parece haber batido un cóctel novelístico entre ?Travels In the scriptorium?, ?La noche del oráculo?, o ?Trilogía de Nueva York?. Cóctel que ha salido cortado, como una salsa mayonesa mal ligada.

Cuatro son solo los actores de esta cinta de unas musas complacientes y otras apagadas, de escritores buenos y malos. Amigos de Auster como David Thewlis, buen secundario en famosas sagas y producciones comerciales, pero con una evidente falta de carisma para el papel; Irene Jacob, mejor anoto un "sin comentarios"; el simpático miembro de ?Los Soprano?, Michael Imperioli, y la hija de Auster, Sophie, a la que el escritor intenta meternos con calzador, incluido sus pinitos de cantante. Un desastre, vamos.

El lenguaje cinematográfico tiene otras reglas bien distintas de la lectura pausada, imaginativa e independiente de nuestra conciencia sobre un libro. Eso no quiere decir que cualquiera de las obras de Paul Auster no pinten bien en cine. Hace falta proveer de ese misterio laberíntico y fantástico a la historia con buenos recursos audiovisuales, y para ello probablemente sea necesario algo más que un narrador, tres actores y un aprendiz y dos carteles en la pantalla guiando el desarrollo. El problema no es esa falta de concreción en la realidad: lugar, época, mundo, etc, sino la expresión visual de esos laberintos mentales que tan bien expresa Auster con la pluma. No ha sido capaz, esta vez, de comunicar al espectador, (muchos de ellos lectores de sus obras, dispuestos a recibir desde otra vertiente) la historia que el autor y director tenía en mente. Sea quizás esta la causa de que el espectador, una vez apagadas las luces de la sala, permanezca un buen lapso de tiempo con la mirada perdida.

Se entiende, por una vez, que la crítica haya sido brutal con esta historia de un escritor que cansado después de su última obra, decide trasladarse una temporada al campo, a casa de unos amigos, el matrimonio Auster (uno de los puntos referentes del director-escritor es introducir ese tipo de detalles en sus libros), de viaje por tierras lejanas. Solo en tal paraje, Martin comienza a urdir una nueva obra, momento en el que se le aparece, (machismo de las artes) una musa, Irene Jacob, cuya misión es hacer que el escritor complete su obra con buena nota. Después desaparecerá de su vida, pero?

La historia podía haber materializado una película interesante, como ya he dicho antes, al igual que cualquiera de los libros de Auster. No es el caso. No han ayudado ni la existencia de un narrador omnisciente, ni las supuestas escenas de humor (que no han hecho ninguna gracia), ni el minimalismo con que se impregna el metraje, ni el enchufismo familiar, ni la fláccida arquitectura verbal de los personajes, (imagino la destreza de Woody Allen en este caso).

Una pena, pues la cartelera no abunda de historias originales, y esta podía haber sido una de ellas.

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domingo, abril 01, 2007

Unas fotos, el apellido Restau y la voz en «off»

(artículo publicado en La Razón)

A pesar de que no es la primera vez que confiesa que le gusta ser reconocido como escritor, Paul Auster acaba de estrenar su segundo largo, después de que en 1998 se pusiera por primera vez tras la cámara para rodar «Lulu on the bridge». El rodaje de la cinta coincidó con la concesión del Príncipe de Asturias de las Letras, en mayo de 2006. No más de veinte personas formaban el equipo técnico del segundo largo y los actores eran cuatro (la propia hija del autor, Sophie, Irene Jacob, David Thewlis y Michael Imperioli) para un presupuesto que nada tiene que ver con el de las superproducciones. Las escenas fueron rodadas en tres escenarios: una casa, una carretera y un estudio en Lisboa,Sintra y Azenhas do Mar, uno de los pueblos más pintorescos cercanos ala cpital lusa. La cinta se estrenó el pasado día 22 en Nueva York y lo que se intuía que podía aparecer en la pantalla (los juegos de identidad del escritor) se vieron reflejados allí: la cinta arranca con una toma lenta sobre un conjunto de fotografías familiares de Jack y Diane Restau, que forman el matrimonio propietario de la casa en la que se desarrollará al acción. Las imágenes que se ven son del propio Auster y de su esposa Siri. La pareja se apellida Restau: si juegan con las letras seguro que no tardan en dar con un apellido mucho más conocido: Auster. Y una tercera, quizá un poco aventurada, pero que nos acerca aún más al universo del escritor de los increíbeles ojos verdes: la voz en «off» que se escucha en el metraje, con tono ciertamente grave, bien pudiera pertenecer al escritor de «Nada es azar». Paul Auster dirige, ha escritor el guión y es uno de los productores de la cinta, que cuenta también con financiación gala y lusa. Actualmente tiene en preproducción su nuevo trabajo, del que es guionista y que dirige Alejandro Chomsky, «In the Country on The Last Things». Tendremos que esperar.

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