Hotel Kafka - Escuela de Ideas

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Paul Auster

sábado, octubre 25, 2008

Oaxaca está en la mira de Paul Auster

La visita del escritor estadunidense a la XXVIII Feria Internacional del Libro de Oaxaca tiene un objetivo: apoyar el lanzamiento del premio Aura Estrada.

25 octubre 2008 - Milenio (México)

Hace unos días, Raúl Padilla López, presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, afirmaba que en México hay muchas ferias libreras que pasan sin pena ni gloria. Guillermo Quijas, director de la de Oaxaca, está de acuerdo con la afirmación y por eso, dice, en la capital del estado sureño trabajan para no estar en esa lista negra. Este año, el encuentro oaxaqueño da un gran paso para lograr el objetivo: la XXVIII Feria Internacional del Libro de Oaxaca está encabezada por Paul Auster, que forma parte de una delegación de 60 escritores nacionales y extranjeros.

Paul Auster

El escritor estadunidense, que recientemente presentó en Barcelona su nuevo libro, titulado Un hombre en la oscuridad, visitará la capital oaxaqueña, invitado por Francisco Goldman, para dar a conocer los pormenores del Premio Aura Estrada, que se instaura para recordar a la escritora, que falleció el año pasado en las costas oaxaqueñas. Además, dictará una conferencia magistral que servirá para inaugurar de manera oficial la Cátedra Aura Estrada, que tendrá lugar cada año durante la feria. Guillermo Quijas explica que la presencia de Auster es el fruto del trabajo realizado por Goldman, iniciador del galardón que ha sido respaldado por autores como Salman Rushdie y Gabriel García Márquez. ?Ahora el reto para nosotros es mantener un nivel que nos permita traer invitados que estén a la altura de Paul Auster y de ahí para arriba?, señala el director de la feria.

Quijas dirige el encuentro librero oaxaqueño desde hace seis años. Antes, apunta, la única actividad consistía en la compra y venta de libros. ?Tenemos cinco ferias realizando un esfuerzo para traer un importante número de escritores?, señala. Esto, agrega, después de que en 2002 ?hubo un desprecio del municipio hacia la feria: le quitaron presupuesto, la movieron de sede. A raíz de esto planteamos una feria del libro que le demostrara a las autoridades, a la iniciativa privada y a las instituciones educativas que era un evento importante y que era necesario apoyar?. Así, comenzaron a trabajar en un proyecto que, además, incluye planes de fomento a la lectura, talleres con escritores oaxaqueños impartidos por autores reconocidos y, lo más importante, acercar a los escritores con los lectores. ?A cinco años podemos decir que el proyecto inicial está consolidado?, afirma.

Uno de los factores que ha dificultado el trabajo de la feria, agrega el director, es la ?caótica situación política? que vive Oaxaca. No obstante, puntualiza, el éxito que ha tenido el trabajo realizado desde la librería Proveedora Escolar y la editorial Almadía ha generado ?que la nueva administración municipal se interesara y apoyara la feria de buena manera. A nivel estatal no les interesa, y eso ha ocasionado que no haya el crecimiento que queremos, porque hay potencial para crecer más?. El reto, afirma Quijas, es generar la infraestructura para tener un lugar específico para la exhibición y venta de libros. ?El punto fundamental es la infraestructura. Y mantener la calidad del programa literario, que ya no puede bajar de calidad?.

La Feria Internacional del Libro de Oaxaca tendrá lugar del 6 al 23 de noviembre. Aunque parece mucho tiempo, Quijas explica que la primera semana está enfocada al programa literario, con las visitas de los escritores, presentaciones de libros y demás actividades, y la segunda semana es para todo lo relacionado con el programa infantil. Otra característica de la feria, agrega, es el proyecto que inicia este año de destinar una parte de las ventas al equipamiento de las bibliotecas del estado, comenzando con la biblioteca central de la ciudad. ¿La inversión? ?Cerca de dos millones y medio de pesos. Aquí las cosas se hacen trabajando?, concluye Guillermo Quijas.

Nombres en Oaxaca


La lista de escritores mexicanos que se darán cita en Oaxaca incluye a David Huerta, Francisco Hinojosa, Jorge Volpi, Álvaro Enrigue, Guillermo Fadanelli, Heriberto Yépez, J.M. Servín, Leonardo da Jandra y Sergio González Rodríguez, entre otros

La nómina de foráneos, encabezada por Paul Auster, da cabida a Siri Hustvedt (Estados Unidos), Camille de Toledo (Francia), Andrés Neuman (Argentina), José Manuel Prieto (Cuba), Goran Petrovic (Serbia), Ramón Caride (España) y Germán Carrasco (Chile), entre otros

Guadalajara/Édgar Velasco

Etiquetas: , , ,

sábado, octubre 11, 2008

Presenta Paul Auster su nueva novela en Barcelona

Milenio - 7 de octubre de 2008

Ayer fue presentado en el ayuntamiento de Barcelona el nuevo libro del escritor Paul Auster, Un hombre en la oscuridad. La obra, publicada en español por la editorial Anagrama, ha sido comentada en el marco del ciclo ?El valor de la palabra? donde el autor estadunidense, además, conversó con el escritor Sergio Vila Sanjuán sobre su visión personal de la creación literaria.



En conferencia de prensa el escritor neoyorquino habló sobre las elecciones en Estados Unidos y su preferencia por el candidato Barak Obama. A continuación reproducimos las preguntas y respuestas más sobresalientes de este encuentro con la prensa.

La trama de su nueva novela incluye, entre otras cosas, la situación de Estados Unidos, ¿se centra en su postura sobre las elecciones?

Es un hecho que Estados Unidos es un país dividido. Incluso creo que ahora mismo está en una guerra civil, no con balas, pero sí con palabras. Esta mañana veía el periódico (La Vanguardia) y leí un artículo donde se hablaba sobre esta división. El 44% de los estadunidenses piensa, sin embargo, que esto no está pasando, que el mundo fue creado en seis días, ¿cómo podría yo hablar con gente que piensa eso? No podría convencerlos de que se equivocan.

¿Utiliza en esta novela el insomnio como una metáfora del sentir de los estadunidenses en torno a la situación de su país?

No creo en símbolos en la literatura. Tú como lectora puedes interpretar lo que quieras, es tu derecho. Yo personalmente no quise escribir sobre Estados Unidos sino sobre mi personaje y su vida interna.

¿Por quién va a votar?

Por Obama. En las primarias voté por él en Nueva York. Es apropiado que diga algo sobre este personaje: es fascinante, lo admiro, es muy agudo, sabe mantener la cabeza fría, sobre todo bajo presión. Al otro candidato se le calienta la cabeza antes de pensar. Quiero matizar una cosa, en Europa no son conscientes de la presión a la que está sometido Barak Obama. Es una persona a la que no se le permite equivocarse, debe ser perfecto, esto no tiene precedentes en Estados Unidos; sin embargo, Obama ha logrado mantenerse, no lo han sacado de sus casillas, ha sido lo que se espera de él. Por eso creo que debe ser presidente. Si Obama pierde, será sólo porque es negro y no blanco. Para mí es imposible decir hasta qué punto Estados Unidos es racista, eso lo veremos el 4 de septiembre. Si el candidato fuese blanco, con una administración tan caótica como la que está por finalizar, nadie dudaría de quién va a ganar.

¿De qué trata entonces su novela?

Este libro, para mí, trata sobre sentimientos íntimos y la situación de una familia. La historia trata también sobre la guerra y cómo esta familia ha sido tocada por la guerra. La dedicatoria a David Grossman y a su hijo es porque Grossman es mi amigo hace doce años y lo aprecio. Su hijo estaba enrolado en la armada y murió en la guerra entre Israel y Palestina. Yo conocía al chico, era muy agradable, leía mis libros y hablábamos sobre ello. Él fue un catalizador para escribir esta novela. Ahora Grossman me escribe y me cuenta cómo va mi libro en Israel, me dice que es mi agente y me envía por fax las notas de prensa, es como un proyecto de familia, al final.

Barcelona / Paola Tinoco

Etiquetas: , , , ,

domingo, mayo 11, 2008

Wayne Wang: "Paul Auster y yo daremos que hablar"

El ganador de la última Concha de Oro estrena ?Mil años de oración?

SARA BRITO - Diario Público - Madrid - 14/04/2008 22:41

Wayne Wang, ganador de la concha de plata

Figura clave del cine independiente estadounidense (Chan is missing, 1982); colaborador -peleado y ahora nuevamente reconciliado con Paul Auster (Smoke y Blue in the face, 1995)- y cineasta que tampoco le ha hecho ascos a las producciones de mucho peso y poca densidad de Hollywood (Sucedió en Manhattan, 2002). Wayne Wang es el director de origen hongkonés, cuya película Mil años de oración se llevó el pasado festival de San Sebastián la Concha de Oro a Mejor Película y la de Plata a Mejor Actor para el veterano actor chino Henry O. Este viernes esta pequeña joya sobre la incomunicación se estrena en España, a espera de que la otra cinta independiente que hizo casi al mismo tiempo, Princess of Nebraska -también basada en un relato de la escritora Yiyun Li- llegue a salas el próximo 23 de mayo. Nos atiende por teléfono un día caluroso de abril desde Singapur.

Llevaba unos años inmerso en proyectos más comerciales, ¿sentía tanta necesidad de volver a un cine más personal que hizo dos películas de una tajada?
Venía de hacer varias películas para grandes productoras y me sentía como un rata en una rueda, sin encaminarme hacia donde quería llegar. Después de tres cintas estaba agotado. Sentía la necesidad de volver a una forma de hacer cine más independiente, de volver a la magia de lo pequeño, y de tratar un tema chino, en un momento en que es una nación tan poderosa y paradójica.

Trata a China pero desde la perspectiva del emigrante, ¿por qué?
Tiene que ver conmigo. Cuando leí el cuento de Yiyun Li, Mil años de buenos deseos, me impactó que la historia fuera tan similar a mi experiencia de emigrado a EE UU. En estas dos películas trato tres generaciones de chinos con los cambios culturales que hay en cada uno. En Mil años... es un padre jubilado y una hija en la treintena -ambos vivieron la Revolución Cultural- . En Princess of Nebraska es una joven que representa la nueva mujer china más libre pero con sus contradicciones también. La primera es más clásica, la otra es como free jazz.

?Mil años de oración' es una historia sobre la relación padre-hija y una reflexión sobre el lenguaje, la capacidad que tiene unas veces para aislarnos y otras para comunicarnos... ¿tenía claro que quería hacer una película sobre el lenguaje?
Estoy muy interesado en el lenguaje y la comunicación. Date cuenta de que crecí en Hong Kong donde se hablan tres lenguas y una vez en EE UU mi inglés siempre ha sido diferente. Tengo mucho de Yilan (la hija treinteañera y solitaria de la película): el inglés, como lenguaje, nos liberó viniendo del mandarín que es un lenguaje muy restrictivo con los sentimientos. Ocurre algo curioso, el personaje del padre es capaz de comunicarse más que con su hija con la desconocida con la que se encuentra en un banco del parque, aunque él hable chino y la otra iraní.

Que no halla subtítulos en esas conversaciones entre dos extranjeros, ¿es intencional?
Absolutamente, me interesaba que tal y como ellos no se entienden, lo mismo le pasará al espectador. Se trata de enfatizar el lenguaje corporal y la capacidad que tenemos de comunicarnos con un extraño antes que con nuestra familia. Lo que más me interesa son las relaciones de familia, si te das cuenta hasta Smoke habla de una familia a partir de seres aislados.
Antes Paul Auster, ahora una doble colaboración con Yiyun Li, ¿considera que tiene una tendencia a trabajar sobre textos de escritores?

(risas) Creo que tengo la fantasía de ser escritor pero que no soy lo suficientemente bueno, tal vez sea eso, que soy un escritor frustrado. Es una gran ventaja trabajar con escritores tan buenos que te den un buen pie de acto.

Después de que en San Sebastián un Paul Auster presidente del jurado le entregara la Concha de Oro, ¿es definitiva la reconciliación?
Fue un gran momento, mágico. Ahora nos hemos vuelto a encontrar en San Francisco y hemos hablado de empezar a trabajar en algo juntos. Pronto empezarán a oir hablar de nosotros dos otra vez.

Etiquetas: , , ,

domingo, abril 20, 2008

83 minutos de sensibilidad

Crítica de Carlos Boyero en El País de 18 de abril de 2008 a la última película de Wayne Wang.

Wayne Wang, al igual que tantos espíritus inquietos y experimentadores vocacionales del cine independiente norteamericano, gente como Steven Soderbergh y Gus van Sant, e incluso directores mexicanos con afanes trotamundos y prestigio internacional como Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, descubrió las ventajas de alternar el cine que deseaba hacer, las películas inconfundiblemente personales, con los productos made in Hollywood, calculados, millonarios, de fórmula infalible, con la única prioridad del éxito. Esa legítima y pragmática actitud imagino que preserva a la vez la integridad artística y la salud de la cuenta corriente.

Wayne Wang

Algunos de estos creadores logran moverse con transparente dignidad entre el proyecto personal y el mercenario. No es el caso de Wang. Sus coqueteos con la gran industria no han dejado ningún título memorable, pero sí películas relamidas, pretenciosas, rutinarias y vacuas como El club de la buena estrella, Sucedió en Manhattan y Mi mejor amigo.

Sin embargo, cuando este tío habla con tono intimista de lo que le importa, cuando se vuelca en los pequeños dramas de gente solitaria o sola, en la catarsis de los conflictos familiares, puede realizar joyitas, un cine tan sensible como sugerente, retratos tragicómicos de seres estupefactos o perdidos. Otorga a sus personajes autenticidad y sentimiento, solidaridad en la desdicha, involuntario humor. Ocurría en la preciosa, lírica, agridulce y generosa Smoke. También era muy apreciable el insólito y gracioso documental sobre el rodaje de ésta en Blue in the face, reivindicando los placeres que dona el tabaco, algo transgresor, ya que en esa época se abría la veda en Estados Unidos para acorralar a los infames fumadores.

En ambas andaba por medio Paul Auster, escribiendo el guión de la primera y codirigiendo la segunda. Doce años después, Auster preside el Festival de San Sebastián que le otorga la Concha de Oro a Mil años de oración. Y no es un favor al colega. Supone el reconocimiento al talento y el pulso de Wayne Wang para contar de forma ácida y tierna la compleja relación entre un anciano chino que visita en Estados Unidos a una hija que intuye infeliz. El contraste y el desencuentro entre este superviviente de la Revolución Cultural y la resignada desolación de su americanizada hija están descritos con sutileza y profundidad, con aroma y sabiduría.

Lo que cuenta es triste. Habla de los secretos y las mentiras que uno llega a creerse para justificar o soportar su existencia, del sentimiento colectivo de soledad, de la angustia y la impotencia ante el sufrimiento de lo que más quieres. Pero también posee humor y gracia mostrando el desconcierto de este hombre ante el nuevo mundo, su humanidad en sus intentos de comunicación con los extraños, una poética no subrayada, un actor al que llegas a querer. Y te despides de ella conmovido, con sabor agridulce, agradecido.

Etiquetas: , , ,

martes, abril 01, 2008

Charla sobre escritores fundamentales para la formación de un autor

Xornal, Santiago

El escritor Xesús Fraga participa en el Taller de Escritura para adolescentes de la Biblioteca Municipal Infantil y Juvenil.

Martes, 01 de abril de 2008

El escritor y periodista Xesús Fraga ofrece en la Biblioteca Municipal Infantil y Juvenil una clase magistral sobre autores como Michael Bond, Tolkien, Roald Dahl, Gerald Durrell, Paul Auster, Alvaro Cunqueiro, Ignacio Aldecoa, Ignacio Martínez de Pisón y otros que, a su juicio, son fundamentales para la formación de cualquier escritor y, en concreto, para los participantes en el Taller de escritura para adolescentes de dicha biblioteca.

Esta actividad está dentro del Taller de Escritura para adolescentes ?Cuenta tu propia historia?. Este nuevo proyecto de las Bibliotecas Municipales, a medio camino entre los talleres de escritura y los clubes de lectura, pretende crear un nuevo formato que recoja lo mejor de cada uno de ellos. Un espacio abierto al diálogo y la creación con el que las Bibliotecas Municipales intentan convertirse en un punto de referencia no sólo para los lectores, sino para todo aquel que desee compartir sus inquietudes literarias.

La experiencia comenzó el pasado mes de noviembre y en él participan trece jóvenes, de entre 12 y 18 años, que han podido conocer de primera mano a autores como Miguelanxo Prado y Lino Braxe, además del traductor Fernando Moreiras. La clase magistral programada para mayo será impartida por Daniel Domínguez, guionista de cine y televisión.

Con estas clases, la organización pretende dar a conocer a los participantes todas las posibilidades que les ofrece la escritura y romper con los tópicos victimistas que rodean la profesión de escritor.

Etiquetas: , , , ,

lunes, marzo 17, 2008

Paul Celan: El tango de Auschwitz

?No hay nada en el mundo por lo que un poeta haya de seguir escribiendo, no desde luego si el poeta es un judío y la lengua de sus poemas es el alemán?, reflexionó en su última época Paul Celan (1920-1970). ?Tal vez yo sea uno de los últimos que deba seguir viviendo para consumar el destino del espíritu judío en Europa. Esa obligación la he sentido como poeta, como poeta que no podía dejar de escribir, a pesar de ser judío y escribir en alemán.?

Por Guillermo Saccomanno / Página 12



Leo Antschel es ingeniero, pero después de la debacle económica de la Gran Guerra, en los Cárpatos, vende leña de aserraderos. Friederike, su mujer, acostumbrada a la crianza de sus hermanos menores, no permite que lo doméstico le gane a su afición por la lectura, que le transmite ahora a su hijo Paul. Lo manda a una escuela privada, pero el padre, sionista estricto, lo cambia a una escuela hebrea. En la familia se habla un alemán sin acento. Czernowicz, la ciudad en que viven los Antschel, pertenece a Bulgaria. En 1938 Hitler se anexa Austria. Y en Czernowicz, aunque el nazismo no parece inminente, ya se respira el racismo. Los Antschel discuten qué hacer con sus ahorros. El padre quiere reservarlos para una huida. La madre y el hijo se oponen: un buen destino para el dinero es costear los estudios de Paul en una buena universidad europea. Madre e hijo ganan la pulseada.
En su viaje, al pasar por Berlín, el joven Paul puede ver el putsch nazi. Después, por fin, llega a París, donde estudia un año. Paul ha leído a Proudhon y simpatizado con Trotsky. En este tiempo de iniciación parisina se conecta con los surrealistas y adhiere a la causa de la República Española. En el verano siguiente, vuelve a Czernowicz. Poco después el Ejército Rojo invade Bulgaria y el ruso es obligatorio. Estudiante de Filología, Paul lo aprende a la perfección. Sus compañeros se asombran: en menos de un año Paul ya traduce Guerra y Paz de Tolstoi. Por entonces los soviéticos deportan a Siberia a cuatro mil hombres, mujeres y chicos, en su mayoría judíos.
Cuando Hitler rompe con Stalin el pacto de no agresión, las tropas rusas se retiran y las rumanas entran en Czernowicz ejecutando judíos y ucranianos acusados de colaborar con los soviéticos. Las SS dirigen las acciones. En horas liquidan a setecientos judíos. En unos días, el número de víctimas sube a tres mil. Se los priva de derechos, se los obliga al brazalete con la estrella. Hay toque de queda y se alambra el gueto. Los nazis trasladan a los cautivos. Apenas dejan los necesarios para colaborar en algunos trabajos.
Las deportaciones se cumplen los fines de semana, las noches de sábado y domingo. Conscientes del riesgo de quedarse en el hogar esos días, muchos huyen el viernes para volver el lunes. Un amigo rumano refugia a los Antschel en su fábrica de detergentes y cosméticos. Pero la madre se resiste: ?No podemos escapar de nuestro destino?, se queja. Un sábado, cuando Paul va a la fábrica, sus padres no acuden. El lunes comprueba que ellos fueron despachados a un campo, donde cumplirán trabajos forzados picando canteras en la construcción de un camino. El padre muere de tifus. Su madre, consumida, es rematada de un tiro en la nuca.
Mientras los rumanos, bajo el mando alemán, saquean, violan, torturan y trasladan prisioneros, Paul sobrevive en el barro del gueto. Se consuela traduciendo sonetos de Shakespeare. De esta época data su primer libro de poesía, Amapola y memoria. A pesar de extraviar el original en su tránsito de fugitivo, lo reconstruirá años más tarde, pasada la guerra, ya a salvo en París. La amapola, además de la belleza, representa un opiáceo incapaz de anestesiar lo vivido (Paul armará de memoria su libro. Pero todavía falta para esto. No nos adelantemos). Anclado en Czernowicz, Paul hace un trabajo para sobrevivir: busca libros rusos para quemarlos. ?Esta era una tierra en la que vivían hombres y libros?, recordará. Podemos imaginar el fuego que consume un libro de Dostoievski iluminando la cara del muchacho de veintidós años. Podemos imaginar lo que siente. Pero nunca por completo. A menos que se haya estado allí, imposible saber qué significa esa experiencia en la que las cenizas humanas y las de los libros se confunden tal vez porque los hombres, como los libros, si una misión tienen, es vivir para contar. Y el nazismo niega a unos y a otros.

Celan, y sus precursores
?La filosofía de Hitler es primaria?, ha escrito Emmanuel Levinas. ?Con una fraseología miserable, el hitlerismo apela a sentimientos elementales.? La escritura de Celan pone en duda no sólo los sentimientos sino también el lenguaje que los transmite. Hay que convenir con George Steiner que la escritura de Celan es a la literatura lo que el Guernica de Picasso a la plástica. Es que resulta hipócrita aislar un lenguaje de la experiencia que lo genera. Si nos hemos detenido en la narración de una historia familiar y en su destino trágico es porque ambas afectarán al joven Paul y su poética.
El acercamiento a la lectura de Celan en español, y no sólo en español sino también en su lengua original, presenta dificultades. Debe tenerse en cuenta cómo la búsqueda celaniana fue evolucionando hacia una pureza que alcanzaría la abstracción. Cuando leemos traducido partimos de una confianza semántica. Pero, ¿qué ocurre con la significación cuando un verso es oscuro en su propia lengua? ¿Qué leemos en aquello que leemos traducido? La biografía de un acosado, paradigma de la víctima, condiciona su lectura inclinando al lector hacia una mirada pietista. Celan, que dominaba ocho idiomas, impugnaría esta clase de lectura benéfica: nada le importaba más que quebrar esa confianza en las palabras, una confianza que socava en su lengua original, el alemán, y está lógicamente vulnerada, por carácter transitivo, en toda traducción a otras lenguas.
Treinta años después del calvario, cuando adopte como apellido el anagrama de Antschel, el ahora Paul Celan, ya residente en París, en la École Normal Supériéure, será profesor de alemán y dictará un curso sobre ?Un médico rural?, ese cuento de Kafka que se refiere inequívocamente al destino equivocado. ¿Acaso la madre del poeta no sostenía: ?No podemos escapar de nuestro destino?? La culpa, una cuestión central en la literatura de Kafka, marca también la escritura de Celan.
La prosa de Kafka es fría, neutra y está sostenida por un tono burocrático que puede a veces exasperar por su impasibilidad. Arriesguemos: la prosa de un entomólogo dispuesto a describirlo todo. Rasgos, gestos, detalles imperceptibles. Tanta es su obsesión en lo mínimo y absurdo que se tiene la impresión de estar observando lo más insignificante con un gran angular. Neutralidad, se ha dicho. Y es justamente esta neutralidad la que nos obliga a volver atrás, a certificar si hemos leído tal o cual detalle o se nos ha pasado por alto. ¿Hemos leído bien? ¿Es eso lo que estaba escrito? Por ejemplo, en ?Un médico rural?, los dientes del caballerizo marcados en la mejilla de la joven criada. Por un instante dudamos si no se nos extravió algo en la lectura, algo callado, que pasamos por alto.
Esta situación de incomodidad y perturbación se repite con la poesía de Celan. Aun sus poemas más figurativos nos dejan la sensación de que hay algo que nos hemos perdido en la lectura. El lector ajeno al alemán puede sospechar de la traducción, si ésta funciona o no como ?arte exacto? en la forma de transmitir una intención y una sonoridad. Pero no se trata de la traducción más o menos eficaz, de la riqueza de tal o cual polivalencia significante. Paul Auster afirma en ?El arte del hambre?: ?Celan exige al lector y resulta casi imposible comprenderlo por completo?. Acordemos con Auster que leer a Celan por primera vez se convierte en un acontecimiento memorable, que quizá sólo puede compararse con el grado de unción reveladora que inspira Kafka. Se siente extrañeza y al mismo tiempo abismo. Como Kafka, Celan busca palabras que lastimen. Celan se afana en la precisión: ?Lo importante en el lenguaje es la precisión?, anota.
Como el checo Kafka, al pertenecer a un país periférico, a una lengua casi invisible, y estar ligado al idish, su elección es una lengua hegemónica: el alemán. No es una elección gratuita. ?Todos los poetas son judíos?, había declarado la suicida poeta rusa Marina Tsvietáieva. Celan adoptará esta premisa. Lo que quizás explique por qué estuvo por traducir al poeta egipcio Edmond Jabés, otro extranjero a perpetuidad. ?Todo escritor es unjudío?, asevera Jabés en El libro de las preguntas. ¿Qué territorialidad está en juego aquí?, cabe preguntarse. Sin tierra, el judío encontrará la suya en el libro. Steiner intenta explicarlo: ?El hombre o la mujer que encuentra su hogar en el texto es, por definición, un objetor de conciencia de la mística vulgar del himno y la bandera, del sueño de la razón que proclama ?mi país, esté o no en lo cierto?, se trate de una tecnocracia mercantil de consumo de masas o de una oligarquía totalitaria. El lugar de la verdad es siempre extraterritorial; su difusión pasa a ser clandestina por las alambradas y vigías del dogma nacional?.
Un dato puede ayudar a comprender la operación que Celan hace al emplear como materia expresiva la lengua materna, pero también la de sus verdugos. A Celan lo espanta que los criminales nazis, mientras transcurren sus juicios, escriban poesías. Corresponde preguntarse entonces si la búsqueda de precisión que se propone con empecinamiento, búsqueda que culmina prácticamente en la ilegilibidad, no es una suerte de justicia reparadora. Es decir, al indagar esa lengua, los límites de su comunicación, Celan condena: al subvertir la lengua madre, invierte la relación determinada en otro clásico de Kafka: ?En la colonia penitenciaria?. Ahí donde Kafka dispone que el verdugo escriba la falta en el cuerpo del prisionero, Celan la resignifica en la lengua.

Lenguaje y memoria
Estas consideraciones sobre la lengua celaniana no son menores, entre otras razones, porque responden al desafío planteado por Adorno: la dificultad de escribir después de Auschwitz. Es sabido que Celan (como Nelly Sachs, Ingeborg Bachman y Günter Grass) corresponde a la generación que acepta el desafío adorniano y decide contestar a través de la escritura. ?Auschwitz no tiene fin?, dirá Grass. El lenguaje para reflejar el exterminio es un lenguaje dañado. Tal como lo propone Grass, es la herramienta para registrar los grises en todas sus gamas. Y es, por lógica, el gris de las cenizas que irrumpen una y otra vez en la poesía de Celan.
En sus artículos sobre Celan, Margo Glanz retoma una idea de Jacques Derrida: ?Celan reduce el poema a cenizas?. Porque las cenizas son Auschwitz y sus hornos. Las cenizas hablan de la incineración del nombre y la memoria y borran la noción de testimonio. Subrayemos: la poesía de Celan es alusiva y elusiva, lo uno por lo otro. No hay referencias directas a la experiencia concentracionaria sino, más bien, una metafísica de lo que no se entiende. Es esta ?incomprensibilidad? justamente la que produce quizás un efecto más sobrecogedor que una foto, un documental. En un procedimiento similar a la incineración, Celan funde la tradición y los lenguajes. En consecuencia, en sus últimos poemas el lenguaje se esquirla en fragmentos jadeantes y agónicos. Los poemas se ciñen a una brevísima señal que oscila entre el aforismo y el calembour. Celan escribe ojos, semen, orina, lengua, dientes. En su síntesis, casi un grafismo, el poema se reduce a unos pocos versos cada vez más cortos y el blanco de la página, el vacío, devora las palabras escasas. Así el poema, en su imposibilidad de obtener el encuentro entre el ?tú? y el ?yo? (estos dos pronombres son de un uso constante en Celan), lo que afirma con terquedad es ese vacío que es el blanco pero también otra cosa, eso que ?no tiene fin?, eso que es Auschwitz. Al respecto de la disminución de textualidad y el avance del blanco en la puesta en página, Maurice Blanchot supo indicar que este silencio del blanco no es una pausa o un intervalo en la lectura sino que pertenece al rigor mismo, aquel que no autoriza más que un ápice de relajamiento, ?un rigor no verbal que no estaría destinado a portar sentido, como si el vacío fuese menos una falta que una saturación, un vacío saturado de vacío?.
?El hombre está permanentemente frente a la muerte?, dice Jabés. Es en relación con la muerte cómo se expresa. Incluso añadiría que no es posibleexpresarse sino a través de ella. La muerte es el espacio blanco que separa los vocablos y los hace inteligibles, es el silencio que hace audible la palabra oral. Por eso el blanco es tan temible en una página. Jabés, terminante, sentencia: ?Nuestra mejor arma política siempre es y seguirá siendo la pregunta?.
Celan vive en conflicto tanto la vida como la literatura. Pueden atribuirse a su fragilidad y su neurosis el desprecio hacia la verborrea literaria y académica. Menosprecia al ?litterateur? y la moda. ?¿Por qué escribir poesía y, si se escribe, por qué publicarla??, se pregunta. Quizá convenga acotar que estos recelos y aversiones no son distintos a los de su amante Bachman: la poesía póstuma de ambos parece contagiada por un mismo escepticismo hacia la palabra. La palabra que más repite Celan en treinta años de escritura (casi mil cuatrocientas veces en ochocientos poemas publicados y más de cuatrocientos inéditos) es ?tú?. Y este ?tú? puede sugerir no tanto un vocativo que compromete a los seres perdidos, como a un ?yo? dividido por la culpa. Es un ?tú? más próximo a la referencia del doble que a una relación con otro. En todo caso, esa relación es siempre con ?el otro?: un ?otro? que arrastra la culpa del sobreviviente y que pudo ser cenizas en el viento.
A pesar de sus problemas de salud, en 1967 Celan, invitado a una lectura de sus poemas en Friburgo, aprovecha el viaje para entrevistar a Martin Heidegger, de quien fuera lector. Heidegger asistió a la lectura de Celan y se sentó en primera fila. Heidegger le regala ¿Qué significa pensar? Lo invita a una excursión a la Selva Negra. Celan espera la oportunidad de reprocharle al filósofo su adhesión al nazismo. Durante ese encuentro, Heidegger se explaya sobre la flora y la fauna regional. Fin del paseo. Poco después Celan le envía a Heidegger un poema en el que refiere con sutileza su recriminación. Heidegger tarda en responderle una esquela diplomática en la que insinúa tácitamente su culpa.
La biografía de Celan incluye, además de la sombra del nazismo, la pérdida de un primer hijo a poco de su nacimiento. Abarca depresiones, rupturas, internaciones, mutismo y alcohol. También pasiones arrasadoras, como la que mantuvo con la Bachmann. No obstante, Celan no especula con su dolor. ?Hacíamos como que nuestros problemas tenían que ver sobre todo con el verbo?, contaría Henri Michaux. Una vez, cuando Celan promedia los cuarenta, Petre Salomon, un amigo rumano, lo visita en su domicilio de París y lo encuentra taciturno, hostil, envejecido. No es la primera vez que el amigo lo ve en semejante crack-up. Celan puede pasar de este hundimiento al estallido de una risa compulsiva. No hace falta ahora que el amigo le pregunte qué le pasa. Celan se adelanta a contestarle con voz entrecortada: ?Han hecho experimentos conmigo?.
Si se contempla una de sus fotos más difundidas, esa que acompaña sus ediciones recientes en español, Celan llamará la atención por cierto aire porteño. Es una foto blanco y negro. En primer plano el rostro amable tiene una mirada aguda, de un humorismo penetrante. Sin embargo, apenas sonríe. Según Michaux esa sonrisa es la de ?alguien que atravesó mil naufragios?. Al estar peinado hacia atrás, su frente se agranda y se le notan bastante las entradas. Viste un saco oscuro y una corbata al tono sobre la camisa blanca. En esta foto, Celan tiene un aspecto de cantante de orquesta típica de los cincuenta. Entonces uno no puede dejar de pensar que en los campos de concentración los nazis obligaban a los prisioneros a cantar canciones nostálgicas mientras otros cavaban sus tumbas. Algunos tocaban música mientras las prisioneras judías eran usadas por los oficiales y la soldadesca. ?Fuga de muerte?, el poema de Celan que metaforiza estos rituales, el poema alemán más importante de la posguerra, fue traducido al rumano como ?Tangouli morti?. Es decir, ?Tango de muerte?.Después de recibir numerosas distinciones entre las que se destaca el prestigioso premio George Büchner, Paul Celan, en abril de 1970, se arroja al Sena desde el puente Mirabeau, allí donde el río es ancho y la corriente más fuerte suele arrastrar todavía restos de deshielo. El primero de mayo, diez kilómetros río abajo, un pescador descubrió su cadáver.

Etiquetas: , , , ,

sábado, marzo 01, 2008

El arte ¿es inútil?

NATALIA MENÉNDEZ El arte es inútil. Así lo dijo Oscar Wilde en una carta que envió A. R. Clegg en 1891 afirmando y defendiendo la esterilidad de la creatividad artística como clave del placer que produce contemplarlo. Pues puede que el arte sea inútil, otra cosa es que sea rentable. Hace poco leí que el cuadro más caro adquirido en subasta durante 2007, White Cente de Mark Rothko, fue vendido por casi 73 millones de dólares.

Oscar Wilde

Y es que los cuadros más caros de la historia de las subastas presentan cifras astronómicas. El más caro de todos, el cuadro «Número 5» del artista americano Jackson Pollock, fue adquirido hace algo más de un año en la célebre casa de subastas neoyorquina Sotheby's por un magnate mexicano, David Martínez. Su precio ascendió a 140 millones de dólares, es decir, unos 95 millones de euros. Pablo Picasso es probablemente el artista que cuenta con más piezas pictóricas engrosando las listas de transacciones millonarias: su obra «Garçon à la Pipe» fue adquirida también en Sotheby's en 2004 por 104 millones de dólares, y otras de sus obras, como «Femme aux bras croisés» o «Les noces de Pierrette», fueron adjudicadas a pujas cercanas a los 55 y 48 millones de dólares, respectivamente. Otros nombres cuyos cuadros han sido adquiridos con pujas millonarias son Van Gogh, Renoir, Gauguin, Cézanne, Monet o Gustav Klimt. Sería difícil defender la utilidad de colgar un cuadro de 100 millones de euros sobre el sofá de nuestro salón, si no es, simplemente, por el placer de poseer algo realmente codiciado.
El escritor americano Paul Auster también está convencido de la inutilidad de arte. Hace algo más de un año, en el discurso que pronunció en Oviedo con motivo de la concesión del premio «Príncipe de Asturias» de las Letras, escuchamos cómo éste compartía la opinión de Wilde de que el arte es inútil y de que además es, en realidad, lo que define a nuestra especie frente a otras criaturas. Lo que afirma Auster no es en absoluto descabellado. De hecho, cualquier libro de historia que se precie estaría de acuerdo en afirmar que en la Prehistoria uno de los momentos clave en el proceso evolutivo de nuestra especie tiene lugar en el instante en el que el ser humano se convierte en artista, en el momento en el que comienza a desarrollar una actividad que, en esencia, no tiene ninguna utilidad. Las pinturas rupestres, en definitiva, son lo que nos distingue de estadios evolutivos previos, el arte es, tal y como dice Auster, lo que nos hace más humanos.
Sin embargo, debido a la existencia de tanto cuadro millonario, resulta complicado que en ocasiones nos sintamos timados, ya que el arte moderno todavía resulta difícil de asimilar y clasificar dentro de los criterios de calidad de nuestra sociedad. Todo este debate me recuerda a la «Merde d'artiste» de Piero Manzoni, el joven artista italiano que en 1961 enlató y etiquetó sus propios excrementos y los vendió a precio de oro. Con esta provocación Manzoni trató de criticar el mercado artístico del momento, que se empeñaba en comercializar como arte todo aquello que podía. Así fue, Manzoni creó 90 latas, algunas de las cuales han alcanzado precios en subasta de alrededor de 100.000 euros. Hace poco que otro artista, Agostino Bonalumi, ha desatado la polémica en torno a las latas de Manzoni. Según él estas latas no contienen heces, sino yeso. Si éste fuera el caso, esto no haría más que completar la obra de Manzoni, quien ha logrado vender mierda como arte y, por si fuera poco, ha conseguido engañar a sus compradores dándoles gato por liebre.

Etiquetas: , , , ,

domingo, febrero 10, 2008

La hija del escritor Paul Auster hace sus pinitos como modelo

C. MERINO / El Periódico

Apenas tiene 20 años y ya puede considerarse actriz, cantante, compositora y, a partir de ahora, también modelo. La joven no debe de encontrar muchos huecos en su agenda desde que la firma española Hoss Intropia, especializada en ropa urbana, eligió a Sophie Auster como imagen para el catálogo de su colección primavera-verano 2008, donde luce elegantes vestidos con motivos florales y dibujos geométricos. Y, sin ser una profesional, lo hace con solvencia, como una modelo más.
Hija del novelista del azar Paul Auster (autor de, entre otras, La trilogía de Nueva York y premio Príncipe de Asturias 2007) y de la novelista de origen noruego Siri Hustvedt, esta joven neoyorquina que lleva el glamur incorporado en el nombre agradece a su apellido las numerosas y muy diferentes oportunidades profesionales que le ofrece. Y no las desaprovecha.

Sophie Auster
Debutó en el cine de la mano de su padre, que probó fortuna en la dirección cinematográfica con Lulu on the bridge, y la última y menos exitosa, La vida interior de Martin Frost. También fue su padre quien le ayudó en la escritura y la selección de los textos para las canciones afrancesadas de su disco homónimo, editado hace dos años, cuando tenía 18, en colaboración con el grupo One Ring Zero. Auster es una joven con un talento precoz, estudiante de poesía y literatura inglesa y francesa de aspecto bohemio y cosmopolita. Ese es el look y la personalidad que la firma española ha potenciado en la hija del escritor, que sucede a la bailarina Tamara Rojo en la campaña publicitaria de la colección.

HEREDEROS DE MODA
Auster forma parte de una generación de hijos de que aprovechan con éxito la popularidad de sus progenitores. Como Liv Tyler, la hija del cantante del grupo Aerosmith, actriz e imagen de la firma Givenchy; Jade Jagger, hija del líder de los Rolling Stones, quien con el apoyo de su madre Bianca se está forjando una carrera como modelo y diseñadora de joyas; Elettra Rossellini, hija de Isabella Rossellini y nieta de Ingrid Bergman, que ha probado suerte en el mundo de las pasarelas y se resiste a ser actriz; y Charlotte Gainsbourg, actriz, cantante e icono de lo cool como lo fueron sus padres, Serge Gainsbourg y Jane Birkin.

Etiquetas: , , ,

domingo, febrero 03, 2008

Peripecias en una megaurbe: Auster

Jorge Meléndez Preciado / El Universal / 23/01/2008

El libro más vendido y emblemático de Paul Auster es, sin duda, La trilogía de Nueva York. Va en su nueva reimpresión, al parecer son casi 20. Y es que el estilo del autor, la manera en que nos va relatando las historias, las referencias que hace a otros escritores y las citas de obras maestras; su relación con la música y, sobre todo, el que casi siempre ocurra lo inesperado, es lo que sitúa en un primer plano al elaborador de ficciones.

Trilogía de Nueva York, Paul Auster

Cinematográficamente Nueva York ha estado presente siempre. Baste recordar Manhattan de Woody Allen (el amor y la perdición) o la escalofriante El día después de mañana (el cambio climático) de Roland Emmerich y la reciente Soy leyenda (un bodrio entre vital y místico) de Francis Lawrence. Nadie ha intentado llevar a la pantalla grande la citada obra de Paul, que dividida en tres episodios concluye en el suspenso, algo que admirarían Dashiell Hammett y Raymond Chandler, maestros de la novela policiaca estadounidense.

En el primer episodio, La ciudad de cristal, una llamada equivocada lleva a un literato a convertirse en detective. Lo que descubrirá acerca de una pareja será más interesante que sumergirse en sus tareas. Resulta un homenaje a Dostoievski que planteaba algo maravilloso y terrible: la realidad supera a la ficción, como vemos a diario en esta hora crítica

Auster hace un relato medido, donde las sorpresa van apareciendo constantemente, las cuales se conjugan con erudiciones nada petulantes sino que brotan para que el lector recoja joyas que han estado presentes siempre y no había descubierto.

No tendremos que encontrar El Dorado o el tesoro de Moctezuma. Más bien abrir los ojos para entender que hay un mundo fascinante. Claro, al lado, las situaciones más aberrantes se producen. Eros y tanatos en conjunción.

En la página 94: ??calle Ochenta y cuatro conocida como Mount Tom. En ese mismo lugar, en los veranos de 1843 y 1844, Edgar Allan Poe había pasado muchas y largas horas mirando al Hudson?. Apunte interesante, como en Brooklyn Follies, cuando Auster reveló que Kafka escribía cartas para una niña que perdió su muñeca.

Fantasmas es el más denso, en el cual hay poca acción, aunque muchas referencias a librerías, museos, sitios donde la vida bulle. Aunque los protagonistas, generalmente, se encuentran metidos en sus ?cuevas? y están observándose uno al otro. Aquí los colores (azul, negro, etc.) le dan significado a los hombres. Jackie Robinson, Robert Mitchutm y otros aparecen, amén de varios filmes que marcaron a Paul. Y en un momento dice: ?Los libros hay que leerlos tan pausada y cautelosamente como fueron escritos?.

El capítulo ?La habitación cerrada? describe cómo no se puede existir mientras un individuo le ha dejado a uno todo resuelto, incluido el amor de una bella mujer. ¿Quien llega a dicha perversión? Un escritor notable que desea ser ignorado. El juego entre éste y su amigo de la secundaria resulta un acertijo que cuando está por resolverse llega una vuelta de tuerca: ?No tenía sentido, y, por eso, tenía todo el sentido del mundo?.

Realmente es una delicia leer una y otra vez a este creador que se apropia de todo lo que encuentra en sus manos para descubrirnos que hay esperanza.

PD. El pasado texto hizo que escribieran varias lectoras, a todos les agradezco. Hubo pitos (Patricia M. Ruiz) y flautas (María Teresa Alcalde y Carolia Paniagua), entre otras.

Etiquetas: , ,

jueves, enero 24, 2008

Relatos e historias de casualidades

La Jornada, Domingo 20 de enero de 2008

La disculpa del libro de Márai vale también para éste de prosa reunida de Paul Auster, aunque a decir verdad buena parte de los textos que aparecen en Collected prose sí se encuentran en castellano y publicados por la editorial Anagrama.

Paul Auster, Collected prose

Lo mejor de todo, en este caso, es que basta comprar un solo libro para tener The invention of solitude (La invención de la soledad), The art of hunger (El arte del hambre) o Hand to mouth (A salto de mata: crónica de un fracaso precoz), además de otros 37 textos entre los que figuran escritos autobiográficos, prefacios, ensayos, colaboraciones con otros artistas e historias verdaderas.

Esta parte de las historias verdaderas es quizá la más deliciosa del libro, con anécdotas que parecieran inverosímiles como aquella del amigo que llegaba en el momento justo para impedir que él y su pareja de entonces murieran de hambre en una granja francesa o la de la moneda que perdió por la mañana afuera de la casa de su ex esposa y encontró horas después en el Shea Stadium, minutos antes de entrar a ver un partido de beisbol. Digamos que más que historias reales son historias de casualidades.

Además, este título sí conforma un todo para conocer al autor de El cuaderno rojo (también incluido aquí), su conversión en escritor, su vida familiar, la necesidad de contar la historia de su padre para que éste, ya muerto, no desapareciera; sus autores o lo que significa para él la amistad.

Relatos íntimos, a veces densos otras amenos, que sirven entre otras cosas para terminar de odiarlo o amarlo, que para ser honestos a Paul Auster se le ama o se le odia, sin puntos medios; y en esto no ayudan para nada las fotografías que se publican en las portadas o solapas de los libros: el hombre sale con una cara de pocas pulgas!?

Título: Collected prose

Autor: Paul Auster

Editorial: Picador

Número de páginas: 512

Precio de lista: consultar en librerías on line

Etiquetas: , , ,

martes, enero 15, 2008

Una exposición repasa la historia de la Editorial Anagrama con documentos de Paul Auster

BARCELONA, 14 (EUROPA PRESS)

La Editorial Anagrama repasa los 39 años de su historia en una exposición en la biblioteca barcelonesa Jaume Fuster, que desde hoy y hasta el 18 de marzo, mostrará un compendio de materiales curiosos, como faxes del escritor Paul Auster, documentos sobre la censura y el registro del nombre de la editorial, según informó hoy dicha biblioteca.

El recorrido que se refleja en la muestra, titulada 'Anagrama. 1969-2008', incluye capítulos polémicos, como el secuestro del libro 'Sobre política lingüística', de Noam Chomsky y una carta donde se recomienda no publicar algunos libros.

En la exposición, también se podrán ver manuscritos de Lévi-Strauss y Patricia Highsmith y uno, firmado por Gregorio Peces-Barba, donde pedía 10.000 pesetas para afrontar los gastos del Tribunal de Orden Público (TOP) en el proceso contra Herralde por publicar 'Los tupamaros', según explicó una portavoz de Biblioteques de Barcelona.

El horario de apertura de la muestra es de 10 a 14 y de 16 a 21 de lunes a sábado y de 11 a 14 los domingos.

Etiquetas: , , ,

jueves, enero 03, 2008

Kakfa y la niña

Por Diego Araujo Sánchez (Hoy online)

Un curioso y casi desconocido episodio en la vida de Franz Kafka narra el novelista estadounidense Paul Auster en su Brooklyn Follies: el autor de la Metamorfosis vive su último año de vida en Berlín junto a Dora Diamant, una joven polaca a la que dobla en edad y de quien se ha enamorado de verdad, a pesar de las reticencias del escritor a compromisos sentimentales perdurables.

infantka, Bruno Schultz

Al pasar por un parque cercano al departamento en donde los dos residen se detiene al escuchar el llanto de un niña, a la que pregunta la razón de las lágrimas. La pequeña le cuenta que ha perdido su muñeca. Kafka imagina, entonces, una historia para consolar a la niña: le dice que la muñeca ha salido de viaje, lo sabe porque se ha comunicado con él por carta y que, aunque ha olvidado la misiva, al día siguiente se la traería. El escritor regresa a su casa y se pone a redactar la primera carta, con el mismo rigor profesional, la misma pasión, la misma precisión y fuerza del lenguaje, con que había escrito las obras maestras que se conocerían después en todo el mundo. La atención del genial escritor con la niña se prolonga por tres semanas. En cada una de las cartas imagina y prolonga la historias hasta completar la fantasía, como es de rigor en el relato maravilloso, con el final matrimonio de la muñeca y, en este caso, con la despedida a su querida amiga, hasta que ella ya no le echa de menos. El autor lee esas cartas a la niña, cuando realiza su habitual paseo vespertino.

?Ahí es cuando la historia empieza a llegarme al alma, dice Tom a su tío Natham, en la novela de Auster: Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a una niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura a la que encuentra casualmente una tarde en el parque... Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando el tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias por una muñeca perdida...?.

Y esto lo hacía, a pesar de su salud deteriorada, las difíciles condiciones del Berlín de 1923, con escasez de alimentos, disturbios políticos, y una de las peores inflaciones de la historia en Alemania; a pesar, sobre todo, de que sabía a ciencia cierta que tiene los días contados. Kafka daba testimonio vital no solo se ser un gran escritor sino un gran ser humano. ¡Qué prueba más emocionante de extrema solidaridad y valor ético procurar el alivio al dolor de otro ser humano, la consolación por el uso libérrimo de las palabras, por la literatura! Las cartas se han perdido. Paul Auster confesó a Tomás Eloy Martínez que la de la muñeca no es una historia inventada, sino que la cuenta en sus memorias una hija de Dora, la muchacha que acompañó a Kafka en la etapa final de su vida y quien le había movido a regresar a Praga.

Es un hermoso cuento de Navidad, con el que la deseo una muy feliz a mis lectores.

Etiquetas: , , , ,

miércoles, diciembre 26, 2007

Las voces del laberinto

Ricard Ruiz Garzón publica un trabajo sobre la esquizofrenia, basado en historias reales


17/12/2007 Juan Bolea El Periódico de Aragón


El primer capítulo de Las voces del laberinto, el libro de Ricard Ruiz Garzón subtitulado Historias reales sobre la esquizofrenia (De Bolsillo), comienza con la crónica de un suicidio. Un joven cae desde las alturas, estrellándose contra el suelo con un libro de Paul Auster en la mano, El palacio de la luna. En ese volumen figura una dedicatoria, y su dueño había subrayado algunos párrafos. Todo el relato (pues también aquí la literatura ha conseguido abrirse camino entre los hechos reales, tiñéndolos con su misterio, de la misma manera que la esquizofrenia tiñe con los suyos el uso de la razón), es vivo, descriptivo, profundo. E invita a seguir leyendo.

Un ensayo, el de Ricard Ruiz, que no lo es, como tampoco un informe ni un tratado psiquiátrico, ni sociología aplicada, ni un manual de autoayuda para afrontar los sinsabores de la enfermedad mental. Es, sin más, un libro de historias testimoniales sobre la esquizofrenia. Un libro, según el propio autor, nacido del dolor de una muerte cercana que inspiró la serie de investigaciones, de entrevistas a enfermos esquizofrénicos. Un libro que se convierte "en la respuesta a otra petición; la de uno de los entrevistados, que fue, en el fondo, quien lo bautizó y le dio un sentido".

La esquizofrenia afecta a más gente de lo que la gente cree. A una de cada cien personas, más o menos, y a un total de cuatrocientas mil, si tomamos como referencia la población española.

El grueso de Las voces del laberinto lo componen los testimonios, brillantes, alucinados, originales, elípticos, fantásticos, de los pacientes con los que Ruiz Garzón ha tenido la oportunidad de conversar.

Uno de ellos, por ejemplo, le detalló de qué manera, un buen día, trabajando en una lavandería de Argüelles, comenzó a oír voces metálicas que no eran humanas, que cambiaban de tono y registros, y que ya no iban a marcharse.

Otra de las pacientes le confió sus cuitas amorosas, el misterio del amante en forma de sombra que la visitaba cada noche, acosándola, enamorándola.

Y así, hasta una docena de exaltadas o sarcásticas declaraciones, transcritas de manera textual, que nos confunden, alteran y, en último término, nos ayudan a comprender en mayor medida qué es y de qué distintos modelos se manifiesta esa enfermedad relativamente desconocida aun hoy en día, llamada esquizofrenia.

La pasión artística del autor, quien, desde hace tiempo, viene ejerciendo, con seriedad y prestigio, la crítica literaria, presta a Las voces del laberinto un lenguaje rico y preciso, con abundancia de referencias y citas de psicológos, psiquiatras, filósofos o escritores. Philip K. Dick, por ejemplo, entre ellos. Del autor de Blade Runner se nos revela uno de sus chistes preferidos, a modo de microrrelato clínico: "Doctor, creo que alguien está mezclando en mi comida algo que me vuelve paranoico". En esa división de referencias ilustres, Zelda Fitzgerald (a su esposo Scott: "En cualquier caso te quiero, aun cuando no queda nada de amor o de mí o de vida") se encuentra a contrapágina con Oliver Sacks ("Para situar de nuevo en el centro al sujeto, al ser humano que lucha y padece, hemos de profundizar en su historial clínico hasta hacerlo narración o cuento").

Fascinante.

Escritor y periodista

Etiquetas: , , ,

miércoles, diciembre 12, 2007

"Mis obras se aman o se odian" - Entrevista a Paul Auster

Borja Hermoso - 09/12/2007 - publicado originalmente en elpais.com

Novelas como La música del azar, Mr. Vértigo o La trilogía de Nueva York lo han consagrado como un gran narrador. Ahora su desafío es el cine, y acaba de estrenar La vida interior de Martin Frost, su segunda película en solitario.



Entre músicas del azar y libros de las ilusiones, la obra literaria de Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947) fue creciendo y creciendo hasta abandonar la piel del escritor solitario para mudarse en estrella del rock, del rock editorial, se entiende. Pero al hombre que lo tenía todo, al ídolo de seguidores borrachos de páginas inquietantes, siempre le picó la urticaria del cine y así, tras codirigir Blue in the face junto a su ex amigo Wayne Wang, se lanzó en solitario a la aventura de Lulu on the Bridge, experiencia que pese a la presencia del gran Harvey Keitel le salió sólo regulín. Ahora vuelve a las pantallas españolas con su segunda autoría absoluta como director: La vida interior de Martin Frost, estrenada en el último Festival de San Sebastián, donde el autor de Mr. Vertigo y La trilogía de Nueva York ejerció, además, de presidente del jurado.

Pregunta. La historia de un hombre que escribe la historia de un hombre que escribe la historia de un hombre: como poco, una trama complicada, ¿no cree?

Respuesta. Pues sí, corrí el riesgo de perderme en la jungla de las complicaciones, pero creo que merecía la pena. Ese riesgo reflejaba mis opiniones personales acerca del proceso creativo, que tiende a querer hacer cosas distintas a las demás. En este caso, quería una película distinta, algo que no se hubiese visto antes, y sabía que eso molestaría mucho a unos y gustaría bastante a otros.

P. Siempre habla usted de su cine como algo que o bien se ama o bien se odia. ¿Por qué hay que ser tan radicales, es que no hay término medio?

R. Bueno, eso es algo que también sucede con mis libros, se aman o se odian... y la verdad es que ya estoy acostumbrado. Es una manera dolorosa de vivir, pero es la historia de mi vida (risas).

P. ¿Hasta qué punto son sus películas una prolongación de sus libros?

R. Bueno, por ahora he hecho sólo dos películas totalmente mías. Y puedo decirle que las dos son una extensión de mi trabajo como escritor, porque ambas nacen de lo más profundo de mi imaginación. Sin embargo, eran dos historias que necesitaban imperativamente ser contadas de manera visual, y no literaria. Y en ambos casos, el enfoque es digamos que mucho más pequeño que en el de mis novelas. Casi podemos hablar de películas que son como dos relatos cortos.

P. El mundo del cine no está siendo demasiado simpático con Paul Auster. Tuvo problemas para estrenar en los circuitos comerciales Lulu on the Bridge, y ahora los ha tenido para financiar La vida interior de Martin Frost...

R. Bueno, fue una compañía inglesa la que financió Lulu on the Bridge. Una compañía liderada por dos mujeres muy entusiastas al principio, pero que no entendieron bien el espíritu de la película. Se creyeron que estaban financiando una película comercial... ¡no sé en qué estaban pensando! Exigieron un montón de dinero increíble a los distribuidores. Y la cosa no funcionó. Nunca llegó a estrenarse en cines en EE UU, sólo en DVD y en televisión.

P. ¿Cómo se recibió en su país La vida interior de Martin Frost?

R. Se estrenó a primeros de septiembre y fue masacrada por los críticos. Me sentí como Jesús en la cruz. O como san Sebastián con las flechas clavadas. Terrible.

P. Después de estas dos películas, ¿de verdad espera usted una carrera como cineasta o son sólo experiencias puntuales?

R. No, no. Es sólo una actividad ocasional. Eso sí, me gustaría hacer otra película algún día.

P. Le masacra la crítica, estrena con dificultad o no estrena... pero quiere hacer más películas: perdone, pero ¿cómo se llama el masoquista que lleva dentro?

R. (Risas) Sí, sí, lo soy un poco, lo reconozco. La verdad es que al hacer películas se experimenta mucho placer. Trabajas con otras personas, y eso para mí ya está bien. Hay que tener en cuenta que paso la mayor parte de mi tiempo encerrado en una habitación, trabajando solo. Ya veremos lo que trae el futuro. Quién sabe, a lo mejor podría morirme esta tarde, no se pueden hacer planes.

P. ¿Es verdad que en el fondo usted siempre quiso ser director de cine pero que por su timidez acabó siendo escritor?

R. Eso es así. Y el cine es un escape que me lo hace pasar bien. Disfruto con la música, disfruto con el decorado, disfruto con la producción, disfruto con la peluquería, pero sobre todo disfruto con el trabajo junto a los actores... porque en el fondo pienso que los actores y los escritores somos muy parecidos. Los dos intentamos que los seres imaginarios se vuelvan reales. Un actor lo hace con su cuerpo y un escritor, con su bolígrafo. ¡Ah!, y luego está la parte del montaje, que es la parte más emocionante de una película, y desde luego la que más se parece al oficio de escribir.

P. ¿Qué diferencias hay entre escribir un guión y una novela?

R. No tiene nada que ver. Si escribo una novela, siento como si estuviera viéndolo todo en tres dimensiones. Pero si escribo un guión, pienso en un rectángulo, y además todo va cortado en trocitos y todo es diálogo. En mis novelas, apenas hay diálogos.

P. Lo mismo esto le parece una barbaridad, pero ¿estaría de acuerdo en que un libro puede equivaler a una esposa y una película a una amante? Una permanece, la otra es fugaz.

R. Claro, claro, a la una puedes volver siempre, y a la otra no. Es una estupenda idea, sí, aunque a mí no se me había ocurrido hasta ahora mismo. ¡Pero el mundo ha cambiado y ahora tenemos DVD! Y a esos sí que los puedes manosear y volver a ellos todo el rato...

P. Viendo La vida interior... uno vuelve a concluir que el humor puede convertirse en el mejor subrayado del patetismo...

R. Estaba esperando que me dijera eso, ha tardado mucho. El humor es algo extraordinario, también terrible. El humor puede retratar la soledad de una forma feroz.

P. ¿Y el azar? Parece ejercer una gran influencia en su obra.

R. La muerte de un amigo mío al que atravesó un rayo cuando tenía sólo 14 años me marcó. Supongo que ésa es la explicación. Todo puede cambiar de golpe.

P. ¿Son sus libros las cosas que le han pasado?

R. No son autobiográficos, pero a veces uso en ellos cosas que me han pasado.

P. Está usted en una edad, digamos, simbólica. Los 60. ¿Está cansado?

R. Me siento como si tuviera 30. Como si acabara de empezar.

P. Lou Reed dejó dicho en My house cuál era la trilogía de su vida: "Mi escritura, mi motocicleta y mi mujer". ¿Y la suya?

R. Quite usted lo de la motocicleta y ahí está la mía. Como dijo Freud, "amor y trabajo". Ahí está lo esencial.

Etiquetas: , , , ,

domingo, diciembre 09, 2007

La vida interior de Martin Frost - A cada cual sus habilidades

Blanca Vázquez - laRepúblicaCultural.es

Habiendo leído un gran número de obras del reconocido escritor norteamericano Paul Auster, sentía mucha curiosidad por acudir al estreno de una de ellas plasmada en celuloide y dirigida por él mismo, La vida interior de Martin Frost (The inner life of Martin Frost). Lo que comenzó como un relato corto, según el autor, acabó transformándose en un largometraje. El cine no es un terreno nuevo para Auster que dejó un decente sabor de boca con ?Lulu on the Bridge? en 1998.

La vida interior de Martin Frost

No obstante su experiencia con guiones de cine, esta última cinta de Auster parece la labor de un primerizo que denota una evidente falta de presupuesto, y una ausencia total de profundidad, necesaria para paliar dicha escasez. Para empezar, el protagonista, Martin Frost , deja al espectador completamente frío. No nos seduce lo más mínimo, ni en su intelectualidad ni en su reacción ante los acontecimientos que le asaltan en su descanso campestre.

Auster es un maestro en historias laberínticas de carácter metaliterario, a caballo entre ese territorio que también sabe trabajar, la realidad y la fantasía dentro de la literatura, ficción dentro de la ficción engarzada en una cadena de historias, con escritores como protagonistas, (en cierto modo alter ego del autor), toda una orgía literaria. Pero ese encantamiento tan especial que nos embelesa en sus libros no aparece por ningún esquinado encuadre en La vida interior de Martin Frost, historia en la que parece haber batido un cóctel novelístico entre ?Travels In the scriptorium?, ?La noche del oráculo?, o ?Trilogía de Nueva York?. Cóctel que ha salido cortado, como una salsa mayonesa mal ligada.

Cuatro son solo los actores de esta cinta de unas musas complacientes y otras apagadas, de escritores buenos y malos. Amigos de Auster como David Thewlis, buen secundario en famosas sagas y producciones comerciales, pero con una evidente falta de carisma para el papel; Irene Jacob, mejor anoto un "sin comentarios"; el simpático miembro de ?Los Soprano?, Michael Imperioli, y la hija de Auster, Sophie, a la que el escritor intenta meternos con calzador, incluido sus pinitos de cantante. Un desastre, vamos.

El lenguaje cinematográfico tiene otras reglas bien distintas de la lectura pausada, imaginativa e independiente de nuestra conciencia sobre un libro. Eso no quiere decir que cualquiera de las obras de Paul Auster no pinten bien en cine. Hace falta proveer de ese misterio laberíntico y fantástico a la historia con buenos recursos audiovisuales, y para ello probablemente sea necesario algo más que un narrador, tres actores y un aprendiz y dos carteles en la pantalla guiando el desarrollo. El problema no es esa falta de concreción en la realidad: lugar, época, mundo, etc, sino la expresión visual de esos laberintos mentales que tan bien expresa Auster con la pluma. No ha sido capaz, esta vez, de comunicar al espectador, (muchos de ellos lectores de sus obras, dispuestos a recibir desde otra vertiente) la historia que el autor y director tenía en mente. Sea quizás esta la causa de que el espectador, una vez apagadas las luces de la sala, permanezca un buen lapso de tiempo con la mirada perdida.

Se entiende, por una vez, que la crítica haya sido brutal con esta historia de un escritor que cansado después de su última obra, decide trasladarse una temporada al campo, a casa de unos amigos, el matrimonio Auster (uno de los puntos referentes del director-escritor es introducir ese tipo de detalles en sus libros), de viaje por tierras lejanas. Solo en tal paraje, Martin comienza a urdir una nueva obra, momento en el que se le aparece, (machismo de las artes) una musa, Irene Jacob, cuya misión es hacer que el escritor complete su obra con buena nota. Después desaparecerá de su vida, pero?

La historia podía haber materializado una película interesante, como ya he dicho antes, al igual que cualquiera de los libros de Auster. No es el caso. No han ayudado ni la existencia de un narrador omnisciente, ni las supuestas escenas de humor (que no han hecho ninguna gracia), ni el minimalismo con que se impregna el metraje, ni el enchufismo familiar, ni la fláccida arquitectura verbal de los personajes, (imagino la destreza de Woody Allen en este caso).

Una pena, pues la cartelera no abunda de historias originales, y esta podía haber sido una de ellas.

Etiquetas: , , ,

viernes, noviembre 30, 2007

La colección de «Cuadernos del Norte» tendrá una edición digitalizada

La editorial valenciana Faximil confía en poner a la venta en marzo la revista asturiana que dirigió Juan Cueto a lo largo de los años ochenta
LA NUEVA ESPAÑA, 28 Nov 2007
Oviedo, Javier CUERVO

Juan Cueto

«Desde Paul Auster a Martin Amis y todos los novelistas ingleses actuales estaban en "Cuadernos del Norte" por primera vez, veinte años antes de ser conocidos por los lectores generales. Aunque pesa mucho la semiótica -Umberto Eco todavía no se había hecho novelista-, a la que le ha pasado un poco el tiempo, la revista no se cae de las manos, sigue vigente. Esa sorprendente mezcla de filosofía, literatura y bibliografía asturiana -que cuando la leímos desde fuera no reparábamos en cuánto ocupaba- es una buena fórmula, y su mezcla de la cultura elitista y otra más popular anticipa una línea de trabajo que se ha ido concretando y ahora es muy normal». Es la valoración que hace Alfonso Moreira, director de la empresa valenciana Faximil, que realiza ediciones digitales desde el año 2000.
Moreira, de 44 años, era en los años ochenta un joven lector sorprendido que se hizo con varios números de la revista y los conservó. Documentalista informático, reparó con otros bibliotecarios en que había un hueco en las bibliotecas «porque nadie atiende a las revistas, y las hemerotecas no son lo mejor organizado».
Moreira pidió la conformidad a Juan Cueto, que se la dio, y está pendiente de una respuesta por escrito de Cajastur -que en las conversaciones ha sido favorable a esta edición digital, dice- y espera poner en el mercado esta edición digital facsímil de «Los Cuadernos del Norte» en marzo de 2008.

«La calidad de la revista habría sorprendido en Madrid, pero hoy parece casi un milagro que se haya podido hacer desde Asturias con esos contenidos, con esa estupenda maqueta, con ese formato estable durante sus algo más de 50 números. En lo demás, su vida se parece a la de otras revistas: dura en torno a los diez años, hasta que los responsables se van cansando. En sus últimos números flaqueaban las fuerzas, se alejaba la periodicidad y se nota que pensaban en cerrarla».
Son más de 5.000 páginas y más de mil colaboradores en una publicación a la que el propio Juan Cueto declaró en su momento como una sucesora de la «Revista de Asturias» de Genaro Alas, el hermano de Clarín.
Para Moreira, son míticos los números dedicados a Nueva York, la novela negra, la literatura inglesa y la teoría de las catástrofes. «Se ve detrás la figura de Juan Cueto. Detrás de cada gran revista siempre hay alguien que tira del carro».
Faximil se plantea como clientes las bibliotecas españolas y extranjeras, pero el mercado le sorprende: el 80 por ciento de sus compradores son particulares. Su «pequeño gran éxito» han sido los «Cuadernos de Ruedo Ibérico», que ha vendido 2.000 copias. Empezaron dedicándose a los libros raros y luego saltaron a las revistas. Una parte de su catálogo es «alimenticia, los que nos piden que digitalicemos sus ediciones. Pero cada año buscamos dos o tres piezas que nos gusten. Es el caso de los "Cuadernos del Norte", que nos ha planteado problemas especiales porque su papel era tostado y se imprimía en bitono. A los escáneres les gustan el blanco y el negro bien contrastados. Por método informático hemos logrado reproducir esas tonalidades».
La suma de tres hemerotecas particulares les permitió hacerse con el 90 por ciento de la colección: «El resto de los números sueltos lo compramos en librerías de viejo, donde se aprecia que la revista sigue siendo valorada».

En su catálogo hay revistas como la anarquista «Estudios Revista Ecléctica» (Valencia, 1928-1937), «Hora de España» (Valencia-Barcelona, 1937-1938) y la opositoria al franquismo «Cuadernos de Ruedo Ibérico» (París-Barcelona, 1965-1979), que venden a cincuenta euros por colección.

«Cuadernos del Norte» fue definida por Juan Cueto como una revista «plural y abierta, ni literaria ni de vanguardia, porque la cultura no tiene fronteras y queremos que sea un espacio donde se mezcle todo: arquitectura, ciencia, técnica, diseño, filosofía literaria, porque así es este fin de siglo y de milenio cuando salimos», declaró a «El País» en 1988, «la cultura española estaba, y así sigue, muy compartimentada, con muchas aduanas interiores, muy ensimismada y sin cosmopolitismo. Quisimos hacer una obra sin fronteras y sin géneros, donde cabe todo».

Etiquetas: , , ,

domingo, noviembre 25, 2007

Octavio Salazar presenta su libro ´De vértigos y azares´

Recoge todos sus artículos publicados en Diario CORDOBA a partir del año 1993.

23/11/2007 MARIBEL RUIZ RODRIGUEZ

(Diario de Córdoba)

El director general de Cultura de la Universidad de Córdoba, Octavio Salazar, presentó ayer su último libro, De vértigos y azares , en el que recopila todos los artículos de opinión que ha publicado Diario CORDOBA desde el 1993 hasta junio del 2005.

El acto de presentación tuvo lugar en el Salón Mudéjar del Rectorado de la Universidad, e intervinieron el delegado de Cultura de la Diputación, José Mariscal, el vicerrector de Estudiantes y Cultura, Manuel Torres, y la periodista Marta Jiménez.

Así, Salazar realizó una presentación muy peculiar de su libro, a través de una entrevista en público que le fue haciendo Marta Jiménez. Y después, "lo que hemos querido hacer, incluso más allá de mis artículos, es una reflexión sobre el papel de los columnistas en los periódicos, la importancia que tiene la opinión en los medios de comunicación y que los asistentes participen y se genere un debate".

El libro De vértigos y azares , editado por la delegación de Cultura de la Diputación Provincial, debe su título a la afición de Salazar "por las novelas de Paul Auster", autor del que incluye una cita "que encabeza la obra". El recopilatorio de los artículos de Octavio Salazar se llama así "porque la vida está compuesta en gran medida por el azar --que determina a los personajes de Auster--; y por el vértigo que nos produce decidir, organizar nuestra vida y enderezar lo que el azar ha ido produciendo", sensación que le inspira Míster Vértigo , de su admirado escritor.


ESTRUCTURA En De vértigos y azares , Octavio Salazar organiza todos los artículos publicados en este periódico desde el 1993 hasta el 2005, "por bloques temáticos". El libro se divide en 5 secciones, tituladas con nombres de películas, y que abarcan los artículos más personales de Salazar, sus opiniones acerca de la mujer, de la educación, de la ciudad y de la política en general.

El profesor Salazar explicó además que el prólogo de su libro ha sido elaborado por el escritor cordobés Joaquín Pérez Azaústre, y que la imagen de la portada es del fotógrafo Manuel Muñoz, también de Córdoba.

Etiquetas: , , , ,

sábado, noviembre 17, 2007

El combate de Mailer

JOSEP MARIA Fonalleras
ESCRITOR
Miro una de las últimas entrevistas que concedió Norman Mailer en la televisión. Habla de su última novela, El castillo en el bosque, un relato en boca de un demonio sobre la infancia de Hitler, algo que va a escandalizar a propios y extraños: "Se van a quedar lívidos". Lo dice con mirada altiva y con esas enormes orejas que en su vejez destacan más. Con aire provocador, como lo fue toda su vida, llena de trifulcas con escritores (como la famosa pelea con Gore Vidal) y de navajazos. La imagen de Mailer es, para unos, irritante; para otros, tierna. Paul Auster está entre los segundos. Woody Allen, entre los primeros. En El Dormilón, el protagonista dice a un científico: "Este es un retrato de Norman Mailer. Legó su ego a la Facultad de Medicina de Harvard". El gran y sarcástico David Foster Wallace le clasifica, junto a Updike y Roth, entre los Grandes Narcisistas Masculinos.


Todo tiene su explicación. Mailer irrumpió muy joven en el panorama literario estadounidense con Los desnudos y los muertos, su novela sobre la II Guerra Mundial en el Pacífico, y fue labrando una trayectoria de escritor como quien construye el edificio de alguien a quien la sociedad tiene en cuenta. Él mismo reconocía hace poco que estamos en un mundo en el que la literatura ya no es lo que era. Mientras tanto, a lo largo de su vida, obsesionado por escribir la "gran novela americana", se planteó la literatura con ambición sin límites: "Escribir una novela es, en cierta medida, como una escalada. Si eres ambicioso, intentas retos que están más allá de tus fuerzas".
En el camino, fue espectador (y actor) de los acontecimientos que marcaron el siglo XX. El nuevo periodismo bebe de Mailer y, por supuesto, de La canción del verdugo (con ese enorme asesino llamado Gary Gilmore) y de Los ejércitos de la noche, y también de la famosa crónica de la convención demócrata de 1960, en tiempos de Kennedy.
Para Harold Bloom, estaba en el Olimpo de los escritores americanos vivos, junto a Pynchon, DeLillo y Cormac McCarthy. Ahora nos deja, en legado, ese castillo hitleriano a punto de publicarse en España.

Etiquetas: , ,

domingo, noviembre 04, 2007

Universo Auster

Enric Castelló
(La Vanguardia)31/10/2007 - 18:52 horas

Paul Auster está la mar de prolífico. Este año hemos visto que salían a la luz dos de sus últimas obras, Viajes por el Scriptorium y La vida interior de Martin Frost (ambas publicadas en Anagrama). La primera es una ficción peculiar, más bien cercana a un cuento o un relato, que encuentro innecesariamente alargada; la segunda es un guión cinematográfico que fue la base literaria de la película que el año pasado Auster dirigió con el mismo título y en la que su hija, Sophie, interpretó el papel de Anne James.

Sophie Auster

En un Punto de lectura dedicado a Brooklyn Follies hace más de un año, ya me declaré un fan del escritor, a lo que algunos lectores de la columna alegaron que no todas sus obras son igual de buenas. Estoy de acuerdo y creo que no podemos comparar estas dos últimas piezas a obras maestras como la Trilogía en Nueva York o Brooklyn Follies. Aún así, los dos trabajos que estamos comentando tienen sin duda la marca del autor. Son exploraciones de los sentimientos humanos en situaciones extrañas, misteriosas o límite. Nos encontramos ante historias claustrofóbicas, en las que los protagonistas deben enfrontarse a sus limitaciones y miedos, a ellos mismos.

Otros ingredientes del universo Auster presentes son sus historias dentro de las historias, la confusión entre ficción, realidad, sueño o alucinación, y la incertidumbre que planea entre sus páginas. A nivel estilístico, me continua asombrando su aparente simplicidad y su palabra desnuda, lo que representa al mismo tiempo un reto para sus traductores. En todo caso, como hemos dicho, sus últimas obras evidencian que Auster también tiene altibajos y que no renuncia a seguir escribiendo en momentos, quizás, de menor inspiración creativa.

La vida interior de Martin Frost es una historia presente en el El libro de las ilusiones (Anagrama) y que podríamos catalogar en el género fantástico. Trata de un escritor que se instala en la casa de unos amigos en el campo con la finalidad de desconectar y no hacer nada. Pero inmediatamente, Martin Frost siente la necesidad de escribir una historia. Una mujer misteriosa aparece en su cama la primera mañana, es Claire, en realidad su musa. El relato toma un tinte fantástico cuando Claire empieza a sentirse cada vez más débil a medida que Martin va avanzando en su relato.

En la entrevista a Paul Auster que incorpora el volumen, el escritor explica que tras Brooklyn Follies se encontraba exhausto ?tal y como se encuentra Martin Frost al llegar a la casa de campo-, y no estaba preparado para empezar una obra de ficción. Empezó con el proyecto de Martin Frost, pero se encalló y Auster se dedicó a El libro de las ilusiones ?en el que aparece la historia de Frost en una de las películas de su protagonista. Finalmente, pudo recuperar la idea para el guión de un largometraje que le propuso una productora alemana y que fue rodado en Portugal.

Relato sobre el vacío
Viajes por el Scriptorium es una historia bastante tenebrosa. El planteamiento es realmente insólito: el señor Blank, un hombre ya maduro, se despierta en una habitación que no reconoce, se encuentra débil y parece ser que ha perdido la memoria. Misteriosos personajes irán apareciendo en la estancia para ayudarle en sus tareas o para hablar sobre su circunstancia. El señor Blank desarrollará un sentimiento de culpabilidad ante estas apariciones mientras intenta descubrir dónde se encuentra.

El lector de este relato experimentará una sensación de suspense importante en este relato sobre el vacío y de estructura circular. ¿Está el señor Blank encarcelado? ¿Quizás se encuentra en un sanatorio? ¿Ha perdido sus facultades mentales y sus pensamientos son simplemente producto de un cerebro enfermo? Los personajes insisten en que tome medicamentos para "seguir el tratamiento", pero en ningún caso explican claramente de qué tratamiento se trata ni por qué está allí.

Como es propio de la obra de Auster, el señor Blank lee al mismo tiempo un manuscrito que encontró en su escritorio. Narra una ficción sobre un país alegórico a los Estados Unidos, pero en el que la historia ha evolucionado de una forma diferente y en el que los personajes podrían haber sido sacados de un Western futurista. En conjunto, la obra parece tener relación también con la incapacidad creativa, diría que es un ejercicio literario en el que Auster intenta meditar sobre el proceso de la escritura. Ésta es, especialmente, una obra que no dejará buen sabor de boca a los amantes del Auster de Brooklyn Follies o de la Trilogía en Nueva York, puesto que me parece que pone en evidencia un momento flojo en la trayectoria del autor.

Ficha de lectura
Viajes por el Scriptorium
Paul Auster
Trad. Benito Gómez Ibáñez
Barcelona Anagrama
192 págs.


La vida interior de Martin Frost
Paul Auster
Trad. Benito Gómez Ibáñez
Barcelona. Anagrama
128 págs.

Etiquetas: , , , ,

martes, octubre 30, 2007

«Las películas que imitan la vida son falsificaciones»

El director Gonzalo Suárez presenta en la Seminci su nueva película, «Oviedo Express», con Carmelo Gómez

Miguel Ayanz
Valladolid- Una compañía de teatro llega a Oviedo para representar «La Regenta». Una primadona de peligrosos celos, un galán donjuanesco, un director pretencioso y un actor despechado verán sus vidas mezcladas con las del alcalde de la ciudad, su mujer y la frívola madre de ésta. Carmelo Gómez, Bárbara Goenaga, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón, Jorge Sanz, Najwa Nimri y Alberto Jiménez son el lujoso elenco del regreso de Suárez.
-El filme parece inclasificable. Es comedia, pero con drama, melodrama... ¿Huye de las etiquetas?
-Es mi temperamento. Desde mis primeros libros en los 60 ya enfocaba mi estilo hacia ese territorio de ficción donde es posible mezclar los géneros. Pero no es que lo intente, me sale así: está más cerca de cómo veo yo la realidad. La veo más próxima a mis películas o mis libros que a la descripción que de ella me hacen en otros filmes, realidades más unívocas, más monotemáticas.
-La infidelidad, a primera vista, es el gran tema del filme. Pero debajo parece que quiere hablar de la infelicidad, ahí están el personaje de Sanz, un actor en horas bajas, el de Bárbara Goenaga, una mujer casada que vive un romance y escapa de su rutina...
-Efectivamente, soy reacio a inscribirme en un tema. La infidelidad no es lo que más me interesa. Busco más esa sensación de personajes perdidos, salvo aquellos que apuestan, como el de Carmelo, por apurar todas las copas. Como le explica a Jorge Sanz, su forma de huir hacia delante es ir cambiando de personaje, de mujer, de ciudad... Sí, el tema de los temas sería la vida cambiante.
-La cinta homenajea al mundo del teatro. ¿Cree que el buen cine debe ser teatral?
-No es que lo crea, sino que lo es. Hasta los «westerns» son teatro. Diderot tuvo un sueño asombroso de lo que es el cine, lo clavó. Dijo que lo que le falta al teatro es la facilidad de cambiar de escenario. La quintaesencia del cine sigue siendo teatral, no se ha emancipado de la escena. Una de las cosas que me hizo dejar de ser actor de teatro fue ese carácter que tiene de oficina siniestra. Es un sitio con polvo. Se ve el sueño, pero en la trastienda corren las ratas, la dinámica del grupo se concentra en la envidia.
-Le dice el personaje del alcalde (Jiménez) a la actriz vengativa (Sánchez-Gijón) que los políticos y los actores se parecen. ¿También los directores de cine actúan?
-Sin duda: yo parto de la mentira. En mi primer libro ya dije: «Yo cuento mentiras de verdad, no verdades de mentira». Es una premisa que he mantenido. Parto de la ficción, pero, ¿cuál es la verdad? ¿cómo captar lo que es la vida? Es algo inabarcable. Las películas que pretenden ser como la vida misma en el fondo son falsificaciones.
-¿Es un cineasta que escribe, un escritor que hace películas...?
-No soy el único: Paul Auster, por ejemplo, y Elia Kazan era un gran escritor. En mí, primero fue el escritor. Le debo mucho a la etapa de periodista, ahí encontré mi estilo. Luego vino el cine, sin desprenderme nunca de la literatura. Siempre he escrito mis guiones. Digamos que soy un escritor que hace cine... o viceversa. Quiero que confluyan el cine y la literatura, y que ésta libere a la imagen. Es la vía que me apasiona del cine.
-Ha reunido a Sánchez-Gijón, Gómez, Verdú y Sanz, un grupo que triunfaba ya en los 90. ¿Quería reivindicarlos, dejar claro que aún tienen mucho que decir?
-No he hecho ninguna reivindicación generacional. No creo en las generaciones: duran poco y no son un valor en sí mismas. Sí es cierto que son actores de mucho talento y experiencia. Pero cuando escribo un guión no pienso en los actores, no les doy cara ni forma: son espíritus descarnados.

Etiquetas: , , , ,

sábado, octubre 27, 2007

"Las librerías, claves para la salud cultural"

Teresa Ferreirós / Barcelona. Expansión & Empleo


Jorge Herralde (Barcelona, 1935) acaba de recibir el manuscrito en inglés de la última novela de Paul Auster, Un hombre en la oscuridad. "Es excelente", dice. La diferencia con respecto a una situación similar hace unos años es que, esta vez, el documento le ha llegado directamente a su correo electrónico. Herralde considera que las nuevas tecnologías han facilitado mucho el trabajo de los editores: "Todavía es muy prematuro, pero ha sido muy útil", afirma.

El editor asegura que la mayoría de los originales llega a través de la red y que, para las exportaciones, Internet también ha sido de gran ayuda: "En quince días, está el libro impreso en cualquier país". En España, la venta de libros por Internet es pequeña, debido, según Herralde, a que es un país muy urbano, donde hay librerías en casi todos los núcleos de población. En EEUU, por tradición, o en América Latina, por una carencia endémica de librerías, está triunfando más la venta a través de la web.

De viaje
Herralde vive de ciudad en ciudad. La semana pasada, estuvo en la Feria del Libro de Fráncfort (Alemania) y, poco antes, en una presentación en Bilbao. A sus 72 años, el editor tiene una vida envidiablemente dinámica. Lee todo lo que cae en sus manos, aunque confiesa que le queda poco tiempo para la lectura placentera. "Las memorias, biografías y ensayos forman la parte más ociosa de mi trabajo de lector y soy fan de Josep Pla", confiesa.

Herralde empezó en la edición como la mayoría de editores voluntaristas y vocacionales, "como lector y por deseo de compartir entusiasmo". Fundó Anagrama en 1969, en un momento de gran ebullición política en el que ya había ciertas fisuras en el franquismo y la Ley Fraga permitía publicar textos hasta el momento absolutamente prohibidos.

Herralde asegura que, en sus primeros años, la editorial tenía una fuerte intención política, que poco a poco fue remitiendo. El Che Guevara, Mao Tse Tung y Trotsky fueron de los primeros autores que llenaron el catálogo de Anagrama, que hoy alcanza los 3.000 títulos.

Dentro de sus dos líneas, narrativa y ensayo, el editor apuesta por la excelencia y la curiosidad intelectual. Anagrama ha rescatado clásicos como Georges Perec, Albert Cohen o Vladimir Nabokov. Herralde confiesa que tiene una relación personal, "de amistad", con autores como Álvaro Pombo, Enrique Vila-Matas o, en su día, Roberto Bolaño.

No fue hasta 1979 cuando el fundador de Anagrama oyó hablar de Bukowski. Fue en San Francisco, en la editorial y librería City Lights Books. Al llegar a Barcelona, el editor se puso rápidamente en contacto con Carmen Balcells para editar al escritor alemán. Y lo consiguió.

Herralde dijo una vez en una entrevista -publicada en un libro escrito por él, Por orden alfabético- que "una borrachera de vino blanco" es lo que tiene en común con este autor. Entre las últimas novedades de Anagrama, figuran títulos como La interpretación del asesinato, Jed Rubenfeld; La vida interior de Martin Frost, de Paul Auster; o Crematorio, de Rafael Chirbes.

Una figura incierta
Muchos dicen que los agentes literarios son el único intermediario posible entre el escritor y el editor. Herralde no cree que sea así. De hecho, Anagrama, igual que Tusquets o Alfaguara, gestiona los derechos de algunos de sus escritores más consagrados, como Vila-Matas, Pombo, Bolaño o Chirbes.

Herralde explica que tiene muy buenas relaciones con muchos de los más destacados agentes, pero no cree que sean una figura imprescindible. El concepto empezó en el mundo anglosajón y fue Carmen Balcells quien lo importó a España, "en parte por la dejadez de los editores españoles, que no se esforzaban en promocionar a sus autores en el extranjero, pero ahora esto ha cambiado", explica Herralde.

El editor confiesa que sus autores fetiche se reflejan en su catálogo: Nabokov, Patricia Highsmith, Pombo, Bolaño, Tabucchi o Paul Auster. Herralde pronuncia muchos de esos nombres cuando se le pregunta por los más vendidos en los últimos años de Anagrama. Auster se ha convertido en el autor estrella de la editorial, con Brooklin Follies.

Tom Sharp, Javier Marías, Alessandro Baricco, Arundhati Roy, Alberto Méndez y Ryszard Kapuscinski también han vendido más de 100.000 ejemplares con Anagrama. Herralde escoge a sus autores por la calidad literaria, "que ya se puede apreciar en las primeras líneas". La pertenencia a un catálogo también es importante; "no publicamos cualquier género". El editor explica que con los años se va adquiriendo olfato, pero "muchos hablan del olfato de los editores y obvian que, a menudo, están resfriados".

Para Herralde, la política de autor es importante "aunque no se puede hacer con todos porque se acabaría por publicar mil libros al año". Anagrama cuenta con unos treinta autores con más de diez títulos publicados en la editorial. "Cuando estos escritores despuntan, están muy codiciados por los grandes grupos y, a menudo, se producen bajas", explica.

Herralde afirmó en una entrevista que "si un autor se va de una editorial, se produce un desgarro". Álvaro Pombo o Soledad Puértolas son dos ejemplos que se marcharon a Planeta, aunque ambos regresaron más tarde a Anagrama. La editorial publica cien títulos nuevos cada año, 25 de ellos en edición de bolsillo. Herralde destaca el alto valor del fondo editorial. Las reediciones representan el 50% de las ventas, que ascendieron a 6,18 millones de euros en 2006. La empresa está presente en Latinoamérica.

Etiquetas: , , , , , ,

domingo, octubre 21, 2007

'La Vida Interior De Martin Frost' se estrenará en noviembre

20MINUTOS.ES. 25.09.2007 - 18:31h

Es la última película del director y escritor Paul Auster.
Narra la vida de un escritor que cree haber encontrado a su musa.Ya puedes ver el trailer en 20minutos.es La Vida Interior De Martin Frost la última película de Paul Auster , tiene ya fecha de estreno: 9 de noviembre.

La película narra la historia de Martin Frost, un escritor de éxito que acaba de publicar un libro cuando decide retirarse una temporada a una casa de campo.

Al despertarse la primera mañana, Frost descubre sorprendido a una misteriosa y deslumbrante mujer tumbada a su lado. Fascinado por su belleza e inteligencia, Martin se apasiona profundamente por ella y piensa que se ha encontrado con su musa que le va a ayudar a escribir su mejor novela.

¿Quién es esta mujer misteriosa que tan bien conoce su vida y su obra? ¿Será una musa real? ¿Será una imaginación suya? ¿Será un fantasma que se ha deslizado en la vida privada de Martin Frost?

Etiquetas: , ,

domingo, octubre 14, 2007

?Viajes por el Scriptorium?, de Paul Auster: la cosmovisión austeriana diseccionada

Herme Cerezo ( publicado originalmente en Diario del siglo XXI )

Paul Auster cada día escribe mejor, cada día se le entiende menos. Al menos eso es lo que se desprende de la lectura de ?Viajes por el Scriptorium?, su última novela. Así había planeado yo el comienzo de mi reseña cuando todavía me faltaban treinta páginas por leer. Uno, flaco en memoria que no en carnes, ni mucho menos, toma notas con premura: dudas, sensaciones, intuiciones, que redondea y confirma o no, a la conclusión de la lectura.



Lo cierto es que después de haber pasado francamente muy buenos ratos con su ?Trilogía de Nueva York?, ?La música del azar?, ?El palacio de la luna? y, especialmente, ?Leviatán, me alejé de Auster tras deglutir uno de sus libros más afamados: ?El libro de las ilusiones?, que todavía no comprendo cómo gozó de buenas críticas en su momento. Sin embargo y como dice mi colega en estas páginas, Gabriel Ruiz-Ortega, por el solo hecho de haber aportado al mundo de la Literatura alguna de sus novelas anteriores, por ejemplo, ?El palacio de la Luna?, el de New Jersey se merecía un respeto, una nueva oportunidad. Así que hace unos meses, decidí "levantarle el arresto" y me metí entre pecho y espalda, sin anestesia, una de las novelas suyas que más me han gustado: ?La noche del oráculo?. Envalentonado por el éxito, proseguí con mi regreso al universo austeriano y, tras leer el resumen argumental y escuchar los siempre entendidos consejos de Pepe Vivó, de la librería Abacus de Valencia ? uno de esos raros libreros que, además de vender libros como un cosaco, se los lee ?, me he despachado recientemente estos ?Viajes por el Scriptorium?.

A Paul Auster le gusta el juego de los reflejos, ese truco visual consistente en enfrentar dos espejos para que la imagen se repita infinitamente hasta más allá de donde alcanza nuestra vista. Y nuestra imaginación. De este modo, al igual que en ?La noche del oráculo?, vuelve a escribir una novela dentro de otra novela. Debe de pasárselo pipa navegando por fangales de esta guisa. Lo cual está bien, pero si continúa por esos derroteros la persistencia puede convertirse en lastre y aburrir al personal, si no es que termina por aburrirle a él mismo. Además Dios, o quien sea, ha dotado a Paul Auster de una imaginación desbordante, ?gratia dei?, que le permite pergeñar argumentos y situaciones interesantes con los menores mimbres posibles, sin tener que utilizar con tanta asiduidad este subterfugio. A pesar de lo dicho, también demuestra su calidad en estos ?Viajes por el Scriptorium?, porque la historia que Mr. Blank desarrolla a lo largo de las escasas ciento ochenta y cinco páginas ofrece un argumento sugerente, que Auster reviste con el paramento de un segundo envoltorio.

Algo que también parece que se ha convertido en ?made in Auster? es que el protagonista de la novela, más o menos maquillado, más o menos disfrazado, es el propio autor. Es un modo de escribir que parece estar de moda (disculpen mi torpe juego de palabras modo-moda). No es Auster el único que utiliza este recurso. Sin ir más lejos y ahora que está en plena eclosión, Jacobo Deza, protagonista de ?Tu rostro mañana?, no es otro que el propio Javier Marías, autor del libro. Para añadir más leña al fuego, el entorno en el que se mueve Mr. Blank, el otro yo de Auster en ?Viajes por el Scriptorium?, es, sin duda, el despacho, estudio, refugio o como gusten llamarlo, donde el neoyorquino escribe sus historias y que ya ha descrito en varias de ellas (sin ir más lejos en ?La noche del oráculo?). Cuatro paredes, aquí totalmente desnudas, con un indiscutible sabor claustrofóbico, que incentivan su imaginación y, de vez en cuando, le incitan a salir a la calle a respirar el mundo, a ver el aire, a comprar los "cuadernos portugueses" que le vende el chino Chang (discúlpenme de nuevo, ahora por este burdo juego de sonidos: chino-Chang).

Otra aportación interesante de los "Viajes..." es sin duda su idea de convertir su estilográfica en cámara televisiva o fotográfica, que va registrando los movimientos de su protagonista. Lo deja bien claro al principio del libro: "No sabe que hay una cámara instalada en el techo, justo encima de él. El obturador se acciona silenciosamente cada segundo, realizando ochenta y seis mil cuatrocientas instantáneas a cada rotación de la tierra". Con este planteamiento inicial consigue que el lector se distancie del espacio, la celda que ocupa Mr. Blank, del protagonista, el propio Blank, y que se convierta en mero espectador de lo que allí se va a desarrollar. Auster, en su literatura, siempre me ha parecido muy cinematográfico o, al menos, muy interesado en el cine. Aquí tenemos una prueba más. Otras son sus incursiones en el campo del celuloide como guionista, productor, actor o director: ?Smoke & Blue in the face?, ?The Center of the World?, ?Lulu on the Bridge?, ?La música del azar? y ?The Inner Life of Martin Frost?.

Por último y con ello enlazo con el principio de la reseña, las treinta páginas finales de ?Viaje por el Scriptorium? son fundamentales para entender el libro y justifican plenamente mi valoración del mismo. Esta novela es como una suma de las novelas de Auster, ?liber librium?, novela de novelas, donde se dan cita el escritor y sus fantasmas, incluyendo entre estos los personajes, por ejemplo Daniel Quinn o John Trause, que habitan sus obras anteriores, su cosmovisión literaria, y que entran en estas páginas incluso para pedirle cuentas. Y el escritor no observa ningún comportamiento especialmente cariñoso con ellos. Es más, concretamente con Mr. Blank, el "nuevo", se muestra cruel, dominador, todopoderoso y dueño de su vida y de su destino. En este sentido, ?Viajes por el Scriptorium? parece una revancha sobre sus criaturas, seres de tinta y papel, que, como dice el texto, "sobreviviremos a la mente que nos creó, porque una vez arrojados al mundo existiremos hasta el fin de los tiempos". Por eso, el autor, en su papel de sumo hacedor, escasamente justiciero, quizá vengativo, decide confinar a Mr. Blank en su hábitat actual, recordándole que "nunca será otra cosa que las palabras que estoy escribiendo en su página". En consecuencia y por todo lo visto, este ejercicio de disección que Auster efectúa sobre sí mismo y que ha titulado ?Viajes por el Scriptorium?, es novela apropiada para austerianos iniciados, recalcitrantes y contumaces. ¿Frikis? Sí, desde luego, para frikis también. Si, además, estos austerianos y/o frikis andan provistos de buena memoria, miel sobre hojuelas.

____________________

?Viajes por el Scriptorium?, de Paul Auster. Editorial Anagrama. Barcelona, 2007. 185 páginas, 16 euros.

Etiquetas: , , ,

domingo, octubre 07, 2007

Soy amante del cine, pero no influye en mis novelas: Paul Auster

En San Sebastián presenta fuera de concurso La vida interior de Martin Frost

Ericka Montaño Garfias (Enviada) - La Jornada (México)
Paul Auster, cine, San Sebastián
San Sebastián, 23 de septiembre. ?He pasado la mayor parte de mi vida solo en una habitación, escribiendo palabras sobre el papel. En los últimos 15 años he salido de esa habitación en dos ocasiones para trabajar con otras personas?. Las ocasiones de las que habla el escritor estadunidense Paul Auster fueron para dirigir las cintas Lulú en el puente y La vida interior de Martin Frost, esta última proyectada fuera de concurso en el festival de San Sebastián, al que asiste como director y presidente del jurado de la sección oficial.

Auster separa perfectamente sus papeles de cineasta y escritor. ?Siempre he sido un amante del cine, pero no creo que haya influido en mi trabajo de novelista. Siempre he pensado mis novelas como todo lo contrario: nada cinematográficas. No tengo interés en que se conviertan en películas, aunque sí ha sido un placer trabajar en el cine?.

Historia de optimismo

La vida interior de Martin Frost (The inner life of Martin Frost) es quizá uno de los pocos trabajos optimistas de Auster, una suerte de comedia mezclada con sueños. ?Quería hacer una comedia y pensé en esta historia desde 1999, antes de Bush, antes de que las cosas se pusieran tan oscuras?, dijo en referencia al anuncio que hizo hace tiempo de que no escribiría porque se sentía frustrado por las acciones del gobierno estadunidense y la guerra en Irak. Sin embargo, dijo, ?en la oscuridad de nuestros tiempos a veces algo ligero es de gran utilidad?.

En esta cinta, donde actúan Sophie (la hija del escritor), Irène Jacob, David Thewlis y Michael Imperioli, trata ?el tema de la imaginación y del proceso creativo; de cómo un escritor vive dentro de lo que está creando. Pienso a Martin Frost como una respuesta a Lulú en el puente. Las dos se solapan de cierta manera en cuanto al estado de ensoñación, pero el tema sigue siendo lo imaginario que se convierte en lo real.

?En ambos casos un hombre inventa a una mujer. Para eso somos buenos los hombres: para crear mujeres en la mente. Probablemente es uno de los puntos negativos de la masculinidad: ver algo que realmente no está ahí, pero que al mismo tiempo mantiene vivo el deseo en el mundo?.

Sobre la separación entre el director y el escritor, añadió: ?escribí el guión como película, no como novela. Lo pensé como algo visual. Son dos cosas totalmente diferentes: una película es un rectángulo, es bidimensional, imágenes proyectadas. Parece la realidad, pero no la es. En cambio un libro son palabras sobre una página que luego absorbe la mente del lector y muchas veces son más reales que las imágenes de una cinta.

?Una novela es un motor narrativo que funciona en tres dimensiones, mientras que una película se corta en diferentes momentos, como un rompecabezas. Son dos procesos diferentes y por eso he disfrutado trabajar en el cine: me obliga a pensar de otra manera?.

Por lo pronto, no tiene otro guión en mente, pero si lo tuviera lo haría de la misma manera, a escala íntima: ?me gusta trabajar a ese nivel, con un presupuesto pequeño, que da la oportunidad de trabajar de manera libre. Quienes trabajan en filmes de gran presupuesto no tienen poder, los productores lo controlan todo?.

Las actividades de Paul Auster continuarán no sólo como jurado. El próximo miércoles presentará la versión en castellano del guión La vida interior de Martin Frost (Anagrama).

Y, mientras, sigue repartiendo autógrafos por las calles de esta ciudad.

Etiquetas: , , , ,

domingo, septiembre 23, 2007

La película de Paul Auster decepciona a la crítica de San Sebastián

EFE | SAN SEBASTIÁN
El escritor Paul Auster ha presentado, fuera de concurso, su segundo largo como director, La vida íntima de Martin Frost, donde narra la relación entre un autor y su musa, a través de una trama laberíntica. Mientras, Alemania ha concursado con "Reclaim your brain", sátira sobre el poder de la TV.

Auster , explica La vida íntima de Martin Fros como "una historia acerca de un hombre que escribe una historia sobre un hombre que escribe una historia... y la historia dentro de la historia". Una trama laberíntica -que no terminó de agradar a la crítica- donde un escritor, encerrado en una casa alejada del mundo, se despierta un día al lado de una misteriosa mujer de quien no sabe nada y a la que acaba amando terriblemente, sin darse cuenta de que ella es la musa de su relato, que irá desfalleciendo a medida que éste concluya.

Todas las constantes de la literatura de Auster se plasman en este su segundo largometraje como director en solitario, tras Lulú on the Bridge, en 1988; realizada tres años después de prestar su guión a Wayne Wag para rodar la premiada "Smoke", en 1995; y luego, además de escribir el guión, codirigir con Wang Blue in the face.

"Una pequeña obra de cámara"

"He querido plasmar un enfoque poético sobre el proceso creativo", dijo Auster a la prensa tras la proyección, donde ha explicado que el guión fue escrito en 1999 y concebido como "una pequeña obra de cámara".

Al igual que en su literatura, Auster combina escenas dramáticas con golpes de humor y así, mientras a la pareja protagonista, David Thewlis e Iréne Jacob les corresponde el tono dramático, son su hija, la actriz y cantante Sophie Auster, y el actor Michael Imperioli, los encargados de aportar la carga humorística.

"Muestro cómo piensa un escritor y aunque realmente no ocurre nada, los acontecimientos son cada vez más absurdos", ha contado Auster , quien se encarga de poner su voz en off en la narración, y que desvela que, finalmente, "todo sucede en la mente del autor". De ahí el título, La vida íntima de Martin Fros, un personaje al que usa para "examinar el amor y la pasión".

Una sátira sobre la TV

A concurso se ha presentado Reclaim your braim, tercer filme del alemán Hans Wingarten, conocido por Edukators. Una sátira sobre la televisión, sobre un joven productor que se ha construido su exitosa carrera a base de programas basura, y que se encuentra en el trama en que las drogas lo tienen al borde del colapso.

En su vida aparece una mujer que busca venganza por el suicidio de su abuelo, debido a las falsas informaciones vertidas en uno de sus programas. y cuando ésta empotra su coche contra el suyo, su vida da un giro radical. Emprenderá una casera pero perfectamente montada revolución, a base de manipular los índices de audiencia, hasta obligar a los ejecutivos a ofrecer una programación inteligente. Y de esta forma, liberar a su país de la telebasura y lograr que viva una dorada y utópica felicidad.

"Al principio pensé hacer un thriller sobre la teoría de la conspiración cuando el héroe descubre que las cifras de los índices de audiencia son falsos y entonces comienzan a perseguirle", ha señalado Weingartner. "No se puede entender que haya tantas leyes para proteger nuestro cuerpo y no nuestra mente", comenta el realizador, quien entiende que los directores de su generación que conforman el "nuevo cine alemán" "son muy emocionales". Algo positivo, dice, tras años dominados por un cine "intelectual".

"Yo quiero hacer películas inteligentes, con un mensaje, pero entretenidas; no de esas catalogadas como intelectuales y que son terriblemente aburridas", ha concluido.

Etiquetas: , ,

sábado, septiembre 22, 2007

Paul Auster, presidente del azar

ABC.ES
POR FEDERICO MARÍN BELLÓN. MADRID.
Como por casualidad, Paul Auster se dejó caer el miércoles por San Sebastián, donde no sólo presentará su tercera película como director, «La vida interior de Martín Frost», sino la versión española del guión en una conferencia a la que podrán asistir un centenar de elegidos. El escritor también tendrá tiempo de presidir el jurado de la sección oficial del festival, el que reparte conchas y gloria, labor que ya había realizado en plazas tan renombradas como las de Cannes y Venecia. Su cinta cuenta la historia, tan improbable como corresponde, de un escritor de éxito que, retirado en el campo para reflexionar, se despierta junto a una deslumbrante mujer que él empieza a ver como su definitiva musa, tal y como ocurre en un afluente de «El libro de las ilusiones», libro-loncha al que precedió el guión y que ahora termina de arropar el celuloide.



Y hasta aquí el final conocido de la historia. De cómo un escritor de relumbrón se dejó enredar por los peliculeros daría para otro par de novelas y sus correspondientes adaptaciones cinematográficas. Puede que un buen día el autor de la trilogía de Nueva York comprendiera que todas las casualidades no le cabían en un libro -con la de cosas que entran- y empezara a jugar con otra forma de expresión artística, aún primitiva (al menos al lado de tantos siglos de literatura), pero capaz de proporcionarle otra libertad, por muy condicional que ésta sea.
Su primera aproximación al séptimo arte llegó por donde cabía esperar, por la puerta de la adaptación de una de sus novelas, «La música del azar», título que podría resumir mejor que cualquier otro sus viajes por el cine y la literatura. El director, Philip Haas, era suficientemente minoritario para que la presión fuera más soportable. Sobre el verde telón de fondo de un tapete de juego, una de las grandes pasiones del autor, Auster y Haas nos recitan al alimón un cuento moral en el que queda claro que la suerte es quien corta las cartas de la vida, a menudo con innecesaria crueldad,
Pero sólo una combinación de afortunadas coincidencias podía dar lugar a «Smoke», exponente paradigmático de alineación de los astros. La película dista de la perfección tanto como de la verosimilitud, pero arroja instantes que han sobrevivido a la hoguera del tiempo. Harvey Keitel, William Hurt y Forest Whitaker protagonizan el «Cuento de Navidad de Navidad de Auggie Wren» de Auster, envuelto en la voz arrugada de Tom Waits y fotografiado por Adam Holender, quien no por casualidad debutó como director de fotografía de ese escalofrío en la espina dorsal del sueño americano que se llamó «Cowboy de medianoche».
El arte del embuste
Al final, todo consiste en inventar una buena historia, para lo cual, como le dice Hurt a Keitel en la película, «sólo hay que saber tocar las teclas adecuadas», no sin recordarle que «el embuste es todo un arte». Pero también es verdad que algunas guarniciones dejan en la memoria del paladar un recuerdo tan imborrable como el mejor bistec. Y ahí es donde el escritor descubrió que dos actores tan impresionantes como los citados podían elevar aún más la categoría de sus diálogos, que la música desgarrada de Waits le sienta a una escena muda como un Armani a George Clooney. Y viceversa: ambos intérpretes demostraron que basta un buen texto para atrapar por completo la atención del espectador, sin necesidad de que al menos uno de ellos se líe a tiros a la primera oportunidad.
Dicen que Auster, tan entusiasmado con el juguete como un Orson Welles primerizo, dirigió aquella función de la mano de Wayne Wang. Tanto da. Por si no estaba clara su nueva vocación, de una costilla de este privilegiado Adán creó «Blue in the face», esta vez bajo el sello oficial Wang-Auster, y con más hambre por experimentar que por agradar a grandes públicos, entre el endiosamiento y la amplitud de miras.
Fue con «Lulú on the bridge» cuando el autor empezó a recoger lo sembrado, ya en solitario. Un saxofonista herido por el azar (y por una bala, que duele casi igual) cae en una depresión de la que sólo lo pueden rescatar los caprichos de quien quiera que nos escriba los guiones. En este caso y en el de Martin Frost, la suerte es que el libreto es obra de un dios mayor.

Etiquetas: , , ,

martes, septiembre 18, 2007

Paul Auster regresa a las librerías españolas con el guión de su última película

'La vida interior de Martin Frost' se presenta este mes en el Festival de Cine de San Sebastián

Fuente: La Vanguardia / Europa Press



Barcelona.- El escritor norteamericano Paul Auster regresa hoy a las librerías españolas con el guión de la película 'La vida interior de Martin Frost', que él mismo ha dirigido en la gran pantalla y que presentará en el Festival de Cine de San Sebastián.

El libro, publicado en castellano por Anagrama y en catalán por Edicions 62, narra la historia de Michael Frost, un escritor que necesita un descanso tras haberse pasado años escribiendo una novela.

Para su descanso, sus amigos Jack y Anne Restau le ofrecen su casa de campo, pero allí, en medio del silencio, le sobreviene una idea y comienza a escribir un cuento.

Al día siguiente, Frost despierta junto a una chica medio desnuda, que resulta ser Claire, sobrina de sus amigos. Al tiempo que Frost sigue con la escritura del cuento, su deseo por la joven Claire comienza a crecer.

'La vida interior de Martin Frost' ha sido llevada al cine por el propio Paul Auster -quien ya dirigió 'Blue in the facè y 'Lulu on the bridgè-, con David Thewlis, Irène Jacob, Michael Imperioli y Sophie Auster en los papeles protagonistas.

Paul Auster será el presidente del Jurado de la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastián, donde se presentará la película el 22 de septiembre fuera de concurso.

Etiquetas: , , , , , , ,

lunes, septiembre 10, 2007

Richard Gere y Liv Ullmann recibirán el Premio Donostia de San Sebastián

7-IX-07

La organización del Festival Internacional de Cine de San Sebastián ha presentado la 55 edición del certamen, del cual se adelantó previamente el grueso de su programación, pero se ha reservado para este evento el anuncio de los receptores del Premio Donostia, los cuales recaerán en Richard Gere y Liv Ullmann, y los componentes de los diferentes jurados.

Uno de los actores más recocidos de Hollywood y una de las grandes damas del cine europeo serán quienes recibirán el Premio Donostia, galardón que reserva San Sebastián para distinguir a toda una carrera. Gere, quien fue desde un "Gigoló americano" hasta el ejecutivo que contrataba a una prostituta que le cambiaba la vida en "Mujer bonita", recibirá el galardón que premia a su carrera en una ceremonia que tendrá lugar el 23 de septiembre. El actor, quien participa actualmente en Venecia con "I'm Not There", podrá ser visto en el certamen en la cinta "The Hoax" (La gran estafa), uno de los nuevos títulos que desveló la organización.

Por su parte, Ullmann, protagonista de diversas películas del recientemente fallecido Ingmar Bergman, como "Persona", "La vergüenza", "Gritos y susurros", "Secretos de un matrimonio", "El huevo de la serpiente" o "Saraband", además de ser realizadora y guionista, se hará presente en San Sebastián para recibir el Premio Donostia el 28 de septiembre.

En lo que respecta a los jurados, como ya se anunciara, Paul Auster presidirá el oficial de largometrajes, siendo acompañado por Pernilla August, Nicoletta Braschi, Bahman Ghobadi, Eduardo Noriega, Susú Pecoraro y Peter Webber. El jurado del Premio Altadis ? Nuevos Directores, por su parte, estará formado por Mark Peploe (Presidente), Jannike Ahlund, Carmen Castillo, Espido Freire, Jean-Claude Lamy, Dennis Lim y Pablo Malo, mientras que el jurado del Premio Horizontes estará compuesto por Karl Baumgartner, Ingrid Rubio e Iván Trujillo. Alfonso Cuarón presidirá el jurado de los Encuentros Internacionales de Escuelas de Cine.

Además, durante la presentación se ha confirmado la presencia, entre otros, de los actores Viggo Mortensen y Demi Moore, que presentarán sus últimos trabajos en las jornadas de inauguración y clausura del festival con "Eastern Promises" (Promesas del Este) y "Flawless" (Un plan brillante), respectivamente. También se dio a conocer nuevas películas que participarán de este año: la coreana "The Show Must Go On", de Han Jae-rim (Zabaltegi-Perlas) y las españolas "¿Y tu quién eres?", de Antonio Mercero (Horizontes latinos) y "El año de todos los demonios", de Ángel Amigo (Especiales Zabaltegi).

Etiquetas: , , , ,

lunes, septiembre 03, 2007

Entrevista a Paul Auster

Por Céline Curiol. El célebre escritor y cineasta norteamericano habla de su última película, La vida interior de Martin Frost, y de los riesgos de la literatura.

CELINE CURIOL

Novelista, ensayista y periodista francesa. Colaboradora del diario ?Le Monde?.



CELINE CURIOL: Usted ya escribió una parte de la historia de Martin Frost en El libro de las ilusiones. ¿Por que volvió sobre ella, la expandió y la transformó en un guión?

PAUL AUSTER: La vida interior de Martin Frost tiene una historia relativamente complicada. Una productora alemana me propuso hacer una película de treinta minutos para un ciclo que se llamaba Relatos eróticos, en el que querían incluir doce filmes breves de distintos directores que giraran en torno de la relación de los hombres con las mujeres. La propuesta me causó intriga y decidí aceptar el desafío. Era febrero o marzo, recuerdo, y me senté a escribir un pequeño guión que llegó a treinta páginas. Teniendo en cuenta que el presupuesto sería bajo, me limité a introducir dos actores y una sola locación -una casa aislada en medio del campo-. La historia de Martin Frost, un escritor, y una misteriosa mujer que resulta ser una musa. Una historia fantástica, en verdad, más o menos con el espíritu de Nathaniel Hawthorne. Pero Claire no es una musa tradicional. Ella es una encarnación de la historia que Martin está escribiendo y, a medida que avanza, ella se debilita hasta que, cuando él llega a la última palabra de su texto, ella muere. Finalmente él se percata de lo que estaba ocurriendo y quema el manuscrito para tratar de revivirla. Aquí es donde la primera versión de la historia terminaba.


CC: Hay algunos momentos graciosos en la película. La silla rota, Martin persiguiendo una rueda por la ruta, las historias de Fortunato, el excéntrico traje de cowboy. Y también hay escenas intensamente dramáticas, o misteriosas, por momentos místicas. ¿Cómo logra armonizar la oscilación entre lo humorístico y lo dramático? ¿Qué papel juega la comedia en su trabajo y en Martin Frost en particular?

PA: La vida es simultáneamente trágica y cómica, al mismo tiempo absurda y profundamente significativa. Más o menos conscientemente, traté de abarcar este doble aspecto en mis historias. Escribí novelas y guiones. Y siento que es la manera más honesta, el camino más auténtico para mirar el mundo, y cuando pienso en algunos de los escritores que más me gustan -Shakespeare, Cervantes, Dickens, Kafka, Beckett- todos ellos resultan ser maestros en la combinación de la luz con la oscuridad, de lo extraño con lo cotidiano. La vida interior de Martin Frost es una historia muy curiosa. Una historia sobre un hombre que escribe una historia sobre un hombre que escribe una historia -y la historia dentro de la historia, la película que vemos desde el momento en que Martin se despierta y encuentra a Claire durmiendo a su lado hasta el momento en que Martin deja de escribir y mira a través de la ventana, es tan salvaje y poco plausible, tan loca e impredecible que, sin ciertas dosis de humor, hubiese sido insoportablemente pesada. Al mismo tiempo, creo que las escenas graciosas atenúan el pathos de la situación de Martin. La escena de la rueda, por ejemplo. El espectador sabe que Claire se acaba de bajar del auto para correr hacia el bosque, pero Martin sigue empujando una rueda en la ruta, sin saber que la mujer que ama ha desaparecido. Y, de pronto, la rueda se le escapa. Es una comedia silenciosa clásica: el hombre contra el objeto. El corre detrás de la rueda, tropieza con una piedra y termina con la cara en el suelo. Divertido, pero también patético. Lo mismo es válido para el caso del personaje Fortunato, con todos sus extraños comentarios, chistes malos y sus ridículos cuentos. El aparece cuando Martin está sufriendo la pérdida de Claire y su presencia disminuye la profunda soledad en la que está sumido Martin. La escena más triste del film es también una de las más graciosas: cuando Martin lanza dardos sobre sí mismo. El pobre hombre se siente tan perdido que no sabe qué hacer consigo mismo.


CC: En la escena central de la película, Claire muere y Martin la resucita quemando las páginas de su libro. ¿Piensa que la escritura es un arma peligrosa? ¿Puede matar?

PA: La escritura puede, ciertamente, ser peligrosa. Peligrosa para el lector -si es lo suficientemente poderosa para cambiar su concepción del mundo- y peligrosa para el escritor. Piensa en cuántos escritores fueron asesinados por Stalin: Osip Mandelstam, Isaac Babel, entre otros. Piensa en la fatwa contra Salman Rushdie. En todos los escritores encarcelados en el mundo actualmente. ¿Pero puede la escritura matar? No, al menos literalmente. Un libro no es una ametralladora ni una silla eléctrica. Pero a veces pasan cosas extrañas que te hacen pensar. El caso del escritor francés Louis-René des Forets, por ejemplo. Oí hablar del tema por primera vez cuando vivía en París, a principios de los 70, y me hechizó tanto que lo incorporé, años después, en una de mis novelas, La noche del oráculo. Des Forets era una promesa literaria de los años 50 que había publicado una novela y un libro de cuentos. Después escribió un poema narrativo en el que un chico se ahoga en el mar. No mucho después de la publicación del libro, su propio hijo se ahogó. Seguramente no hubo ninguna conexión racional entre la muerte imaginaria y la real, pero Des Forets estaba tan conmovido por la experiencia que dejó de escribir por décadas. Una historia terrible. No es difícil de entender cómo se sintió.

Perfil
Paul Auster es uno de los escritores más prestigiosos de los Estados Unidos. Con una fuerte influencia de Beckett y de Kafka, el azar es uno de los temas recurrentes en su obra. Ciudad de cristal, La invención de la soledad, La música del azar, El palacio de la luna, Tombuctú y Leviatán son algunas de sus novelas más reconocidas. Las últimas que publicó en nuestro país son Viajes por el scriptorium (Anagrama, 2007) y Brooklyn Follies (Anagrama, 2006). Ganó, entre muchos otros premios, el Príncipe de Asturias. Además de su producción literaria, ha tenido importantes incursiones en el mundo del cine como guionista y director. Cigarros y Lulu on the bridge son dos de sus películas más famosas.

La última película
La vida interior de Martin Frost está basada en una película imaginaria que aparece en El libro de las ilusiones, una novela de Auster del año 2002. El escritor escribió el guión y tuvo a su cargo la dirección. Está protagonizada por David Thewlis e Irene Jacob (La doble vida de Verónica). También actúan Michael Imperioli (Los Soprano) y la hija de Auster, Sophie. El guión de la película será editado como libro por la editorial Anagrama y estará en las librerías argentinas en setiembre.

Polémico
En un extenso diálogo que sostuvo con Tomás Eloy Martínez, y que fue recogido recientemente por la nueva revista cultural del diario ?La Nación?, Auster dijo que Borges le parecía ?un escritor menor genial?. ?Creo que su mayor fuerza radicaba en el hecho de que conocía sus límites. Ni siquiera intentó escribir novelas, no podía hacerlo. En cambio, perfeccionó aquello que sí podía hacer?, disparó.

Textuales: fragmentos de novelas de Paul Auster
?Escribir una comedia ayuda a poner las cosas en perspectiva. El mundo ha ido de tragedia en tragedia, de horror en horror, pero los seres humanos seguimos existiendo, enamorándonos y hallando alegría en la vida?. (Brooklyn Follies, Barcelona, Anagrama, 2006).

?Su conversación se convirtió en uno de esos absurdos y elípticos intercambios que se producen cuando la gente coquetea en una fiesta, una serie de acertijos, conclusiones erróneas y hábiles estocadas en el arte de cómo superar a otro. El truco consiste en no decir nada sobre uno mismo de la forma más elegante y sinuosa posible, para hacer reír a la otra persona, para mostrarse ingenioso.? (Leviatán, Barcelona, Anagrama, 1993).

?Un álbum muy grande, encuadernado en piel fina y con letras doradas grabadas en la cubierta decía: ?Los Auster. Esta es nuestra vida? y estaba completamente vacío.? (La invención de la soledad, Barcelona, Anagrama, 2002).

?No puedo interesarme por nada a menos que sea algo sin esperanzas.? (La música del azar, Barcelona, Anagrama, 1998)

?Lemuel Flagg veía el futuro en La noche del oráculo, y eso acabó con su vida. No queremos saber cuándo vamos a morir ni cuándo va a traicionarnos la persona a quien amamos. Pero nos encantaría saber cómo eran los muertos antes de morir, conocer a los muertos cuando estaban vivos?. (La noche del oráculo, Buenos Aires, Anagrama, 2004).



N. de la D.: Agradecemos la colaboración de Gabriela Esquivada y Guillermo Schavelzon (agentes literarios de Auster para los países de habla hispana), que hicieron posible la publicación de esta entrevista.

Etiquetas: , , , ,

sábado, agosto 25, 2007

Auster, Cronenberg y Sayles, nombres destacados del Festival de San Sebastián

Con el anuncio de las películas que participarán en la Sección Oficial se confirma la que será la más austeriana de sus ediciones, pues se cuenta además de con la presencia del propio Auster con la nueva película de Wayne Wang (Smoke) y se podrá contemplar a Lou Reed interpretando Berlín.



El certamen se acercará en esta edición al cine de los países periféricos
ELCULTURAL.ES

El Festival de Cine de San Sebastián acaba de anunciar esta mañana la lista de películas que participarán en la Sección Oficial, por lo que optarán a la codiciada Concha de Plata. La inauguración del certamen correrá a cargo del cineasta canadiense David Cronenberg quien presentará su última producción, Eastern Promises, protagonizada por Viggo Mortensen (quien ya fue la estrella del anterior filme del director, la aclamada Una historia de violencia).

En esta ocasión, el director de La mosca o Spider se adentra en el mundo de la mafia de Londres para narrar una peculiar historia de amor. No será el único nombre popular de una Sección que opta de forma decidida por el cine llegado de países periféricos. John Sayles (Casa de los Babys) estará presente con Honeydripper, ambientada en el ambiente del blues en Alabama.

Otro estadounidese, Wayne Wang (Smoke) concursará con A thousand Years of Good Prayers, con la inmigración china como trasfondo. Asimismo, una de las estrellas indiscutibles será Paul Auster, quien ejercerá como Presidente del Jurado y participará con su tercera íncursión cinematográfica, La vida privada de Martin Frost, en la que un escritor de éxito se enamora de una mujer sobre cuya existencia real no está seguro.

Como ya se sabe desde hace unos días, la presencia española estará capitaneada por dos mujeres, Icíar Bollaín (Mataharis) y Gracia Querejeta (Siete mesas de billar francés). Finalmente, películas como la argentina Encarnación (de Anahí Berneri), la coreana Goong Nyeo (Kim-Mee Jeung), la francesa La Maison (Manuel Porier) o la iraní Buda explotó por vergüenza (Hana Makhmalbaf).

Por otra parte, ayer se dieron a conocer algunas de las producciones que estarán presentes en la Sección Zabaltegui, muy apreciada por los cinéfilos ya que sirve como escaparate para filmes que han triunfado en anteriores festivales. En este apartado podrán verse películas como Control (bio´pic del músico Anton Corbijn), La escafandra y la mariposa (por la que el artista Julian Schnabel ganó el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes) o el documental de Barbet Schroeder L'avocat du terreur.

Finalmente, seguro que los aficionados a la música disfrutarán de la exhibición de la versión restaurada de la película de Los Beatles Help o del espectáculo de Lou Reed Berlin.

Etiquetas: , , , , ,

miércoles, agosto 22, 2007

Paul Auster presidirá el Jurado del Festival de Cine de San Sebastián

se inaugura el 20 de septiembre

El Príncipe de Asturias de las Letras 2006 será uno de los protagonistas de la 55 edición del certamen, que abrirá David Cronenberg con 'Eastern Promises'
EUROPA PRESS SAN SEBASTIÁN/OVIEDO


La nueva película del director canadiense David Cronenberg, Eastern Promises (Promesas del Este), inaugurará el 20 de septiembre la 55 edición del Festival de Cine de San Sebastián, que será clausurado, nueve días después, por Flawless (Un plan brillante), protagonizada por Demi Moore y Michael Caine. El escritor y cineasta neoyorkino Paul Auster, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, será el presidente del Jurado internacional que otorgará el palmarés oficial del certamen.

Auster, autor de Trilogía de Nueva York, La música del azar y Brooklyn Follies, presentará en la Sección Oficial, fuera de concurso, The Inner Life of Martin Frost (La vida privada de Martin Frost). Director de Lulu on the Bridge (1998), y codirector con Wayne Wang de Blue in the Face (1995), el estadounidense cuenta en este nuevo trabajo la historia de un escritor de éxito, Martin Frost, que en su retiro temporal en una casa de campo descubre con sorpresa al despertarse una mañana que a su lado está tumbada una deslumbrante mujer.

El filme que abrirá el certamen también competirá en la Sección Oficial. El Festival de Cine ha destacado que esta película "continúa la brillante trayectoria de uno de los directores más destacados del cine contemporáneo", autor de películas como La mosca, M. Butterfly, Crash o Spider.

Tras Una historia de violencia, Cronenberg cuenta de nuevo con Viggo Mortensen como protagonista, junto a Naomi Watts y Vincent Cassel, para elaborar un thriller dramático que envuelve a un mafioso y a una inocente pero decidida mujer, y se interna en el crimen organizado de Londres.

La película de nuestro planeta

La película británica Flawless une a Moore y Caine en un intento de robo perfecto a la principal empresa de diamantes del mundo. Un thriller del director Michael Radford, autor de El cartero y Pablo Neruda y El mercader de Venecia.

También fuera de competición, en este caso en la Sección Oficial, se incluirá la película documental Earth (Tierra-La película de nuestro planeta) "un espectacular recorrido por la Tierra, de norte a sur y a lo largo de las estaciones, observando el comportamiento de distintas especies animales y la influencia del cambio climático en sus vidas", ha indicado el Festival. El documental ha sido dirigido por Alastair Fothergill, autor de la película Deep Blue y la serie Planet Earth, y Mark Linfield.

A estas películas se suman las dos españolas a concurso ya anunciadas por los organizadores: Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta, y Mataharis, de Iciar Bollain, que completarán junto a trabajos aún no desvelados la veintena de películas que se proyectarán este año en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián.

Etiquetas: , , , ,

jueves, agosto 09, 2007

De lo contrario, Auster sería yo

por Enrique Vila-Matas

Si me encuentro con una entrevista con Paul Auster, la leo inmediatamente. Es un autor que siempre me aporta ideas. Pero eso sí, nunca puedo terminar esas entrevistas que le hacen, porque me entran tales ganas de ponerme a escribir que debo dejar la lectura. En la que acabo de dejar de leer para ponerme a escribir estas líneas, le preguntan por los muchos autores que han influido en su trabajo y le citan a Cervantes, Dickens, Kafka, Beckett y Montaigne. Son precisamente los autores que forman el eje central de la novela que ando yo en estos días terminando. "Los llevo a todos conmigo", dice Auster, "llevo a docenas de escritores conmigo, pero no creo que mi trabajo se parezca a ninguna de sus obras. No estoy escribiendo sus libros, sino los míos".


Yo estoy seguro de que podría decir exactamente lo mismo. "Los llevo a todos conmigo" es una frase que viene a corroborar esa sensación que tiene Auster ?que tengo yo también, con perdón? de que cuanta más experiencia de la soledad tiene uno, más paradójicamente vive la sensación de que esa experiencia no es precisamente de ostracismo o de aislamiento, sino de apertura hacia los demás. "Es sorprendente que no podamos comenzar a comprender nuestra relación con los demás hasta que estamos solos. Y cuanto más solo está uno, cuanto más se hunde en la soledad, más profundamente siente esa relación", dice Auster.
Los otros (incluidos los otros escritores, y de entre éstos sólo los que nos gustan, los que llevamos con nosotros) actúan de un modo extraño que hace que nos resulte imposible aislarnos de ellos. Por lejos que uno se encuentre en un sentido físico (aunque esté en una isla desierta o encerrado en una celda solitaria), descubre que está habitado por otros. Qué lejos esta sensación o esta idea de aquello que le sucedía al siniestro Unamuno, pensador de primer orden pero egotista ridículo, que llegó a sospechar que los otros no existían, que eran sólo una invención suya para evitar la angustia que le provocaría descubrir que estaba solo en el mundo. A veces, estoy hablando con los amigos y me acuerdo de la idea siniestra de Unamuno y juego a verlos como una invención mía. No logro nunca que digan lo que yo quisiera que dijeran, pero sí es cierto que a veces, vistos desde esta forma unamuniana, me parecen formar parte de algún extraño juego teatral y conspirativo, como de trama de película de Mamet.
No hay mayor sentido del desprecio hacia el otro que pensar que lo hemos imaginado. Unamuno miraba hacia lo más profundo de su ser y se encontraba sólo a sí mismo y solo, además, en el mundo. Auster, por lo contrario, hace lo mismo, mira hacia lo más profundo de su ser, y lo que ahí encuentra es algo más que a sí mismo, encuentra el mundo. ¿Leer a Auster es encontrar mi mundo? Todo lo contrario, es encontrar al otro. Y aprender a llevarlo conmigo cuando me encuentro sentado ante mi ordenador, como ahora mismo en esta mañana invernal.
Pero en el fondo es todo un gesto de disidencia hacia Auster el que me haya sentado ante el ordenador y no ante la máquina de escribir. Porque lo que realmente esta mañana me ha empujado a hablar de Auster han sido unas palabras suyas acerca de su necesidad de no abandonar su máquina de escribir: "La tengo desde 1974, ahora ya más de la mitad de mi vida. Nunca se ha estropeado. Todo lo que tengo que hacer es cambiar las cintas de vez en cuando, pero vivo con el temor de que llegue un día en el que no haya más cintas a la venta, y entonces tendré que usar el ordenador y entrar en el siglo xxi."
Esta confesión de amor hacia su máquina me ha llenado de vergüenza, porque me ha recordado la frivolidad (no tuve paciencia para buscar más) con la que me pasé al ordenador hace tres años, cuando di dos vueltas enteras a Barcelona en busca de cintas para mi máquina de escribir y, al no encontrarlas, me di por rendido. No hallé las cintas ni siquiera en una pequeña tienda cercana a la plaza de Urquinaona que resistía al empuje de los avances técnicos de nuestra época y seguía vendiendo cintas y máquinas de escribir: una tienda que yo visitaba con la impresión de que todo aquello era un milagro y sus dueños (lo había deducido por su manera fanática de hablarme de las máquinas Olympia) unos fervorosos defensores del antiguo tecleo eléctrico.
Ignacio Martínez de Pisón, a quien le conté la historia de los dueños de ese comercio (un extraño matrimonio que luchaba contra la modernidad), llegó a escribir un cuento en el que se inventaba que, delante de los vendedores fanáticos de las máquinas Olympia, alguien montaba una tienda de ordenadores, que constituía la ruina de la pequeña tienda resistente. Parecía que iba a ser un cuento profético, pero el matrimonio fanático, temeroso de que ocurriera realmente lo que relataba Martínez de Pisón (debieron leer su cuento), se pasó de la noche a la mañana a los ordenadores y me obligó a hacerlo a mí también, pues nunca he dudado de que esa tienda de máquinas de escribir fue la última de la ciudad.
Más suerte tuvo Paul Auster, que puede seguir fiel a su Olympia, pero eso se debe seguramente a que vive en Nueva York. Que seamos él y yo distintos en esto (y en tantas otras cosas que ahora se me ocurren) me produce un gran alivio, porque me permite seguir estando solo, aunque llevando a todos mis escritores preferidos conmigo y escribiendo no sus libros, sino los míos. De lo contrario, Auster sería yo. Y eso yo no lo podría permitir. Y menos aún los otros. -

Etiquetas: , , , , ,

viernes, julio 27, 2007

Parejas poéticas

JORGE DE ARCO DIRECTOR DE LA REVISTA DE POESÍA 'PIEDRA DEL MOLINO'

Semanas atrás, y al hilo de la reciente edición de la antología de la poetisa norteamericana Jane Kenyon (1947-1995) -esposa del también poeta Donald Hall-, recordaba en un artículo cómo a lo largo de la historia de la poesía, no han sido pocos los matrimonios que han compartido vida y pasión lírica. Tomando como punto de partida la pareja formada a mediados del XIX por los británicos Robert Browning y Elisabeht Barrett, el siglo que ya se nos fue tiene muy diversos ejemplos. Valga citar los de Sylvia Plath y Ted Hughes, Barbara Frye y Charles Bukowski, Claribel Alegría y Darwin J. Flakoll, Fina García Marruz y Cintio Vitier, Aitana Alberti y Alex Pausides ; y de entre los nuestros, los de María Luisa Gefaell y Luis Felipe Vivanco, Ernestina de Champourcin y Juan José Domenchina, María Guerra Vozmediano y Luis López Anglada; además de los que felizmente aún siguen entre nosotros, Francisca Aguirre y Félix Grande, Luz María Jiménez Faro y Antonio Porpetta, etc.



Y si recuerdo estas parejas poéticas es porque hace tan sólo un par de días, llegaba a mis manos el poemario de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955), Leer para ti, que acaba de ver la luz en Bartleby Editores. Esta doctora en literatura inglesa, novelista y ensayista, está casada desde 1981 con el también escritor, Paul Auster (New Jersey, 1947) -galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras el pasado año-. Estos veintiséis años de relación amatoria y literaria tienen un curioso nexo común y es el hecho de que ambos comenzaron escribiendo poesía, género que sin embargo, abandonaron hace ya más de dos décadas.

Publicado en 1983 con el título original de Reading to you, puede leerse ahora en versión bilingüe gracias a las certeras traducciones de las también poetisas Julia Piera y Chiara Merino. Apoyada en un versículo nostálgico, y en una sorpresiva prosa poética, Siri Hutvedt inventaría un volumen en el que se entremezclan las remembranzas de sus ancestros noruegos, los imposibles sueños de la infancia, las instantáneas de antiguos y exóticos paisajes, y muy diversos momentos autobiográficos que se disuelven en una misteriosa ficción. Todo ello, tamizado por la delicada condición de un decir frágil y cristalino: ora surrealista, Es extraño pensar que el infinito tenga seis lados, ora sugeridor: El día que me miré al espejo no sabía que cuando uno besa es imposible ver nada; ciega la proximidad a medida que una cara penetra la otra. Es breve y sólo queda el estremecimiento del recuerdo

Siri Hustvedt editó sus versos con veintiocho años. Después, dejó de lado la poesía y entró de lleno en el mundo de la narrativa. En nuestro país se han publicado con notable éxito algunas de sus novelas, tales como Los ojos vendados (1994), El hechizo de Lily Dahl (1997) y Todo cuanto amé (1994). En una entrevista concedida dos años atrás, recordaba las causas de aquel abandono lírico: «Lo que ocurrió fue que yo leía mucha poesía de los grandes autores. ¿Me parecían tan geniales¿ Y, de pronto, cada línea que yo escribía me empezó a parecer insoportablemente mediocre en comparación. Así que me trastorné y no pude seguir. Un profesor y amigo de la Universidad de Columbia me recomendó que hiciera escritura automática, como los surrealistas, que me sentara y escribiera sin parar, sin importar qué saliese. La misma noche que me lo dijo escribí treinta páginas. Pero nunca más fueron de poesía».

En 1997, la editorial Pre-Textos dio a la luz Desapariciones, un florilegio de la obra poética de Paul Auster, que recogía una treintena de poemas que el escritor americano había pergeñado entre 1970 y 1979. Su quehacer, concebido entre espacios abiertos y herméticos, entre el confinamiento de la palabra y la libertad del hombre, se vertebró en la citada década en la que publicó cinco poemarios. En una entrevista, publicada en El Cultural, afirmaba: «Tengo abandonada del todo la poesía. No he escrito un poema en veinte años». Al igual que su esposa, encontró en la prosa un mejor vehículo de expresión y su alejamiento de la lírica, tal vez, quiso dejarlo explicado con esta frase: «No hay nada en el mundo que no pueda servir de material para una novela».

Ambos, reconocen discutir mucho sobre sus textos. «Su opinión para mí tiene más crédito que la de nadie en este mundo y creo que ella piensa lo mismo de mí», relataba Auster. Releyendo sus versos (valgan los de él: «Cada noche/ desde el silencio de los árboles, sabes/ que mi voz/ viene caminando hacia ti»), es fácil imaginarlos, tantos años después, felizmente juntos en el privilegiado barrio de Park Slope, en el Brooklyn neoyorquino.

A.U.G

Etiquetas: , , , ,

martes, julio 17, 2007

Novelistas con alma de cine

Paul Auster, Pérez-Reverte y David Trueba

A caballo entre la pluma y el fotograma hay toda una raza de literatos-cineastas que no sólo escriben guiones y adaptan sus textos al celuloide, sino que se atreven a filmarlos.
Los repasamos.Son novelistas de prestigio, pero, a veces, cuando se cansan de juntar letras para contar historias, cambian el escritorio por un plató. Paul Auster, John Irving, Michael Houllebecq, Eric-Emmanuel Schmitt y Ray Loriga son ejemplos que repasamos.
Paul Auster, el creador de libros tan sobresalientes como Leviatán o El palacio de la Luna, en septiembre presentará en el Festival de San Sebastián su segundo trabajo como director: La vida interior de Martin Frost, en el que ha contado con su hija, Sophie Auster, Michael Imperioli e Irène Jacob. Por supuesto, el guión lo firma él.

Auster espera conseguir mejor aceptación de la que tuvo en 1988 su primer largo: Lulu on the Bridge. Quizá entonces andaba algo verde, a pesar de que había tomado nota de los consejos que le dio W. Wang mientras rodaban Blue in the Face (1995).

De Houllebecq a Loriga

El francés Michael Houllebecq debuta en la dirección con la adaptación de La posibilidad de una isla, cuyo rodaje acaba de finalizar en España, con uno de los actores más carismáticos del cine galo: Benoît Magimel.

El inesperado éxito de la adaptación de El Sr. Ibrahim y las flores del Corán parece haber animado a su autor, Eric-Emmanuel Schmitt, a adaptar y dirigir su Odette, una comedia sobre la felicidad, con Catherine Frot y J. Weber.

Dentro de nuestras fronteras, Ray Loriga es quizá el caso más emblemático. Escribió con Almodóvar Carne Trémula y trasladó al cine el crimen de Puerto Urraco en El séptimo día, de Carlos Saura.

En 1997 adaptó su novela Caídos del cielo, estrenada como La pistola de mi hermano. Ha tardado diez años en rodar su segundo largo, Teresa, el cuerpo de Cristo, y se apuntó un tanto al convertir a Paz Vega en la famosa santa abulense.

El oscarizado John Irving

John Irving es un experimentado guionista y un espléndido narrador. El mundo según Garp, Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra o El hotel New Hampshire se convirtieron en largos de culto filmados por George Roy Hill, Lasse Hallström y Tony Richardson. Incluso ganó un Oscar por el guión de Príncipes de Maine, rebautizado en el cine como Las normas de la casa de la sidra. Estos días, Irving finaliza el rodaje en Alicante de El jardín del Edén, basada en la novela homónima de Hemingway.

Y también...

Arturo Pérez-Reverte. A partir de su saga literaria elaboró el guión de Alatriste, que dirigiría Agustín Díaz Yanes.

Raymond Chandler. Más allá de su genio como novelista firmó los guiones de Perdición o La Dalia azul.

Michael Crichton. Autor de best sellers como Acoso, dirigió Contra toda ley.

David Trueba. Ha escrito y filmado, entre otras, La buena vida y Soldados de Salamina, y los guiones de Perdita Durango y Balseros.

David Mamet. Siempre entre el cine y la literatura, trabaja en Redbelt, escrita y dirigida por él mismo.

Etiquetas: , , , ,

martes, julio 10, 2007

La música del azar: Reconstruyen un manuscrito histórico

Es un problema matemático planteado por Alan Turing, considerado el "padre" de la computación

Suponga que viaja a Las Vegas, donde los casinos están abiertos las 24 horas, y registra los números que salen en una ruleta imaginaria de sólo diez casilleros (del 0 al 9).

En teoría, obtendría una serie infinita de números en la que los ceros aparecerían en la misma proporción que los unos, que los dos, que los tres..., pero también el doble cero en la misma proporción que todo otro bloque de dos dígitos, y así para todos los bloques de todos los tamaños. Es decir que todas las combinaciones posibles aparecerían con la misma frecuencia relativa. Eso es lo que debería ocurrir, si no hay trampa en la ruleta...

En los años treinta, Alan Turing, el célebre matemático británico considerado el "padre" de la informática moderna, se preguntó si era posible hacer una computadora que arrojara una lista infinita de números con esta propiedad del azar que en matemática se llama "normalidad".

El manuscrito que plantea este problema y su solución -A note on normal numbers-, seis páginas garrapateadas en tinta negra sobre el reverso del célebre trabajo en el que Turing describía la "máquina" que formalizaba el concepto de algoritmo (secuencia de operaciones) y de computación, quedaría inédito hasta que a principios de los años noventa otro matemático, J. L. Britton, lo incluiría dentro de uno de los cuatro tomos que abarca la recopilación de toda su obra.

En sus comentarios, Britton estima que el teorema es falso, pero un trabajo recientemente publicado por investigadores argentinos en la revista Theoretical Computer Science no sólo logra completar las partes faltantes del original de Turing, sino que demuestra que era cierto: de hecho existe un algoritmo capaz de producir una secuencia "normal".

"Nos tropezamos con esto en los Collected Works of Turing on Pure Mathematics, la obra de Britton de 1992 -cuenta la doctora Verónica Becher, investigadora del Conicet en el Departamento de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y primera autora del trabajo-. Estaba volviendo desde Nueva York y había fotocopiado el trabajo, porque el libro de Britton es muy caro. Entonces me dije: «Esto tengo que entenderlo; tengo que saber por qué es verdadero o por qué es falso»."

A Becher y a Santiago Figueira, que trabajaron con Rafael Picchi, el desafío les llevó más de tres años de ardua tarea.

"Había muchas cosas que no conocíamos -cuenta la investigadora-, y la primera dificultad fue que el primer teorema comenzaba con un resultado que tenía un asterisco, sin demostración."

"Y era un lema importante -agrega Figueira-, porque si era verdadero, todo lo demás era verdadero."

Los científicos argentinos no sólo lograron reconstruir y demostrar el resultado faltante de la solución de Turing, sino también llenar y corregir los "baches" que había en el resto del trabajo. Así, pudieron demostrar que Turing estaba en lo cierto (y Britton, equivocado).

"En realidad, faltan algunas demostraciones y hay otras que no están justificadas, y eso forma parte del trabajo que hicimos. Pero aunque el manuscrito tenía pequeños errores, preservamos todas las ideas de Turing", comenta Figueira.

La música del azar

Los números "normales" integran una antigua tradición de estudios. "El interés por la «normalidad» es muy antiguo; podría vincularse con lo cabalístico, con la erudición judaica -explica Becher-. Emile Borel dio la definición de número normal en 1909 y lo primero que hizo fue demostrar que la gran mayoría de los números tienen esta propiedad. La «normalidad» es una propiedad del azar. Se podría decir que, desde el punto de vista de los números, el azar es «democrático»: todos tienen la misma chance de aparecer."

Sin embargo, explican los investigadores, aunque la mayoría de los números cumplen con esta condición, es difícil encontrar una forma abreviada que describa uno de ellos en particular.

"Cuando Turing se propone definir esto, se está metiendo en un problema para el que sabía que no necesariamente iba a encontrar una solución -dice Becher-. Y él la encuentra."

Pero aunque el matemático británico hace un aporte importante, su ejemplo no es enteramente satisfactorio.

"En un sentido fuerte, no -dice Figueira-. En primer lugar, el algoritmo [desarrollado por Turing] es muy lento. Si uno lo quiere correr en una computadora y obtener los números, resulta que no se puede: tarda mucho. Es extremadamente lento."

"Por otro lado -agrega Becher-, este numerito no tiene otra propiedad que ser la salida de este algoritmo. Borel, célebre matemático francés a quien se debe, entre muchas otras cosas, la definición de «normalidad», dice que una definición no sólo tiene que identificar una propiedad o un elemento particular, sino que además tiene que permitir probar teoremas importantes o interesantes acerca de lo nombrado, y si uno no tiene nada bueno para decir de ella, es irrelevante. Si lo único que podemos probar es que este número es «normal»... bueno, es un poquito insatisfactorio."

Tal vez lo más interesante de todo esto es que la computadora, el hito que marca el nacimiento de una nueva era, surge de un trabajo de matemática pura. Alan Turing la crea en su estudio On computable numbers with an application to the Entscheidungsproblem, que publica laSociedad Matemática de Londres, en el que analiza la cuestión planteada por David Hilbert sobre si existe un método definido que pueda aplicarse a cualquier sentencia matemática y nos diga si es cierta o no.

Con ese modelo formal, Turing demuestra que existen problemas que una máquina no puede resolver. "Después, él busca una posición fuera de King s College y pide una carta de recomendación. Es curioso, pero allí no se menciona este trabajo fundacional de Turing -comenta Becher-. En la cultura de la época no se esperaba que los científicos estuvieran haciendo trabajos aplicados todo el tiempo..."

También con un trabajo de ciencia básica, Becher y Figueira convalidan la respuesta que uno de los mayores talentos de la historia encuentra para una pregunta que lo inquietaba y hacen un valioso aporte a los estudios sobre el azar y los números "normales".

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

Etiquetas: , , , ,

jueves, junio 28, 2007

Paul Auster presentará su película en el Festival de San Sebastián, donde será jurado

ALBERTO MOYANO/SAN SEBASTIÁN (El Comercio Digital)

El escritor Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947), premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, formará parte del jurado de la Sección Oficial de la próxima edición del Festival de Cine de San Sebastián, que se celebrará del 20 al 29 de septiembre. El autor de 'Leviatán' presentará además en el certamen donostiarra su segunda película, 'La vida interior de Martin Frost'.

La organización del Zinemaldia baraja la posibilidad de que Auster sea el presidente del jurado aunque este extremo está aún sin confirmar, a falta de completarse la lista del resto de los miembros. El presidente del jurado en la pasada edición fue el también escritor José Saramago. Desde Donostia Kultura se pretende que Auster haga un hueco en su apretada agenda festivalera para participar en algún acto público que le permitiera mantener un encuentro con sus lectores.

El escritor estadounidense debutó en la dirección cinematográfica en 1998 con 'Lulu on the bridge', tras colaborar con Wayne Wang en las películas de 1995 'Smoke' y 'Blue in the face'. Durante buena parte del pasado año, Auster estuvo volcado en el rodaje de 'La vida interior de Martin Frost'. La cinta es, según ha manifestado el escritor en diversas entrevistas, una comedia entroncada argumentalmente con su novela 'El libro de las ilusiones'. El protagonista del filme, Martin Frost, está interpretado por el actor inglés David Thewlis, conocido en el papel del profesor Lupin de Harry Potter y el prisionero de Azkabán. Irene Jacob y Michael Imperiali completan el reparto de la película en el que también figura Sophie Auster, hija del escritor.

Etiquetas: , , , ,

jueves, junio 21, 2007

Jordi Sevilla, un político que lee

Pues eso, que el señor Jordi Sevilla, al parecer lee, y en ocasiones escribe de lo que lee, no es que sea el reseñista más brillante que hayamos leído, pero ahí está, haciendo su comentario acerca de Brooklyn Follies de Paul Auster.

http://blog.jordisevilla.org/2006-09-20/brooklyn-follies-de-paul-auster/

También descubrimos que es autor de un libro titulado "el nuevo socialismo", que según su esquema se vuelve un up-to-date del ideario liberal de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad.

Los blogs de los políticos son por necesidad demasiado correctos políticamente, amén de ortodoxos, por lo menos en este se agradece que se muestre algo de personalidad y que además se hable de libros.

Aquí ni quitamos ni ponemos Rey -bueno si nos invitan a hacerlo quien sabe- puestos a elegir preferimos a la canalla de los artistas más que a la meritoria función pública, pero merce la pena señalar este caso porque aunque parezca normal, el que un señor político haga esto es francamente raro.

Etiquetas: , , ,

sábado, junio 09, 2007

Dibujante Isol en la Feria del Libro Infantil de Santiago de Chile

Póngale color

La argentina, conocida por haber sido la vocalista de Entre Ríos, hará el taller ?Dibujando secretos?. Ha ilustrado poemarios de Jorge Luján, tapas para la Editorial Fondo de Cultura Económica y le ha puesto color a las historias de Paul Auster. La feria está en el Parque Bustamante.



La Nación


JAVIER GARCÍA

-¿Cuándo iniciaste tu trabajo de ilustradora?

-Empecé a hacer comics al salir del Magisterio de Bellas Artes, a la vez que trabajaba como creativa en publicidad. Con estos materiales fui mostrando mi trabajo el ?93 y así empecé a crear para diarios y revistas. Es un trabajo muy interesante porque se maneja esta relación entre palabra y dibujo, como en el cómic y en los libros ilustrados.

-¿Y tus primeras publicaciones?

-Fue al enterarme de un concurso de la editorial FCE. Mandé un proyecto con texto e ilustraciones y al mes recibí un llamado de Daniel Goldin -encargado de la colección-, diciéndome que le había encantado el libro. Esto sucedió en 1997, y he continuado trabajando en este campo que cada vez me apasiona más. A veces ilustro mis textos y a veces los de otros escritores, como Jorge Luján y Paul Auster.

-¿Cómo nació la posibilidad de ilustrar textos de Auster?

-Por ejemplo, ?El cuento de Navidad de Auggie Wren?, me fue propuesto para ilustrar por la Editorial Lumen, en Barcelona. Tuve que presentar una propuesta al ser elegida entre varios ilustradores españoles. Me divertí muchísimo, y creo que el resultado es algo distinto a lo que venía haciendo, cosa que se da con los textos que traen nuevos desafíos. La gente de Lumen le mostró los primeros dibujos a Paul Auster y dicen que quedó encantado. Luego conocí a Siri, su mujer, en Buenos Aires, y me confirmó que estaba muy contento con el libro.

-¿Conoces dibujantes chilenos?

-Tengo algunos amigos que hacen historietas, de la revista ?Ergocomics?. Hace poco me contacté con la gente de Siete Rayas, un proyecto de ilustradores chilenos muy buenos, y me gustó mucho el material que tienen en la página.

-¿En qué estás trabajando ahora?

-Estoy haciendo un taller en la web con niños, tratando de armar una historia juntos a partir de imágenes que hago. El proyecto se llama ?Chicosyescritores?. También tengo un nuevo proyecto con Jorge Luján, el último libro que hice con él se llama ?Numeralia? y salió este año en FCE.



--------------------------------------------------------------------------------

COORDENADAS: El 30 de mayo Isol hará el taller ?Dibujando secretos?

en la Feria del Libro a las 12 horas, y a las 18 horas conversará con ilustradores chilenos en la Biblioteca de Santiago.

Etiquetas: , , , , ,

lunes, junio 04, 2007

Lou Reed se atreve con la fotografía

PHotoEspaña 2007 expone parte de la instantáneas casi inéditas del precursor del punk

Efe, Madrid
Ha sido precursor en el punk y el arte pop y, desde que editó su primer álbum en solitario hace ahora 35 años. Pero el Lou Reed del siglo XXI se decide a mostrar su fotografía, donde ha creado una obra hasta ahora casi inédita de la que puede verse una parte en PHotoEspaña 2007.



Fue el primero en imponer los sonidos alternativos en el rock y su colaboración con la factoría de vanguardia de Andy Warhol le convirtió en icono artístico. Nueva York corre por sus venas y es inspiración para sus múltiples facetas creativas.

Ahora que apenas se prodiga por los estudios de grabación, con tal solo dos álbumes publicados en los últimos diez años, el Lou Reed más atractivo para los medios es el que ejerce la fotografía, una vertiente artística que cultiva desde los años 70 pero que mostró por vez primera ante el gran público en Nueva York a principios de 2006.

Faceta que desde esta semana se hace realidad en España. La sección oficial de PHotoEspaña 2007 presenta la exposición Fotógrafos insospechados. Celebridades detrás del objetivo, en la que la mirada tras el objetivo de conocidos creadores de otros ámbitos de la cultura -Pedro Almodóvar, Patti Smith y Mikhail Baryshnikov, entre ellos- coinciden en una misma sala de exposiciones, La Fundación Canal.

Las claves del glam-rock

Si con The Velvet Underground, el músico sentó las bases del punk, e incluso del posterior grunge, fue en los inicios de su trayectoria en solitario, hace ahora 35 años con el álbum Transformer, cuando esbozó las claves del glam-rock.

Producido por David Bowie y Mick Ronson, el disco propone un día perfecto en Nueva York, un paseo por su lado salvaje a través de todos los sonidos de la ciudad, encerrados en once temas hechos de ambigüedad y de asfalto.

Los sonidos jazz del Lower East Side y algunos guiños orquestales, como la tuba que acompaña la melodía de Make up, y el vodevil decadente propio de un espectáculo del Off-off Broadway que ambienta Good night ladies, acompañan las explícitas letras del neoyorquino.

La balada Satellite of love, también incluida en Transformer, vivió en 2004 una segunda vida comercial al conquistar las pistas de baile gracias a una remezcla que se coló en las listas de éxitos de toda Europa.

Porque el creador de Walk on the wild side no tiene reparos en mirar al pasado, y se encuentra en estos momentos embarcado en un ambicioso proyecto: recuperar sobre el escenario su tercer trabajo en solitario, Berlin (1973), obra oscura, emocional y de profunda carga psicológica con la que escogió el camino difícil, en vez de prolongar el éxito comercial y crítico del aclamado Transformer.


Gira europea

En una gira europea de presentación -que comenzará el próximo 18 de junio en Bruselas y visitará Holanda, Francia, Alemania, Reino Unido e Italia-, Lou Reed estará acompañado de un conjunto de 30 músicos que se sumarán a su banda habitual, además de secciones de cuerda y viento y un coro infantil.

El cine ha sido otras de las vías de escape para el torrente creativo del artista neoyorquino, quien debutó como actor en 1980 con One trick pony, junto a otra leyenda musical como Paul Simon.

Su presencia resultó casi inevitable en Blue in the face y Lulu on the bridge, dos de las películas de otro neoyorquino de genio versátil y magnético como el de Reed, el escritor Paul Auster.

Etiquetas: , , , , ,

lunes, mayo 28, 2007

Auster y el cine

JAVIER MEMBA, El Mundo, 01 de Julio de 2003

A tenor de la historia de Héctor Mann -uno de los personajes principales del último libro de Auster, misterioso descendiente de los gauchos judíos que abandona Argentina para convertirse en uno de los primeros "latin lovers" del cine mudo- cabe suponer que Paul Auster es un gran cinéfilo.

Nada más lejos de la realidad. La cinefilia en quien para muchos es el novelista moderno por excelencia es una más de las ilusiones a las que alude el título de su última novela. "El libro de las ilusiones" -el texto en cuestión- es inequívoco a este respecto: aunque hay algo en Mann que nos recuerda a Rodolfo Valentino, todas las películas aludidas en la narración de su experiencia son ficticias.

La palabra poética antes que la imagen

Ni siquiera la entrada de la que goza en los últimos diccionarios de cineastas, merced a su breve pero celebrada filmografía, convierten a Auster en un cinéfilo. Cineasta sí, incluso parece ser que en algún momento creyó que su verdadera vocación estaba tras la cámara, pero no cinéfilo. Prestó tan poca atención a sus inquietudes fílmicas que nunca llegó a obsesionarse con la pantalla, como lo estuvieron, lo están y lo estarán tantos de sus colegas.

Lo que en verdad apasiona al autor de "Leviatán" (1992) es la poesía francesa. Sus traducciones de Stèphane Mallarmé son memorablesson y no es exagerado calificar su "The Random House Book of Twentieth Centtury French Poetry" (1982) de clásico. Ni decir tiene que esta filia por la lírica gala, que Francia le ha devuelto convirtiéndole en uno de sus autores extranjeros favoritos, es tan respetable y admirable como la cinefilia. Ello no quita para que no deje de ser curioso un cineasta tan poco cinéfilo.

Decepcionado por el cine

A diferencia de Alain Robbe-Grillet, el otro gran novelista que goza de entrada en los diccionarios de cineastas, Auster no tiene una cultura cinematográfica. Pero, al igual que el paladín del "noveau roman" su bibliografía ha suscitado el interés de algunos de los realizadores más sugerentes de su tiempo. Si Robbe-Grillet, merced a sus novelas, fue iniciado en la realización cinematográfica por Alain Resnais, Auster, por idénticos méritos, lo fue por Wayne Wang.

Poco importa que el francés figure como guionista de "El año pasado en Marienbad" (1962) y el norteamericano como codirector de "Smoke" y "Blue in face" (ambas de 1994), lo que cuenta es que los dos descubrieron el cine de la mano de un gran cineasta. La analogía vuelve a dejar de serlo en lo que los orígenes se refiere. No hay en Auster una infancia de "Pathé baby" cuyas imágenes fueron determinantes en esa Escuela de la Mirada propuesta por Robbe-Grillet.

Ganarse la vida o ganar su vida

Bien es cierto que Auster, durante sus últimos días en la Universidad de Columbia intentó paliar algunas de esas estrecheces económicas de sus primeros años a las que se refieren sus notas biográficas publicando artículos sobre películas en el "Columbia Daily Spectator". Pero una vez comenzó a ser reconocido como novelista, el cine le interesaba tan poco que, pese a que ya fue reclamado por la pantalla desde que publicó sus primeras ficciones, no sería hasta 1990, cuando decidió dar permiso a Philip Hass para adaptar "La música del azar".

Cuatro años después, su colaboración con Wang colocaba a Auster en los altares de los circuitos en versión original. Ya desde este privilegiado puesto, el autor de la "Trilogía de Nueva York" relevó a uno de los grandes nombres del cine de autor, Wim Wenders, en la dirección de "Lulu on the Bridge" (1997), una suerte de remake de "La caja de Pandora" (1929), el clásico de Georg Wilhem Pabst. Acogida por la crítica con frialdad, cabe suponer que el gran Auster, al igual que el gran Robbe-Grillet, es el novelista, que no el cineasta.

Etiquetas: , , , , , ,

jueves, mayo 24, 2007

Auster: identidad y ficción

Autor del artículo: PABLO MONTANARO
Publicación: Río Negro (http://www.rionegro.com.ar/diario/cultural/2006/10/28/3945.php)

Los personajes de las historias escritas por Paul Auster pueden ser vistos en toda su dimensión y hondura con la finalidad de otorgarles la posibilidad de encontrar su propia identidad, su propio conocimiento de sí mismos y, sobre todo, el bien más preciado: el de la esperanza.
Sus obras se desarrollan en un interesante entramado entre la ficción y lo biográfico, y un constante despliegue: del policial al género de aventuras, de las dificultades de las relaciones humanas a la incomunicación, del humor a la mirada melancólica sin dejar de lado la ternura, de su amada Nueva York ?y más precisamente su barrio Brooklyn? al cuestionamiento de los falsos valores de la sociedad de consumo, de la ausencia constante de la figura paterna a la sinuosidad de ese largo camino que es el crecimiento, de los misterios del azar a la búsqueda del sentido de la escritura... Por eso el jurado que días atrás le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006 resaltó que Auster ha explorado nuevos ámbitos de la realidad para dar ?un testimonio estéticamente muy valioso de los problemas individuales y colectivos de nuestro tiempo?.
Paul Benjamin Auster nació en Newark, Nueva Jersey, en 1947, en una casa donde había pocos libros tal vez porque a su padre la literatura como el teatro y el cine lo aburrían. Por suerte en plena adolescencia, un tío que era traductor se fue a vivir a Italia y dejó cajas repletas de libros que no resistieron la tentación de Paul por saber de qué trataban esos volúmenes. Así fue que se encontró con ?Crimen y castigo? de Dostoievsky que lo deslumbró de tal forma que confirmó su deseo de ser escritor.
Se graduó en Literatura Inglesa en la Universidad de Columbia pero sus aspiraciones no eran precisamente convertirse en académico y pasar el resto de su vida dictando clases, sino ejercitarse en la escritura de prosa y poesía, y si ganaba dinero mucho mejor para vivir en forma modesta. Después de trabajar como marino en un buque petrolero, Auster se fue a Francia donde vivió cuatro años, traduciendo obras de escritores franceses al inglés, oficio que le permitió encontrarse como escritor porque ?traducir grandes poetas del pasado es la forma más completa de experimentar la literatura?, explicó. En 1974 regresó a Nueva York y comenzó a poner su firma al pie de sus poemas y ensayos publicados en prestigiosas revistas como New York Review of Books y Harper?s Saturday Review.
La historia de estos primeros veintisiete años de la vida de Auster están volcados en el libro ?A salto de mata? (giro hispano similar a ?no tener donde caerse muerto?), un conmovedor y divertido relato protagonizado por aquel joven dispuesto a sobrevivir de cualquier modo sin traicionar su ambición más profunda: escribir. También Auster se anima a hablar de la muerte de su padre y reflexionar acerca de la relación con el dinero.
Los ?70 fueron para Paul Auster los años en que moldeará su particular universo literario explorando la poesía y el ensayo, materiales que fueron reunidos en ?Pista de Despegue?, publicado en 1990. En sus poemas se advierten los ejes temáticos que desplegará posteriormente en su narrativa como el azar, la identidad, los misterios de la vida cotidiana. En tanto, los ensayos le permiten analizar y reflexionar sobre escritores y artistas que marcaron su camino de escritor y su concepción de la literatura: Knut Hamsun, Sir Walter Raleigh, Paul Celan, Giuseppe Ungaretti, Samuel Beckett, Edmond Jabés.
Enterado de la muerte de su padre, en enero de 1979, Auster empieza a escribir ?La invención de la soledad? (1982), que, según sus palabras, fue el comienzo de su carrera como novelista. El libro se divide en dos partes. En la primera, ?Retrato de un hombre invisible?, muestra la complicada relación con su padre, un ser extremadamente distante y avaro, ?cuando ponga un pie en el silencio, significará que mi padre ha desaparecido para siempre?, anuncia. En tanto, en la segunda, ?El libro de la memoria?, Auster reflexiona acerca de su propia experiencia como padre y la soledad del escritor. ?La vida de su hijo la importaba más que la suya, y si su propia muerte hubiese servido para salvar a su hijo, la habría aceptado sin dudar. Por lo tanto, justo en aquel momento de terror se había convertido, de una vez para siempre, en el padre de su hijo?.
En 1987 la crítica elogia su primer volumen de cuentos, ?Trilogía de Nueva York? que comprende tres nouvelles: ?Ciudad de cristal?, ?Fantasmas? y ?La habitación cerrada?. En la primera, el autor de novelas policiales recibe un llamado telefónico de un desconocido que, confundiéndolo con un detective privado, le encarga un caso que asume y lo envuelve en confusas situaciones. En ?Fantasmas? un detective privado debe vigilar a un hombre pero todo se confunde y no se sabe bien quién vigila a quién. En ?La habitación cerrada?, un amigo de la infancia del protagonista desaparece y es el inicio de una angustiante confrontación de recuerdos. En síntesis, tres novelas cortas que parten del relato policial para desembocar en cuestiones metafísicas.
?El palacio de la luna? (1989) es el libro que lo consagran como narrador emblemático de su generación. Elegido como el mejor libro publicado en Francia en 1990 por la prestigiosa revista Lire, cuenta la historia de un huérfano educado por su tío, un músico frustrado que tocaba el clarinete en mediocres orquestas, y que a través de curiosas coincidencias e insólitas aventuras ?bajo el influjo de la omnipresente luna? llega a descubrir los misterios de su origen y la identidad de su progenitor.
El azar, las búsquedas de nuevos rumbos, las decisiones de cambiar una vida, son pilares en el mundo de Auster y esto es lo que presenta su novela ?La música del azar? (1990), llevada al cine por el director Phillip Haas. El personaje, Jim Nashe, recibe una inesperada herencia de un padre que jamás conoció, y posteriormente es abandonado por su mujer lo que lo lleva a lanzarse a una vida errante gozando del desarraigo absoluto. En medio de ese festivo deambular conoce a Pozzi un joven profesional de poker al que se asocia y tendrán la oportunidad de hacerse ricos si logran vencer a una pareja de curiosos millonarios. Nashe y Pozzi penetran en un ámbito sutilmente terrorífico, y la morada de los millonarios se convertirá en una peculiar prisión, cuyos ilusorios límites y leyes no menos ilusorias deberán descubrir.
Después de sus incursiones en el cine con ?Cigarros? y ?Humos del vecino? (ver aparte), Auster vuelve a la literatura con ?Mr Vértigo? (1994), una de sus novelas más leídas en la que presenta una suerte de historia fantástica sin dejar de lado el realismo. ?Yo tenía doce años la primera vez que anduve sobre el agua?, comienza diciendo el protagonista de esta novela que es la historia de otro de los niños huérfanos de la literatura clásica, Walt Rawley, a quien el maestro húngaro Yehudi le enseña a volar y lo convierte en niño prodigio. Con Mr Vértigo, Auster reconstruye la vida de ese chico que va perdiendo la magia a medida que crece y le permite recorrer y ahondar en la historia de los Estados Unidos desde los años ?20 hasta la época de la posguerra. Una vez más, Auster se anima con el itinerario personal de un hombre que trata desesperadamente encontrar un sentido a su vida.
En ?Leviatán? (1999), Auster reitera una vez más algunos de los ejes de sus historias: entrelazar destinos, observar críticamente la vida social y política norteamericana, y reflejar la complejidad de las relaciones humanas. Peter Aaron, especie de alter ego de Paul Auster (las iniciales de ambos son las mismas), escribe la biografía de su viejo amigo (Paul Sachs), también escritor, encontrado muerto en una carretera por haber estallado una bomba en una de sus manos. Una vez más las vidas coinciden y se confunden: un novelista que escribe la biografía de otro novelista. Este libro recibió en 1993 el Premio Medicis a la mejor novela extranjera.
Con ?La noche del oráculo?, editada en el 2004, Auster trenza una vez más una serie de relatos logrando que realidad y ficción intercambien sus fichas a través de una prosa brillante y vertiginosa. Un escritor, Sidney Orr, en plena escasez literaria crea un personaje, Nick Bowen, a partir del consejo de otro escritor, John Trause (apellido que es anagrama de Auster), es tal la concentración del escritor que se hace invisible a su esposa. El personaje de ficción, Bowen, es propietario de un manuscrito inédito de una reconocida escritora de los años ?20, Sylvia Maxwell, titulado La noche del oráculo. El espacio entre autor y personaje se va estrechando en esos laberintos que tan bien saber armar Auster.
Este año se publicó ?Brooklyn Follies? en la que Auster vuelve a sus obsesiones: la búsqueda de la identidad, la amistad y la fuerza de la literatura. El protagonista, el sexagenario Nathan Glass, vendedor de seguros, ha sobrevivido a un cáncer de pulmón y a un divorcio luego de tres décadas de matrimonio. Decide volver a Brooklyn, su barrio de la infancia, el lugar donde había empezado su historia, para vivir lo que le queda de su vida pero allí no encontrará la muerte sino todo lo contrario. Nathan conoce y se reencuentra con personas que transitan por diversas crisis existenciales pero que le cambiarán su vida, al tiempo que relacionándose con él, ellas reinventan las suyas. Brooklyn, será entonces, el lugar de renacimiento para Nathan. Pero detrás de la historia de este personaje emerge otra , más trágica: la del mundo antes del atentado a las Torres Gemelas. ?Quería hacer el elogio del mundo antes de la catástrofe ?explicó Auster en una entrevista?, exaltar la belleza simple de estar vivos, con todos los dolores y las alegrías. Después las cosas cambiaron: entramos en una nueva era y ya no volveremos a ser como antes?. Para escribirla Auster eligió la comedia como medio de contrarrestar el estado de depresión en el que se encontraba a raíz de los acontecimientos del 11 de setiembre.

NOVELAS DE CINE

Auster llegó al cine más por placer que por vocación ya que disfruta de trabajar con otras personas después de haber pasado tanto tiempo trabajando encerrado y solamente acompañado por su máquina de escribir.
Tal vez su relación con el cine se puede rastrear en aquellos años de universitario cuando para afrontar su magra economía escribía notas sobre películas en el ?Columbia Daily Spectator?.
El texto ?Cuento de navidad de Auggie Wren? escrito por Auster y publicado en el New York Times generó el interés del cineasta Wayne Wang quien decidió llevarlo al cine de la mano del guión del propio escritor en una película titulada ?Smoke? (?Cigarros?). Entusiasmado por la experiencia del rodaje, Auster escribe otro guión ?Blue in the face? (?Humos del vecino?), también llevado al cine por el mencionado cineasta. Ambas películas nos permiten colarnos en la intimidad de Auster y de su obra. Son verdaderas ?novelas de cine? con firmes raíces autobiográficas.
La maravillosa película ?Cigarros? es un homenaje emocional y sentimental a Brooklyn, el barrio de Auster, su ombligo del mundo. La cigarrería de Auggie (interpretado por el actor Harvey Keitel), ubicada en la esquina de la calle Court, es el punto de encuentro de los amigos para contarse sus historias y discutir. El planteo acaso sea que el espacio en las ciudades modernas deben ser hechos con lugares más pequeños construidos a escala humana para poder ser habitados. Hay en ambas obras un retrato de la comunidad en términos de afinidad emotiva. Paul Benjamín, el escritor que interpreta el actor William Hurt, compra cigarros diariamente en la cigarrería de Auggie, quien sobre el final del film le cuenta a su amigo el cuento de Navidad. Seis meses después de ?Cigarros?, Auster y Wayne se entusiasman, consiguen el dinero y filman la comedia ?Humos del vecino? que también se desarrolla en la misma cigarrería, ubicada a pocas cuadras de la casa de Auster, y por la que desfilan una galería de personajes inolvidables interpretados por Madonna, Lou Reed, Jim Jarmusch, entre otros geniales actores.
Respecto a estas dos obras, el escritor aclaró que su objetivo era escribir algo sobre gente común, de alguna manera hacer una película optimista, y a pesar de que aparece gente ?angustiada, perdida, abrumada de problemas, como en la vida, se da la circunstancia de que cada uno de los personajes trata de fomentar en el otro lo mejor que lleva dentro, lo que considera lo mejor. Se trata sencillamente de una manera determinada de abordar las cosas, los seres y la gente?.
Pero habrá más en relación a esta seducción que es el cine para Paul Auster quien aclara que algunas de las historias que quiere transmitir no pueden ser novelas pero si perfectamente trasladables a imágenes. Algo de eso sucedió con ?Lulu on the bridge? (?Lulu sobre el puente?), el primer film que dirigió solo. Una historia llena de misterio romántico en la que otra vez el azar y algunas otras fuerzas extrañas conducen a dos seres solitarios, heridos por la vida.
En estos días, mientras recibía la noticia del premio Príncipe de Asturias, Auster se encontraba dirigiendo en un paraje cerca de Lisboa, Portugal, su segundo fil, ?La vida interior de Martín Frost?, basada en un relato incluido en ?El libro de las ilusiones?, que trata sobre un realizador de cine y su misteriosa desaparición. (PM)

FRAGMENTOS

?No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe?, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.
(?) Yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente? inútil.
La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.
Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más.
(?) La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento. Nunca he querido trabajar en otra cosa?.
(Fragmentos del discurso pronunciado por Paul Auster al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, en Oviedo, España)

Etiquetas: , , , ,

viernes, mayo 18, 2007

El Parlamento de las Religiones

artículo publicado en "laverdad.es"
Claudio Martínez Möckel/Alicante

Alicante celebró el pasado día 12 esa iniciativa loable que es el Parlamento de las Religiones. El evento es una iniciativa muy importante, sobre todo en este momento histórico en el que nos encontramos, donde la religión ha sido secuestrada en muchas ocasiones por integristas y fanáticos. Eventos como este ayudan a cultivar la armonía y el diálogo entre las distintas comunidades religiosas y espirituales del mundo, y demuestra que la mayoría de los practicantes de las distintas religiones son personas pacíficas que luchan por la paz, la justicia y el respeto de la Tierra como reflejo de la trascendencia.

El diálogo entre religiones es necesario y bueno, pero también es necesario el diálogo entre la razón y las creencias religiosas, que actualmente está en crisis. En el recientemente publicado libro de Antonio Monda ¿Crees en Dios?, el autor entrevista a un grupo de escritores e intelectuales neoyorquinos que, tras el shock del 11-S, se muestran muy a disgusto con la religión. Paul Auster manifiesta en la entrevista que «de la religión me espanta su tendencia fundamentalista, y veo en torno a mí un mundo cada vez mas lleno de fanáticos». Para ser miembro de una religión, hay que creer en una serie de dogmas fundamentales que, para Paul Auster, llevan al absolutismo de creerse en la verdad y a la negación del pensamiento crítico. Estoy de acuerdo con Auster en cierta manera. La religión sin espíritu crítico, la fe del carbonero, puede llegar a la destrucción de la Humanidad, tal y como demuestran los fanáticos de Bin Laden. Hay formas de religión degeneradas y morbosas, que no edifican al hombre, sino que lo alienan y destruyen, y es necesario ser crítico con todas y cada una de las religiones.

Pero también es cierto el argumento contrario, al que se ha referido muchas veces Jürgen Habermas, de que si no existen unos límites morales trascendentes y no negociables, unas líneas rojas que nadie pueda traspasar, el Estado secular está condenado a su disolución, porque no puede garantizar sus fundamentos. Y en esa crisis estamos, con el riesgo de que la presión terrorista del islamofascismo pueda influir de manera decisiva en la configuración de las mayorías necesarias para gobernar, unas mayorías electorales que no tienen un fundamento normativo sólido, porque no existe un consenso acerca de unos mínimos morales absolutos que trascienda el juego de las mayorías y minorías políticas, que son las que deciden lo que está bien, mal o lo que es neutro, en función de estrategias electorales cada vez mas coyunturales.

Todas las civilizaciones han buscado la trascendencia. La esencia de las religiones codificadas en normas culturales, en creencias, es que no sólo el hombre es capaz de abrirse a Dios o lo trascendente, sino que Dios o lo trascendente se ha comunicado y se comunica con el hombre a través de una revelación, que es lo que constituye el centro de las creencias de cada religión. El estudio comparado de las religiones demuestra que, para llegar a ese más allá, a la salvación, el hombre debe buscar la verdad, el bien, el amor, siguiendo unos ritos distintos en cada religión, pero la esencia de esos ritos es la búsqueda de la verdad, del bien, del amor, para llegar a la salvación. Es decir, la trascendencia está en relación con la conciencia moral del hombre.

Etiquetas: , , , ,

domingo, mayo 13, 2007

La máquina de escribir


Quizá no tenga mucha relación con un blog de Paul Auster... en realidad si la tiene.


Simplemente un trazo para recordar este objeto, en franca recesión y cada vez menos visto: la máquina de escribir.


La forma canónica de la máquina surge con este modelo Underwood en 1895 y que aquí presentamos como pequeño homenaje a la tecnología de la escritura. Esta herramienta convirtió en cierto modo a los autores en "compositores" y no sólo redactores de sus propios textos, en una especie de "individualización" de las posibilidades técnicas que en su momento abrió la imprenta.

Etiquetas: , , , ,

lunes, mayo 07, 2007

Paul Auster y Arriaga debaten la influencia de la muerte en la creación literaria

El estadounidense Paul Auster y el mexicano Guillermo Arriaga mantuvieron anoche una charla casi de amigos íntimos en el marco del Festival Literario del Pen Club, que se celebra en Nueva York.

Durante una hora hablaron sobre sus carreras literarias y sus incursiones en el mundo del cine, en una charla que tomó tintes personales desde un principio y en la que destacaron los relatos de sus experiencias con el dolor y la muerte como puntos de partida en sus trayectorias vitales y profesionales.

Auster y Arriaga se interrogaron mutuamente sobre sus ansias de escribir «permanentemente», «el miedo a la hora de enfrentarse a una página en blanco para crear una novela o a un guión cinematográfico», y sobre cuestiones vitales que no han quedado alejadas de sus obras. Paul Auster -aclamado escritor neoyorquino y autor de obras como La trilogía de Nueva York , El palacio de la luna o Brooklyn Follie s-, reconoció que presenciar a los catorce años cómo un rayo mataba a un compañero suyo de campamento le cambió la vida por completo.

«Ese día cambió mi vida, porque entendí que cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. La realidad es absolutamente impredecible», aseguró el estadounidense, quien explicó que, después, «a los quince años sabía que quería ser escritor».

Para Arriaga, la cercanía con la muerte a causa de una dolencia en el corazón cuando era un adolescente, que practicaba boxeo, lo llevó a entregarse a la literatura. «Cuando supe que mis manos podrían ser las de un cadáver, me hice la promesa de tocar con ellas las pieles que quisiera tocar, golpear lo que debiera golpear y hacer algo con ellas que las sobreviviera. Así empecé a escribir», contó el mexicano.

Fuente: Diario de León

Etiquetas: , , , , ,

miércoles, abril 25, 2007

Paul Auster recibe una condecoración francesa en Nueva York

El escritor estadounidense Paul Auster recibió el lunes en Nueva York las insignias de comendador de la orden de las Artes y las Letras, una alta distinción francesa otorgada al 'más francés de los escritores americanos'.

'De todos los autores americanos, usted es el más francés', le dijo el embajador Jean-David Levitte, que expresó 'no solamente la profunda admiración sino también el inmenso amor que (sus) compatriotas sienten' hacia él.

El diplomático recordó el lugar del poeta y novelista en el cruce de tradiciones literarias, su conocimiento de la cultura francesa y su anclaje en la literatura americana. Además, evocó sus cuatro años pasados en Francia, traduciendo a poetas franceses, y su larga unión con las ediciones Actes Sud.

'Estoy tan emocionado que apenas sé qué decir', afirmó el neoyorquino con su distinción alrededor del cuello. 'He aprendido tanto de este país, este país me ha dado tanto... Es una relación entre un autor y sus lectores, y me siento profundamente honrado y quiero solamente decir gracias, gracias, muchas gracias a todos ustedes'.

La ceremonia marcaba también la apertura del 'PEN World Voices', foro de la literatura mundial organizado durante seis días por la asociación de escritores PEN American Center.

Salman Rushdie, director del evento, agradeció en francés 'a los franceses su apoyo en la creación de este festival' antes de mostrarse 'orgulloso de estar aquí' de su 'amigo' Paul Auster, 'gran escritor estadounidense, gran escritor francés', por su galardón.



Terra Actualidad - AFP

Etiquetas: , , , ,

jueves, abril 19, 2007

Paul Auster: "Cuando escribo un guión pienso en el rectángulo de la pantalla"

"La vida interior de Martin Frost" fue rodada en Portugal, con muy poco dinero. Auster dice que escribir para cine es muy distinto de escribir una novela.

Karen Wright
BLOOMBERG



La cómoda casa de ladrillo rojizo que tiene Paul Auster en la zona de Park Slope, Brooklyn, está llena de obras de arte, de libros y de elementos de la vida familiar cotidiana. El novelista vive aquí con su esposa, la escritora Siri Hustvedt, y Sophie, la hija de ambos.

Nos reunimos en la biblioteca del piso superior un día después de que el Museo de Arte Moderno proyectara The inner life of Martin Frost (La vida interior de Martin Frost), su segunda película como director, que fue seleccionada para encabezar el festival de nuevos directores que organizan el Lincoln Center y el MoMA.

Parece cansado, pero los profundos ojos oscuros siguen dándole un aspecto atractivo. Está vestido con sencillez: jeans negros y una camisa azul. ¿La película, que es la segunda que escribe y dirige, se basa en un libro?

"No, fue un guión desde el primer momento", dice. "Lo escribí hace un tiempo como cortometraje y siempre pensé en ampliarlo y convertirlo en un largometraje. Lo terminé apenas antes del 11 de setiembre y quise estar un tiempo a solas con mis libros".

?¿Escribe diferente cuando trabaja en un guión?

?Sí, un guión es diferente en todo sentido ?contesta con una sonrisa. ?En una novela se trabaja en un mundo tridimensional. Cuando escribo una novela huelo cosas, saboreo cosas. Paradójicamente esto no es cinematográfico. No hay una narración progresiva ni mucho diálogo. Por otra parte, no escribo escenas. Cuando escribo un guión, pienso en el rectángulo de la pantalla.

?¿Un guión es más real?

?No, no es real ?es la respuesta inmediata. ?Es por completo ficticio.

Auster está rodeado de detalles de la vida familiar. Le digo que la película me parece muy personal. Hasta los créditos aparecen sobre un fondo de fotografías de él, que tiene sesenta años, con su mujer y su hija.

El escritor tiene una explicación: "Tenía que vestir el set, y como era una película de bajo presupuesto decidí usarnos", señala riéndose. "Supongo que para la gente que nos conoce eso incorpora a la película otra capa de sentido."

¿Pasa lo mismo con la utilización de su voz, tan característica, como la voz del narrador? "No aparezco en los créditos. Mi voz agrega un elemento adicional si alguien me conoce", dice Auster. Si fuera por él habría contratado a un actor, pero el editor, Tim Squyres, lo convenció de hacerlo él mismo.

The inner life of Martin Frost se ajusta en un todo al guión y tiene sólo cuatro actores. Se filmó con un presupuesto muy bajo, de aproximadamente un millón de dólares, declara Auster. Se rodó en Portugal por un simple tema de costos. Hasta la cantidad de película fue la mínima necesaria.

"A menudo nos quedábamos sin película al terminar el día, de modo que tuve que pensar muy bien qué quería y qué iba a filmar", dice. Se ensayó durante dos semanas y media y el rodaje se hizo en veinticinco días. Auster mismo encontró la casa que se usó como locación.

Este guión es característico de Auster: un escritor que escribe una historia y una historia que se convierte en realidad o, como explica Auster: "Una historia de muñecas rusas o de cajas chinas. La historia principal es la caja más grande. La historia es tan delirante que no puede ser otra cosa que una historia."

La película es muy seria. Tiene un aire intelectual que sólo anima la aparición cómica del actor Michael Imperioli, que interpreta a un escritor que no puede escribir y que así le presenta al espectador un nuevo juego: lanzamiento de destornilladores, a la manera de dardos.

"Cuando era chico, tendría entre nueve y once años, visité a un amigo que tenía un cuarto con paredes de madera de pino con nudos. Nos pusimos a lanzar destornilladores a la pared tratando de que quedaran clavados", dice. "Le apostamos a su hermano mayor que no podría hacerlo. «él lanzó uno con fuerza. El destornillador salió disparado y quedó clavado. Me causó una gran impresión."

La película comprende tomas magníficas de árboles temblorosos, hormigas que se arremolinan en la tierra, la naturaleza en todo su esplendor.

"Mi intención era mostrar cómo el escritor que interpretaba David Thewlis procesaba las imágenes visuales en el cerebro", afirma Auster.

El impacto visual explica por qué Auster dotó a su héroe del viejo instrumento de escritura que él prefiere, la máquina de escribir.

"Las computadoras son aburridas de ver y la máquina de escribir tiene mejor sonido", dice. Un paneo por mesas en las que se ve un vaso, un termómetro y botellas constituye un intento de componer una naturaleza muerta a la manera del artista del siglo XVIII Jean-Baptiste-Simeon Chardin.

Chardin es una obsesión de la esposa de Auster y la película también refleja los intereses de la familia. Tal vez podría haberse llamado The inner life of the Austers (La vida interior de los Auster).

Traducción: Joaquín Ibarburu.

(Clarin)

Etiquetas: , , , , , , ,

sábado, abril 07, 2007

Paul Auster en Madrid

Paul Auster y su familia (Sophie Auster y Siri Hustvedt), en Madrid 2003. Círculo de Bellas Artes.

Etiquetas: , , ,

domingo, abril 01, 2007

Unas fotos, el apellido Restau y la voz en «off»

(artículo publicado en La Razón)

A pesar de que no es la primera vez que confiesa que le gusta ser reconocido como escritor, Paul Auster acaba de estrenar su segundo largo, después de que en 1998 se pusiera por primera vez tras la cámara para rodar «Lulu on the bridge». El rodaje de la cinta coincidó con la concesión del Príncipe de Asturias de las Letras, en mayo de 2006. No más de veinte personas formaban el equipo técnico del segundo largo y los actores eran cuatro (la propia hija del autor, Sophie, Irene Jacob, David Thewlis y Michael Imperioli) para un presupuesto que nada tiene que ver con el de las superproducciones. Las escenas fueron rodadas en tres escenarios: una casa, una carretera y un estudio en Lisboa,Sintra y Azenhas do Mar, uno de los pueblos más pintorescos cercanos ala cpital lusa. La cinta se estrenó el pasado día 22 en Nueva York y lo que se intuía que podía aparecer en la pantalla (los juegos de identidad del escritor) se vieron reflejados allí: la cinta arranca con una toma lenta sobre un conjunto de fotografías familiares de Jack y Diane Restau, que forman el matrimonio propietario de la casa en la que se desarrollará al acción. Las imágenes que se ven son del propio Auster y de su esposa Siri. La pareja se apellida Restau: si juegan con las letras seguro que no tardan en dar con un apellido mucho más conocido: Auster. Y una tercera, quizá un poco aventurada, pero que nos acerca aún más al universo del escritor de los increíbeles ojos verdes: la voz en «off» que se escucha en el metraje, con tono ciertamente grave, bien pudiera pertenecer al escritor de «Nada es azar». Paul Auster dirige, ha escritor el guión y es uno de los productores de la cinta, que cuenta también con financiación gala y lusa. Actualmente tiene en preproducción su nuevo trabajo, del que es guionista y que dirige Alejandro Chomsky, «In the Country on The Last Things». Tendremos que esperar.

Etiquetas: , , , ,

viernes, marzo 23, 2007

Participarán Arriaga y Aridjis en festival de literatura de Nueva York

Hablarán de inmigración, globalización, medioambiente y guerra al lado de otros escritores como Salman Rushdie, Paul Auster y Nadime Gordimer

Notimex
El Universal
Nueva York, EU
Miércoles 21 de marzo de 2007

12:28 Los mexicanos Guillermo Arriaga y Homero Aridjis participarán en la próxima edición del festival de literatura organizado por el PEN Club en Nueva York, junto a escritores como Salman Rushdie, Paul Auster y Nadime Gordimer.
Bajo el título "Home and Away" , la tercera edición del PEN World Voices se celebrará entre el 24 y el 29 de abril próximo en Manhattan, donde 162 escritores de 45 países hablarán de inmigración, globalización, medioambiente y guerra, entre otros temas.

Los organizadores informaron este miércoles que el escritor israelí David Grossman será el encargado de pronunciar el discurso conocido como Libertad de Escribir Arthur Miller, con el que se cerrará el certamen.

"Este año se lo hemos pedido a David Grossman porque él ejemplifica la creencia de Miller en el especial poder de la literatura para permitir la imaginación moral" , señaló en un comunicado Rushdie, presidente del festival.

"Tanto en su trabajo como en su vida privada, Grossman ha insistido en la responsabilidad del escritor para ayudar a la sociedad a alcanzar una más amplia, humana y compasiva concepción de ser ciudadano" , añadió.

Otra de las sorpresas será la participación de la rockera Patti Smith, precursora en los años 70 de la escena punk neoyorquina, en el Bowery Ballroom, junto al guionista Sam Shepard y el poeta Saul Williams.

Sobre el título de esta edición, el director del certamen, Caro Llewellyn, dijo que "en Estados Unidos la pregunta sobre quién puede llamar al país su casa ha encendido un debate nacional sobre la inmigración. Nosotros queremos abrir ahora esa discusión" .

Según la filosofía del PEN, los escritores tiene un papel fundamental para arrojar luz sobre todos estos asuntos y que el debate que se da en Estados Unidos "puede y debe ser enriquecido" por otras voces llegadas desde fuera de sus fronteras.

De acuerdo con un avance del programa, difundido por los organizadores, el festival será inaugurado con la participación de Aridjis, Laura Restrepo, Pico Iyer, Billy Collins, Roxana Robinson y el propio Rushdie.

El miércoles 25, le tocará el turno a Don DeLillo, la premio Nobel Nadime Gordimer y Steve Martin.

A lo largo del certamen, entre las numerosas mesas redondas y conversaciones "uno frente a uno" destacará la que mantendrán Arriaga y Paul Auster. También se examinará la transición de las letras latinoamericanas del realismo mágico al llamado "realismo trágico" .

El día 29, la Biblioteca Pública de Nueva York acogerá un homenaje al escritor y periodista polaco recientemente fallecido Ryszard Kapuscinski.

Fundado en 1921, el PEN es la organización de escritores y a favor de los derechos humanos más antigua todavía en funcionamiento, cuya misión es promover el avance de la literatura y la defensa de la libertad de expresión.

El Centro PEN de Estados Unidos, nacido en 1922, es el más grande -con tres mil 100 miembros- y activo de los 141 centros distribuidos por el mundo.

Etiquetas: , , , , ,

domingo, marzo 18, 2007

La venganza de los hijos de Auster

(La Nueva España - Eugenio FUENTES)

El premio «Príncipe de Asturias» convoca a todos sus personajes en «Viajes por el scriptorium», su última novela

Hace ya más de una década el neoyorquino Paul Auster, premio «Príncipe de Asturias» en 2006, reflexionaba así: «Todos mis personajes han experimentado alguna forma de pérdida, la rotura de algún vínculo fundamental, muchas veces biológico». Mister Blank, el protagonista de Viajes por el scriptorium, la última novela de Auster, no es una excepción a esta norma. Y no sólo eso. Por especial querencia del novelista, aficionado desde antiguo a las vueltas de tuerca metaliterarias, su extraviada condición es suma y consecuencia de los avatares vividos por todos los personajes que le han precedido.
Mister Blank, en apariencia uno más de los personajes beckettianos de Auster, es un anciano encerrado en una habitación, donde es vigilado con cámara y micrófono. No sabe ni quién es ni dónde está. Desconoce qué hace en ese lugar y cuánto tiempo lleva allí. Tampoco sabe a ciencia cierta si es un prisionero o puede salir de su encierro. Pero no lo averigua, porque tiene miedo. Sólo le consta que en la habitación, cuya única ventana está cerrada, hay una cama, un escritorio, una puerta que da a un baño y un sillón giratorio y rodante, aunque este gratificante detalle tardará en descubrirlo. Sobre el escritorio reposan treinta y seis fotografías y cuatro mazos de documentos.

Mister Blank -cuyo nombre en inglés alude a las claras a su mente en blanco, confusa, desmemoriada, inconexa- tiene, eso sí, un enorme complejo de culpa que le provoca una inmensa angustia, aunque tampoco puede quitarse de la cabeza la sensación de estar padeciendo una gran injusticia.
La sospecha de que ha hecho daño a muchas personas -a las que califica de agentes y sobre cuyas misiones ha escrito informes- le ronda de continuo la cabeza. Es más, en ocasiones, al cerrar los ojos, una legión de supuestos condenados desfila por su mente, adoptando los aires de una espectral santa compaña. Una procesión de seres sin rostro que emite un gemido apenas perceptible mientras recorre un páramo desolado.
El confuso aislamiento de Mister Blank, que teme la venganza de sus agentes, sólo es roto de tanto en tanto por algunas visitas y llamadas de teléfono: sus devotas cuidadoras, Anna y Sophia; un ex policía británico que indaga sobre un sueño, al que confiere una especial relevancia, y que le pone al tanto de que hay «mucho resentimiento» contra él; su médico, su abogado...
Mister Blank es, una vez más, un personaje vencido por el tiempo, como los que han venido protagonizando las últimas novelas de Auster: El libro de las ilusiones, La noche del oráculo, Brooklyn follies. En una reciente entrevista con el diario «El País» Auster explicaba que la génesis de Viajes por el scriptorium se encuentra en su imagen inicial: un anciano cabizbajo -tal vez el propio autor en un futuro no muy lejano- sentado al borde de una cama estrecha, con las manos sobre las rodillas y la mirada en el suelo. «Los ancianos son seres muy frágiles», constata Auster, «confundidos, les falla la memoria, no saben dónde están, no entienden bien qué les sucede, están indefensos. Se trata de algo muy común, pero olvidado». La vejez, pues.
Pero, como no podía ser menos en Auster, el anciano es sólo un instrumento para desarrollar una historia de encierro y extravío. El padre de La habitación cerrada o El palacio de la luna ha edificado el conjunto de su obra sobre una galería de seres errantes o recluidos, o ambas cosas. La habitación y el viaje han sido dos de sus escenarios recurrentes. Y Mister Blank será sólo el agente -por emplear un concepto muy presente en Viajes por el scriptorium- de una trama que, girando en torno a la memoria, la identidad y la palabra, arranca de un encierro para convertirse en un intenso periplo autorreferencial por toda la obra de Auster.
Porque las 120 líneas que llevo escritas, sin mentir deliberadamente, son sólo un ejercicio de simulación: un intento de aproximarse al modo de entender esta novela pesadilla que tendría un lector que no conociese ninguna narración de Auster. Si ése es su caso, y si desea preservar su virginidad, puede abandonar aquí la lectura de esta reseña. A condición de que tampoco haya caído en sus manos ninguna de las entrevistas promocionales concedidas por Auster.
En caso contrario, no tendrá mucha dificultad en darse cuenta de que Anna, la cuidadora que irrumpe en la habitación de Mister Blank en la página 24, no es otra que Anna Blume, la protagonista de El país de las últimas cosas. Un personaje, posiblemente el más querido por Auster, que le acompaña desde los 21 años, aunque tardó casi dos décadas en encontrar acomodo en su escritura. Su marido, David Zimmer, al que la propia Anna alude en la página 37, es el protagonista de El libro de las ilusiones.
Sophia, la otra cuidadora, es Sophia Fanshawe, personaje relevante de La habitación cerrada y mujer de Fanshawe, el enigmático escritor loco que decidió desaparecer antes de publicar una sola línea. Fanshawe contempló -¿lo recuerdan?- desde un ostracismo desesperado el éxito de sus obras, dadas a la imprenta por un albacea amigo que, a la postre, acabaría siendo el nuevo marido de Sophie.
El médico, Samuel Farr, también proviene de El país de las últimas cosas. El abogado, Quinn, es el protagonista de la primera novela de Auster, Ciudad de cristal, y resulta ser sobrino de Molly Fitzsimmons, la mujer que se casó con Walt, el niño prodigioso que levitaba en Mr. Vértigo. Incluso las 36 fotos que reposan sobre el escritorio son otras tantas imágenes de personajes de novelas de Auster.
«La idea subyacente es la de un escritor obsesionado por todos los personajes a los que ha dado vida a lo largo de los años», confiesa Auster, quien recientemente ha confesado que tal vez no escriba más novelas. «Crear personajes no es una acción gratuita, es algo que entraña una responsabilidad», sentencia. Lo malo es que, al parecer, la mayoría de sus entes de ficción son presas del resentimiento.
No es el caso de Anna, su bienamada, quien está muy reconocida a Mister Blank: «Sin usted no sería nadie», le confiesa, orientándonos sobre el papel demiúrgico del anciano encerrado. Pero Anna o Sophie son casos aislados. De hecho, alguna de las criaturas comparece en la habitación con una navaja entre sus ropas, por si se presenta la ocasión de cortar por lo sano. Y no es de extrañar, porque varias décadas enviando agentes a dolorosas misiones es la mejor manera de rodearse de entes rencorosos ávidos de venganza.
Vean si no el repertorio de acusaciones que, según le comunica el abogado, Quinn, lanzan sus agentes contra Mister Blank: «Desde indiferencia criminal a acoso sexual. Desde asociación ilícita con propósito de dolo hasta homicidio involuntario. Desde difamación del buen nombre de las personas hasta asesinato en primer grado. ¿Quiere que siga?».
No, Mister Blank no quiere más, aunque se declara inocente. «Lo paradójico», se defiende Auster en la entrevista citada, «es que si el libro que se escribe es bueno, las criaturas imaginarias están destinadas a tener una vida mucho más larga que la de su creador». ¿Ah, sí? Pues tal vez en la paradoja esté el castigo. Que el lector lo descubra. De momento, bástele con saber que en el mazo de documentos que reposa sobre el escritorio de la habitación se encuentra la solución al enigma.

Etiquetas: , , , , , ,

jueves, marzo 08, 2007

CANAL ABIERTO. UNA TIRADA DE DADOS: SOBRE El AZAR EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO

Abierto el plazo para participar hasta el 9 de marzo de 2007


La exposición Canal Abierto 2007, se presenta dentro del marco de las XIV Jornadas de Estudio de la Imagen de la Comunidad de Madrid (Una tirada de dados: sobre el azar en el arte contemporáneo) y como complemento de las mismas. La exposición acoge trabajos de autores contemporáneos, participantes en las jornadas, que tengan relación con el tema central de discusión, siendo, este año, el azar.

Coincidiendo con la celebración de las XIV Jornadas de Estudio de la Imagen, la Dirección General de Archivos, Museos y Bibliotecas, de la Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid, a través de la Subdirección General de Museos, organiza en la Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II una muestra de autores contemporáneos que tengan relación con el tema central de discusión. De esta manera, en la exposición Canal Abierto 2007 se prestará especial atención a los trabajos relacionados con el azar. La exposición Canal Abierto 2007 estará abierta desde el 29 de marzo hasta el 15 de abril de 2007.

Criterios de selección: La sala de exposiciones tiene capacidad para 32 participantes, quedando a criterio de la Organización de las Jornadas la selección de los mismos, así como la distribución de las obras en la sala. En el proceso de selección se tendrán en cuenta la calidad y aportación artística de los trabajos así como su afinidad con el tema. No se valorarán aspectos tales como el orden de inscripción ni el hecho de haber participado en ediciones anteriores. Se procurará una
representación de enfoques artísticos múltiples.

Cómo participar: Los interesados deberán cumplimentar el boletín de inscripción y enviarlo a la dirección que se indica, antes del 9 de marzo de 2007 (no se aceptarán los envíos recibidos con posterioridad a esa fecha). Deberán remitirlo junto con un comprobante bancario de haber realizado el ingreso del importe de la matrícula y un dossier explicativo de la/s obra/s a exponer, impreso en formato DIN-A4, en el que se indiquen técnicas y dimensiones.

Se comunicará únicamente la aceptación a los artistas cuyos trabajos hayan sido seleccionados. Éstos deberán asistir obligatoriamente a la reunión previa al montaje de la exposición o delegar en otra persona. La no asistencia supondrá la renuncia del candidato a su participación.

Montaje de la exposición Canal Abierto 2007: Cada participante dispondrá de un espacio expositivo de 2 a 4 metros lineales, en el caso de las obras de fotografía. Todos los trabajos en vídeo se mostrarán en un programa continuo. El propio autor será responsable de la producción, enmarcado, embalaje y transporte, así como del montaje y desmontaje de las obras en la sala y del seguro.

Las Jornadas toman su título, Una tiradas de dados: sobre el azar en el arte contemporáneo, de un poema escrito por el simbolista Stéphane Mallarmé en el año 1897; un poemas que contiene y anula, desde su inicio, un modo de proceder, el azar, que será el temas de estas Jornadas de Estudio. Un peculiar sistema que ha estado presente en la obras de autores del siglo XX como Marcel Duchamp, John Cage o el grupo FLUXUS, por citar tan sólo a algunos de los personajes cuyas tentativas se construyeron, de forma consciente, desde la casualidad, el imprevisto o el encuentro fortuito. Ensayos y obras que tendrán, en la inclusión de esa imposibilidad por controlar todas las variables y el resultado final, la principal de sus premisas para dar "forma al caos", en una práctica consciente de su fiabilidad desde su origen. Una tirada de dados es un estudio de esos "encuentros accidentales", desde la suma de miradas proporcionadas por disciplinas y puntos de vista diversos, e incluso encontrados?

A través de distintas ponencias, debate, un forum, la exposición Canal Abierto 2007 y una publicación que recogerá sus resultados, las XIV Jornadas de Estudio de la Imagen pretenden crear un espacio para la reflexión y el debate en torno a uno de los asuntos fundamentales en la comprensión del arte contemporáneo.

DATOS DE INTERÉS

Sala de exposiciones del Canal de Isabel II
Jornadas: del 29 al 31 de marzo
Exposición: del 30 marzo al 15 de abril
Comisarios: Beatriz Herráez y Sergio Rubira



* El coste de la matrícula, tanto para los que sólo quieran asistir a las conferencias como para los que además deseen participar en el Forum y/o la exposición, es de 20 euros, que se abonarán mediante transferencia a la cuenta: Caja Madrid. 2038 1826 12 6000350673 de la Comunidad de Madrid, C/ Princesa, 15. 28008 Madrid

fuente: Logopress

Etiquetas: , , , ,

viernes, marzo 02, 2007

Entrevista a Paul Auster "A lo mejor he llegado al final"

Fuente: El País (http://www.elpais.com/articulo/cultura/mejor/he/llegado/final/elpepucul/20070301elpepicul_1/Tes )

Es uno de los narradores más celebrados. Con 60 años, Auster confiesa que su imaginación da señales de agotamiento. En Viajes por el Scriptorium, que acaba de publicarse en España, reflexiona sobre la vejez y la responsabilidad de crear personajes. Eduardo Lago, director del Instituto Cervantes de Nueva York, conversa con uno de sus vecinos más ilustres.

Acaba de cumplir 60 años, aunque aparenta 10 menos. Tiene barba de varios días y un ligero resfriado que no le impide fumar, uno tras otro, los puritos holandeses a los que es adicto. Habla de su mujer, Siri Husvedt, que se encuentra cuando se realiza esta entrevista en España, para dar una conferencia sobre Goya en el Museo del Prado. Se muestra particularmente orgulloso de que hayan elegido su película The inner life of Martin Frost para abrir el Festival de Nuevos Directores que organiza el MOMA, en el mes de marzo. No está mal para alguien de mi edad, dice divertido el último Príncipe de Asturias de las Letras. Su última novela, Viajes por el Scriptorium (Anagrama), acaba de publicarse en España.

Pregunta. Hace un año, usted y yo nos encontrábamos exactamente aquí, en esta habitación. Yo le pregunté por el libro que iba a escribir después de Brooklyn Follies, y usted habló de la imagen que desencadenó Viajes por el Scriptorium. ¿Qué ha pasado entre entonces y ahora?

Respuesta. Como le dije entonces, todo empezó con la visión de un anciano que está sentado al borde de la cama, con las manos en las rodillas, mirando al suelo. Enseguida me di cuenta de que aquel anciano podía ser yo mismo, dentro de veinte o treinta años, y desde el momento en que se me alojó esa idea en el cerebro me puse a pensar en un libro que, un año después, ha visto la luz. La idea subyacente es la de un escritor obsesionado por todos los personajes a los que ha dado vida a lo largo de los años, en todas las novelas que ha escrito. Crear personajes no es una acción gratuita, es algo que entraña una responsabilidad, y eso es lo que abordo en la novela. ¿Qué significa dar vida a un ente de ficción? Lo paradójico, creo yo, es que, si el libro que se escribe es bueno, las criaturas imaginarias estén destinadas a tener una vida mucho más larga que la de su creador. Hay más. Pese a su brevedad, Viajes en el Scriptorium es una historia bastante complicada. Por una parte, es una pesadilla, pero también se puede leer como una alegoría o parábola política.

P. La novela es un viaje al pasado en varios sentidos. En primer lugar, es una recuperación de la memoria personal, pero también una indagación acerca del pasado histórico de su país. ¿Qué le hizo interesarse por la Confederación y por la suerte que corrieron los nativos amerindios?

R. Al escribir tenía en mente dos momentos históricos distintos. Uno es el presente. Es difícil obviar ciertas acciones del Gobierno americano actual y cómo influyen en los acontecimientos del mundo. Estoy pensando en la práctica llamada actuación extraordinaria, una de las cosas más espantosas que jamás ha hecho mi país, y que consiste en que hay agentes norteamericanos que detienen a sospechosos de terrorismo y los mandan a otros países para que los interroguen y torturen. La situación de mi protagonista es muy parecida, en el sentido de que no tiene la menor idea de dónde está ni por qué se encuentra en esa situación. En cuanto el pasado de mi país... Hablando claro, los Estados Unidos se fundaron sobre presupuestos maravillosos, pero hay manchas negras que ensucian seriamente nuestra historia desde sus orígenes. Hay dos episodios capitales, el exterminio (o intento de exterminio) de los indígenas, y la esclavitud. Esas dos lacras siguen proyectando su sombra sobre el presente.

P. ¿Cómo se le ocurrió poner de protagonista a un anciano que ha perdido la memoria?

R. El otro gran tema del libro es la vejez. La situación que vive mi protagonista la comparte muchísima gente con la que convivimos. Los ancianos son seres muy frágiles. Se los envía al asilo, obviando su fragilidad. Son seres confundidos, les falla la memoria, no saben dónde están, no entienden bien qué les sucede, están indefensos. Se trata de algo muy común, pero olvidado, y yo quise abordar eso en mi historia.

P. Entre los personajes que se le irán apareciendo a mister Blank, el primero, y uno de los más atractivos es Anna Blume, la protagonista de El país de las últimas cosas. Parece que usted siente particular debilidad por ella. ¿Qué representa?

R. Es uno de los primeros personajes que creé. Empecé a escribir su historia cuando yo era muy joven, a los 21 años, sólo que tardé muchísimos años en dar con la manera de escribir El país de las últimas cosas. Anna Blume es el personaje con el que he convivido más tiempo. Me ha acompañado a lo largo de toda mi carrera, y es el que siento más próximo a mí, y lo mismo le ocurre a mister Blank. Anna, a pesar de todo lo que ha sufrido, porque así lo ha decidido la imaginación de su creador, se siente muy próxima a él.

P. ¿Y cómo se le fue apareciendo el resto de los personajes a mister Blank? ¿O debería decir a Paul Auster?

R. Fue un proceso inconsciente. Se me aparecían sin que los llamara. Empecé el libro sin tener ningún plan preestablecido. Ni siquiera tenía la certeza de que lo que estaba haciendo fuera a acabar siendo un libro. Las cosas fueron surgiendo espontáneamente. Estaba probando ideas, pero una cosa llevó a la otra.

P. ¿Se siente satisfecho del resultado?

R. No lo sé. Cuando acabo un libro, nunca me siento demasiado satisfecho. Pero responde a lo que quería hacer, una vez que conseguí entenderlo, para bien o para mal.

P. Algunos críticos han dicho que es un libro muy austeriano: elegantemente escrito, con brillantes juegos metaficticios, pero que en realidad no añade nada nuevo a lo que ya nos había dado Paul Auster.

R. Ha habido división de opiniones, pero eso me ha pasado desde que publiqué mi primer libro. Hay gente que detesta lo que hago y gente a la que le encanta. No hay nada que pueda hacer yo. Tengo que aceptarlo.

P. En un momento de la historia, casi sin venir a cuento, alguien cuenta un chiste. ¿No resulta un tanto gratuito? ¿Por qué se le ocurrió introducir algo así?

R. Bueno, de pronto Blank recuerda una conversación con Fogg, el personaje de El palacio de la luna, que es quien cuenta el chiste. Pero no es una incorporación gratuita. No sé si se ha fijado en que el libro está dedicado al padre de mi esposa. Murió hace tres años, y yo tenía una relación muy estrecha con él. Fue él quien me contó el chiste, y lo incorporé como homenaje a él.

P. ¿Puede hablar un poco de la voz narrativa? Empieza utilizando la primera persona del plural, y hacia el final cambia al singular, ¿por qué lo hace? ¿Se trata de una venganza orquestada por los personajes?

R. Así es. La primera persona del plural es la voz colectiva de todos los personajes que ha creado mister Blank, que se confabulan contra él. Al final descubrimos que hay un personaje en particular que toma la iniciativa, pero no puedo decir por qué, porque entonces estropeo la novela a quien no la ha leído.

P. Usted reserva la aparición de Daniel Quinn, personaje de la Trilogía de Nueva York, para el final. ¿Quiere eso decir que Viajes por el Scriptorium es una suerte de regreso a los orígenes, una especie de recapitulación de toda su obra?

R. Es posible... Reconozco que es una decisión un tanto extraña. La verdad es que cuando terminé Brooklyn Follies no las tenía todas conmigo. Tenía dudas acerca de mi capacidad para escribir otra novela.

P. ¿Por qué? ¿Es que no se encuentra en buena forma su imaginación?

R. La verdad es que no lo sé. En estos momentos muestra signos de agotamiento. He trabajado demasiado últimamente. Escribí el guión de una película que se va a estrenar en marzo. Después de Viajes por el Scriptorium, no he empezado nada nuevo. Ojalá pueda seguir escribiendo. Tengo algunas ideas, pero son muy vagas. Quién sabe, a lo mejor he llegado al final. Quizás no haya más novelas de Paul Auster. No lo sé. Ojalá no sea así, pero en este momento no puedo asegurarle nada.

Etiquetas: , , , , , ,

lunes, febrero 19, 2007

Estreno de la próxima película de Paul Auster

En una reciente revista para The New York Post se anunciaba que el estreno de The Inner Life of Martin Frost se producirá en el New Director's Film Festival de marzo, apenas unas semanas después de su 60 cumpleaños. El film se basa en una parte de "El libro de las ilusiones" y cuenta con Michael Imperioli de "Los Soprano", David Thewlis y la propia hija de Auster, Sophie.


El propio Auster da la noticia:

"... Hace una semana, recibí la buena noticia de que había sido aceptada para el New Director's Festival de final de marzo. "


¿se le considera aún un nuevo director?

"Si, porque tan sólo es mi segunda película. Está "Lulu on the Bridge", de1998. Y no es un festival para directores primerizos, por lo que soy un director suficientemente nuevo. Pero encuentro conmovedor y divertido que al llegar a los 60 pueda ser considerado nuevo en algo."

Etiquetas: , , , , ,

lunes, febrero 05, 2007

Los 60 de Paul Auster

Fuente: El Comercio (Perú)

Sus historias interpretan la vida real y se desdibujan las fronteras entre realidad y una artística puesta en escena. "Trilogía de Nueva York" marca el inicio de su éxito.

El gran narrador estadounidense celebra su cumpleaños 60 con la publicación de su reciente novela 'Tales from the Scryptorium'.

NUEVA YORK [DPA]. Sus historias toman los giros más inesperados, sin soltar al lector. Con tramas impetuosas, un lenguaje claro y una fantasía que irradia melancolía, el escritor estadounidense Paul Auster ha conquistado una gigantesca comunidad internacional de seguidores. Con veinte años cualquiera es un artista --dijo alguna vez--, y con sesenta están solamente aquellos que realmente han sobrevivido. Y ahora lo ha logrado: hoy el gran narrador festejará su sexagésimo cumpleaños.


Paul Auster es un escritor exitoso como en las películas. Y, al igual que en sus historias, también en la vida real se desdibujan las fronteras entre realidad y una artística puesta en escena. Hace más de 25 años convive con su mujer, la también exitosa escritora Siri Hustvedt ("Todo cuanto amé", 2003) en el barrio neoyorquino de Brooklyn, que desde entonces ha evolucionado de una zona de infraestructura deteriorada al distrito de literatos. La hija de ambos, Sophie, de 19 años, descrita como una persona extremadamente bonita", acaba de lanzar un álbum de canciones que ha obtenido críticas sorprendentemente buenas. Y Auster, un intelectual delgado que gusta vestirse de negro y con una insana propensión al tabaco, puede permitirse desde hace tiempo dejarse ver muy raramente.


Pero, al igual que muchos de sus personajes, también el bardo de Brooklyn ha atravesado épocas amargas. Nacido el 3 de febrero de 1947 como hijo de inmigrantes judíos en las cercanías de Nueva York, ya con 16 años quería ser escritor. "Es una existencia singular. No la eliges. De alguna manera eres elegido". Tras estudiar Literatura en medio de agitación política y una estadía de tres años en Francia, buscó su camino en Nueva York como autor. Allí surgieron cuatro libros de poemas, varias obras cortas y un volumen en prosa, pero no dinero. Auster debió mantenerse a flote con una cátedra en la universidad y trabajos de traducción. En 1979 se produjo una debacle en su vida personal. Su padre murió, se rompió su primer matrimonio y no tenía suficiente dinero para su vivienda. Y cuando ya había resuelto escribir solamente para él, llegó la gran bisagra que representó la "Trilogía de Nueva York". Pero esto también fue inicialmente una carrera de obstáculos: 17 editoriales diferentes rechazaron el manuscrito convertido entretanto en libro de culto, hasta que un pequeño editor californiano lo publicó y lo convirtió en 'best seller'. Había llegado la hora de Paul Auster. Las tres historias detectivescas con cabos comunes: "Ciudad de cristal" (1985), "Fantasmas" (1986) y "La habitación cerrada" (1986) contienen exactamente la voz por la que el escritor ganó tanta fama. Sus personajes con fuertes marcas autobiográficas hacen gala de caracteres estrafalarios, quebrados, que se pierden en todo tipo de abismos y rincones oscuros en la búsqueda de sí mismos. Una y otra vez son el azar, la contingencia, lo imprevisto, un giro fantástico, los que determinan sus vidas, ofreciendo motivo para reflexiones filosóficas sobre el arte y la cultura, la vida y la muerte.


Con "El palacio de la luna" (1989), "La música del azar" (1990) y "El libro de las ilusiones" (2002) surgieron otras potentes historias de su pluma. Con "La noche del oráculo" (2004) exteriorizó vivencias con su hijo mayor Daniel, quien fue vinculado indirectamente con un asesinato por drogas.


Entretanto, hubo obras que también hicieron preguntarse a la crítica si Auster no escribía tal vez demasiado. Y pese a su enorme popularidad en Europa, es muchísimo menos conocido en Estados Unidos. Aquí despertaron más atención sus guiones cinematográficos "Smoke" y "Blue in the Face", así como su trabajo de director en "Lulu on the Bridge". "Filmar es para un huraño como yo una fantástica compensación", afirmó.


DECLARACIONES
El imperio ha llegado a su fin
Hamburgo [DPA]. Paul Auster criticó en duros términos el Gobierno de su país en una entrevista con el semanario "Die Zeit" con motivo de su cumpleaños 60. "Estoy convencido de que en las dos últimas elecciones presidenciales hubo fraude", afirma en duros términos Auster en el artículo, del que se dieron a conocer algunos extractos por adelantado. "Es inconcebible que Estados Unidos, que actuó en la Segunda Guerra Mundial de forma inteligente y convincente, fracase ahora de esta manera", añade. "Nunca hubo un gobierno en Estados Unidos que estuviese tan lejos como este del espíritu del país. Somos los testigos del hundimiento de un imperio", asegura el autor.


Con respecto a su trabajo, señaló que el escritor se ve arrastrado por un impulso sin pausa. "Yo al menos siento la presión constante de seguir escribiendo, trabajando. Cada vez que termino algo, temo haber fracasado. De este sentimiento de insatisfacción surge la necesidad de intentarlo de nuevo", asegura.


"Vivo con mis personajes en promedio unos cinco años antes de empezar a escribir. No se los puede abandonar fácilmente".

Etiquetas: , , , ,

martes, enero 30, 2007

Ya está lista su versión en español

EL COMERCIO]. Un hombre mayor vive solo en una habitación casi vacía, lo único que tiene a su disposición es un escritorio con varios papeles y algunas fotografías. A pesar de sus esfuerzos, el hombre, llamado Mr. Blank, no logra entender qué es lo que esos documentos hacen ahí, ni lo que dicen sobre él. Cada cierto tiempo, algunas personas llegan a su austera vivienda, y aunque él no logra recordarlas, todas lo conocen.
Poco a poco vamos descubriendo que Mr. Blank ha hecho cosas terribles. Anne, la mujer que lo vigila, le muestra gratitud, aunque Blank recuerda haberla maltratado en algún momento. Sigmund Graf, un hombre al que envió en una misión que Blank también es incapaz de recordar, acaba de volver de un país habitado por primitivos y es condenado a muerte por las cosas que hizo ahí . ¿Qué es lo que Blank ha hecho? ¿Por qué está viviendo en esa habitación? ¿Logrará recordarlo?
Este es el argumento de la reciente novela de Paul Auster, "Travels in the Scriptorium", que a pesar de haber sido publicada en Estados Unidos hace tan solo una semana, ya tiene preparada su traducción al español. Editorial Anagrama, la encargada de editarla en España y Latinoamérica, anunció su publicación para el 1 de febrero.
Aunque Auster es uno de los autores más leídos y respetados en el mundo entero, el año pasado recibió el prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Letras, los primeros lectores de "Travels in the Scriptorium" no han dudado en calificarla como una obra menor. Según la periodista británica Killian Fox, la novela no supera a los primeros libros de Auster.
En todo caso, gracias a la rápida labor de Editorial Anagrama, no habrá que esperar mucho tiempo para poder leerla y así sacar nuestras propias conclusiones.

Etiquetas: , , , , ,

viernes, enero 26, 2007

Paul Auster y Woody Allen y las viseras de Albiñana

Javier GARCÍA RODRÍGUEZ - La Nueva España
Durante su estancia en Oviedo para recoger el premio «Príncipe de Asturias» de las Letras, el escritor estadounidense Paul Auster tuvo ocasión, como muchos otros premiados antes y después, de dedicar parte de su escaso tiempo libre a pasear de incógnito, ajeno a las exigencias del estricto protocolo y de los medidos compromisos sociales, por las calles que rodean el hotel Reconquista (yo mismo tuve ocasión de saludar brevemente en la calle Uría a un George Steiner tímido, sabio y de gabardina azul hace ya algunos años). Y aunque no es un hecho muy divulgado -la noticia parece estar siempre en otra parte, claro, como decía Kundera de la vida-, durante su paseo, el autor de «La trilogía de Nueva York» se sintió atraído de inmediato por algunas calles y algunos lugares (Auster es Auster incluso cuando sólo pasea) que provocaron en él la mirada que le ha convertido en un narrador tan curioso y especial, calles y lugares con los que terminó por establecer una relación de cálida cercanía y cierta intimidad (o, si se prefiere, de calidez cercana e intimidad cierta). Una de estas calles era Melquíades Álvarez, en el cruce con Doctor Casal. El lugar, la casi centenaria sombrerería Albiñana.

Woody aconseja a Paul
Es poco sabido que Paul Auster venía sobre aviso acerca de este lugar diminuto y particular. Al parecer, en una entrevista concedida al «Cedar Rapids Chronicle» de Iowa, recordaba cómo, cuando su amigo Woody Allen (la conexión Manhattan/Brooklyn siempre alerta) le felicitó por la concesión del común premio asturiano, tras alabar las virtudes de la ciudad de acogida (ya saben, lo del cuento de hadas y todas esas cosas grabadas en piedra) y provocar su vanidad recordándole, con su aguijoneante sentido del humor, que a él se le había erigido una escultura en pleno centro (por cierto, que una tienda de golosinas, muy hábilmente, ha aprovechado para bautizarse como Tutti Woody), una de sus más vehementes recomendaciones fue la de que debía visitar Albiñana, un lugar, le explicó, «pequeño, lleno de magia, una caja de sorpresas, donde todo cabe, donde todo está a la vista, donde los objetos de la realidad parecen de ficción». Y le confió casi en secreto que él mismo había adquirido una visera en aquella minúscula tienda con nombre imposible de pronunciar por esa eñe tan típica del español. Una visera de pana marrón claro con la que ha podido vérsele en numerosas ocasiones desde entonces.
Obedeciendo al cineasta neoyorquino, en su visita matutina y principesca, un discreto Auster (el dueño de la tienda, Luis Manuel Bobes, recuerda que no se identificó) se encontró con lo que le pareció un zoco a la europea burgués y decimonónico, posmoderno y «kistch», un mercado persa del lujo y la publicidad, una tienda de «delicatessen» del complemento y del regalo, atiborrada de sombreros panamá y de fieltro, de abanicos pavoneados, de «souvenirs» con fecha de caducidad, de paraguas de toda condición, de tirantes rayados, de insignias inverosímiles, de banderas españolas de sobremesa con peana dorada, de falsas medallas militares basadas en las de todos los ejércitos y en todas las guerras sin sentido, de gorras azules de requeté (al parecer, un producto estrella), de mariconeras ochenteras, de bastones de atrezo, de lujosas carteras para amantes del orden, de monederos (y ninguno falso, como los de André Gide), de boinas sin capar, de llaveros imposibles de olvidar, de botas de vino de las tres zetas (que ya en su nombre invitan al sueño etílico) y de tricornios de gala. Y compró, también él, una visera: de pana, marrón claro, aunque algo más austera, claro. Para no defraudar a Woody Allen y porque el lugar le fascinó como sólo fascina lo especial, lo no uniformizado, lo único. Y también hizo una fotografía, la prueba imposible de lo vivido (la prueba de lo imposible vivido: así es Paul Auster).
Cambio de aires
Dentro de poco tiempo, Albiñana cerrará sus puertas porque, según parece, el edificio que la alberga va a ser rehabilitado para convertir sus altos techos y sus salas espaciosas en un lugar anodino y común con cocinas pigmeas y paredes de gotelé. Ya figura el cartel de traslado en uno de sus escaparates. La tienda se ha clonado unos metros más allá, en la misma calle Melquíades Álvarez, renovando su estética y llevándose consigo casi un siglo de historia y miles de historias íntimas, de grandes pasiones, de vidas cruzadas, de conversaciones de paso, de regalos buscados, de deseos incumplidos, de confidencias a media voz y de anécdotas imposibles de creer. Y llevándose también a todos sus transeúntes despistados, a sus clientes de toda la vida, a sus famosos de paso y de paseo, a sus gentes de familia bien, a sus coleccionistas de rarezas, a sus raros de colección, a sus madres de familia, a sus maridos de última hora, a sus militares de graduación, a sus mutilados de guerra y a sus turistas sorprendidos por una tormenta de verano (que son, como se sabe, como las tormentas en un vaso de agua: escandalosas pero sin consecuencias). Vivencias y personajes casi, casi idénticos a los de las novelas -cotidianas y envolventes- de Paul Auster. Casi como todas las vidas, casi como todas las historias, en las que todo parece suceder fuera del tiempo y donde nada parece del todo verdad.
Una vieja fotografía
Si el personaje que encarnaba Harvey Keitel, el obsesivo y milimétrico fotógrafo aficionado de «Smoke», colocara hoy su cámara en el mismo lugar en que entonces lo hizo Paul Auster, frente a la ya casi abandonada sombrerería Albiñana, comprobaría que todo ha cambiado pero que todo sigue igual (ahora es Lampedusa quien parece querer meter baza). Descubriría, como Auster al mirar ese universo diminuto y cercano, que desde este lugar fuera del tiempo, que en esta ciudad de cristal plagada de fantasmas, con sus habitaciones cerradas, muestrario eficaz del país de las últimas cosas donde se produce cada día la invención de la soledad, puede verse el palacio de la luna mientras se escucha la música del azar, y que no importa vivir a salto de mata ni realizar experimentos con la verdad porque todo está escrito en el libro de las ilusiones y todo quedó dicho la noche del oráculo: la vieja tienda de Albiñana permanece en la cabeza de Paul Auster bajo una visera de pana marrón, como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera.

Etiquetas: , , ,

viernes, enero 19, 2007

Galaxia publica en gallego la nueva novela de Paul Auster

17/01/2007 - La Voz de Galicia

Viaxes no scriptorum también sale a la venta en castellano, euskera y catalán.

(Firma: Agencias)
La editorial Galaxia acaba de publicar en gallego, al mismo tiempo que también aparece en catalán, euskera y castellano, Viaxes no scriptorum, la última novela de Paul Auster.

De esta forma, Editorial Galaxia continúa su labor de presentar a los lectores gallegos, en lengua gallega, los grandes títulos de la literatura universal contemporánea.

Según informó la editorial en un comunicado, se trata de enriquecer el sistema literario gallego con títulos y autores universales de primera línea, a la par de los autores propios.

En el año 2006, Editorial galaxia publicó 37 novedades de carácter literario (autores gallegos) y 18 traducciones 4 de literatura infantil y juvenil.

En Viaxes no scriptorum el autor norteamericano, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006, sorprende otra vez con una novela que es un viaje interior al mundo de la creación literaria.

Etiquetas: , , , , ,

domingo, enero 14, 2007

«La literatura me ha enseñado lo estúpido que soy»

Igual que los personajes de sus novelas, Paul Auster duda de si «los últimos 59 años» de su vida «no han sido un sueño», un juego de espejos entre lo que dicen los sentidos y la fábula. El sueño, en cualquier caso, lo ha llevado esta semana a Oviedo, donde recibirá mañana el Premio Príncipe de Asturias de las Letras


El Mundo 19-10-2006 , QUICO ALSEDO. Enviado especial

OVIEDO.- Se veía venir: entrevistar a Paul Auster es penetrar en un laberinto de palabras y no-palabras en el que lo que se calla es tan importante como lo que se dice.

Con un matiz no tan habitual en sus novelas: el humor. Auster llegó ayer a Asturias para recibir el Príncipe de Asturias de las Letras, se retrató con unos gaiteros a la puerta de su hotel, dijo haber aprendido en todos estos años de escritura «lo muy estúpido que soy... Cuanto más viejo me hago [el año que viene cumple 60], menos sé».
El clásico adagio suena autocomplaciente en cualquier escritor maduro; no en Auster. Por algo, la incertidumbre y los espacios vacíos son la sal y la pimienta de El palacio de la luna, El libro de las ilusiones y toda su literatura.

O mejor dicho (al menos en los últimos años), metaliteratura: de algún modo, Auster es casi ya tan narrador como lingüista, una especie de espeleólogo sumergido en la naturaleza profunda de la palabra a través de sus personajes, tantas veces escritores, tantas veces presos de las letras (incluido el protagonista de Viajes al scriptorium, de inminente publicación en España).
A la sombra de Kafka, pero también de «un buen vino blanco», éste era el Paul Auster, elegantemente vestido de azul oscuro, que se sentaba ayer en el bar del Hotel Reconquista de Oviedo, después de firmar dos docenas de autógrafos como una estrella de rock.
Pregunta.- Sus novelas son puros espejos entre realidad y ficción. ¿Cómo sé que es usted el verdadero Paul Auster?
Respuesta.- Tiene razón. Quizás los últimos 59 años hayan sido, en realidad, un sueño. Pero hay tanta gente alrededor que cree que sí lo soy, que tiendo a pensar que es así.
P.- Así que ni usted está seguro.
R.- Estoy bastante seguro, pero no puedo decir al 100% que soy quien soy, o quien se supone que soy.
P.- ¿Alguna vez ha pensado que, como a sus personajes, lo que se cuenta termina ocurriendo?
R.- Mmm... Estoy pensando [juguetón]. No, no realmente. Siri, mi mujer, que está ahí, dijo una cosa bonita una vez sobre escribir ficción. Dijo: «Escribir ficción es recordar algo que no ha pasado jamás». Suena bien, ¿eh? Y podría decir lo mismo del futuro, pero no lo creo. Y Sydney Orr [el personaje de La noche del oráculo] no soy yo, ok? [ríe con chulería neoyorquina].
P.- Siempre escribe sobre escritores... ¿Le molesta que le pregunten si usted es éste o el otro?
R.- No escribo autobiografía, quizás un 98% de lo que escribo es imaginación. Pero no es fácil hacerlo comprender, porque no lo parece. Además, no escribo para muchas personas, sino para una. Porque todos leemos un libro distinto, aunque todos lean las mismas palabras.
P.- Ha dicho: «Lo real va mucho más allá de lo que imaginamos». ¿Puede explicarse?
R.- Hummm, ¿yo he dicho eso? Sí: quería decir que lo inesperado ocurre a cada minuto. Pensamos que conocemos nuestro papel en la vida, y a cada minuto ocurre algo que lo cambia. La realidad es un punto que nunca llegamos a atrapar. Intentamos agarrar a las personas, pero las personas no se dejan.
P.- ¿Todavía no sabemos quiénes somos?
R.- Exacto. Tenemos un cuerpo y eso lo sabemos. Podemos amar y odiar, ser adorables o crueles. Pero cuando actuamos de una forma, muchas veces no nos reconocemos. Y nos sorprendemos diciendo: «¡Parezco otra persona!».
P.- El azar parece un demiurgo en su obra, ¿algo así como un dios?
R.- No, en absoluto. El azar, o lo cambiante, o como lo quieras llamar está ahí, sucede que muchas veces la literatura no ha contado con él. Tenemos esta visión, quizás heredada de la novela del XIX, de que el mundo está ordenado por fuerzas sociales, psicológicas... Pero el accidente ocurre. Cruzas la calle, un coche te atropella, tu pierna está rota, el resto de tu vida serás cojo...
P.- ¿Nada detrás de ese azar?
R.- No hay nada detrás. Es la mecánica de la realidad. Si no, hablaríamos de religión.
P.- ¿Cuál es el truco para satisfacer por igual a crítica y público?
R.- Bueno, mucha gente odia lo que hago, también he tenido muy malas críticas...
P.- Pero sus historias...
R.- Ocurre, y ya está. Mi amigo Orhan Pamuk, que ganó el Nobel el otro día, tiene buenas críticas, siempre ha vendido mucho y va a vender más [ríe].
P.- ¿Cuál es su rutina de escritor?
R.- Oh, se va a dormir mientras se lo cuento. Me levanto pronto, como cualquiera, entre las siete y las ocho. Tomo una enorme taza de té. Me voy a un pequeño apartamento-estudio que tengo cerca de casa, de cual sólo tres o cuatro personas saben el teléfono. Trabajo siempre en cuaderno. Cojo un párrafo, lo reescribo, lo reescribo... Y podría no estar bien, pero si por el momento vale, lo paso a mi máquina de escribir. No tengo ordenador. Paro a la hora de comer. Compro un sandwich cerca y casi siempre me lo como de pie, pensado. A las cinco de la tarde cierro el cuaderno, me voy a casa e intento no pensar en la historia.
P.- ¿Es posible?
R.- Sí. Si lo dejo al inconsciente, sé que va a pasar algo; si sigo forzándolo, lo voy a ahogar. Y tengo un truco que me funciona desde hace 15 ó 20 años: cuando estoy a punto de dormirme, me vienen a la cabeza un montón de ideas; lo normal es que se aparezca la historia que estoy escribiendo, pero he entrenado para no pensar en ella, sino en la siguiente novela. Luego me duermo. Ése es mi día.
P.- ¿Cuánto le ha costado escribir de esa forma tan sencilla y misteriosa?
R.- Todo el arte está hecho de esfuerzo. Pulo las frases, quiero que canten de su modo verdadero, no de otro. No leemos con la cabeza, sino con todo el cuerpo. Las letras, los conceptos, no van sólo a la mente, sino a todo el cuerpo. Puede ser subliminal o no, pero es una experiencia física. Yo empecé como poeta y aún pienso en mí como poeta. Escribo con la misma intensidad, palabra a palabra.
P.- ¿Pueden las palabras...?
R.- ¿Abarcar lo que existe?
P.- Sí.
R.- No, no pueden y ése es el problema. Y sí, sí pueden porque es lo único que tenemos. El lenguaje es una estantería y lo que tenemos son subcategorías. Vemos una silla y vamos a por la palabra silla, luego a que es roja, que está hecha de madera... Pero yo tengo muchos problemas con las descripciones de otros escritores... No las veo... Quizás porque tengo una pobre imaginación visual
P.- ¿Lo cree así?
R.- Sí, describo tan poco las cosas en mis libros... Pero busco describir en tres golpes, como algunos de esos pintores. El resto lo tiene que poner el lector [interrumpen sus asistentes: la entrevista debe terminar].
P.- Señor Auster, sólo una cosa más? Esa habitación cerrada tan recurrente en sus libros... ¿De dónde sale? ¿Qué significa esas....?
R.- [Levantándose] Oh, ¿cómo lo puedo saber? Además, le diré algo: si lo supiera, no escribiría.

Etiquetas: , , , ,

martes, enero 09, 2007

Auster's austerity

por Alejandra Gaza (lacan.com)

Por qué Auster y la austeridad?
¿Y por qué en la llamada nueva cultura del posmodernismo, definida como la era de la imagen o del simulacro, Auster, con sus protagonistas ascéticos, abstinentes y templados, se convierte en uno de los escritores más leídos de Europa, Estados Unidos e incluso Argentina?

Sus personajes habitan una ciudad posmoderna de finales de los '80 y los '90, generalmente Nueva York, donde los principios del capitalismo más feroz se ven confrontados, en sus libros, a un nuevo héroe ­o antihéroe, según como se mire­, que más que verse arrastrado por esa música, hace del cálculo, la renuncia, la abstinencia, la mortificación del espíritu y de los sentidos, y finalmente de su propio borramiento como sujeto de esa máquina, una forma de resistencia anónima. Esa posición no se inscribiría exactamente en lo que Freud describió como aquel sujeto que no soporta el dinero y se empobrece una y otra vez para garantizar su estar en deuda permanente, o el que siente que otros tienen que pagar el estar él en este mundo; sino que define al que está dispuesto a "nadificarse" para introducir un hueco en el campo saturado de las mercancías en las sociedades de consumo. Pero tal vez, la austeridad, sobriedad y prudencia a la que se refiere Auster, define un espíritu de época, que seguramente no es el mismo de la Viena imperial de Freud.

Varios de sus personajes podrían ser descriptos, con sus diferentes matices y profundidades, desde esta categoría: Paul Aaron, de Leviatán, Anna Blume de El país de las últimas cosas, Marco Stanley Frogg, el chico universitario de El palacio de la luna ­con su decisión de caer lentamente en la indigencia y la soledad luego de la muerte de su tío­, e incluso el propio padre de Auster en La invención de la soledad. Pero el ejemplo más cabal de la "nadificación" a la que hacía referencia anteriormente, es el de Daniel Quinn, de La ciudad de cristal, la primera novela de La trilogía de Nueva York, un escritor prestigioso, que luego de perder a su mujer e hijo, se encierra en su departamento de Brooklin a escribir, usando un seudónimo, novelas de detectives, sin salirse deliberadamente, del corsét de ese género popular, que sólo le aporta el dinero necesario para su subsistencia. "Una parte de él ­escribe Auster­ había muerto [...] y no quería que volviera a aparecérsele. Fue entonces cuando adoptó el nombre de William Wilson"1. Pero a partir de un llamado telefónico de un desconocido, que confundiéndolo con un detective privado, le encarga un caso, Quinn, sin pedir más explicaciones, asume el papel que le han dado, ingresando en una aventura plagada de delirio y misterios. En ese camino, pasa por diferentes momentos, convirtiéndose casi al final, en un vagabundo que vive en una calle sin salida. Auster escribe: "...Quinn aprendió que comer no era necesariamente la solución al problema de la alimentación. Una comida no era más que una frágil defensa contra la inevitabilidad de la siguiente comida [...] el mayor peligro, por lo tanto, era comer demasiado. Si tomaba más de lo que debía, aumentaba su apetito para la siguiente comida, y en consecuencia necesitaba más alimento para satisfacerse. Manteniendo una estrecha y constante vigilancia sobre sí mismo, Quinn pudo invertir el proceso gradualmente [...] En el mejor de todos los mundos, tal vez habría podido aproximarse al cero absoluto, pero no quería ser excesivamente ambicioso [...] Prefirió conservar el ayuno absoluto en su mente como un ideal, un estado de perfección al que podía aspirar pero nunca conseguir ..."2.

Paul Auster define a sus personajes centrales en un reportaje: "En mis novelas, el carácter central desea ser una buena persona, éste es su propósito esencial: la conducción de una vida, como apenas una moraleja ejemplar. Pero alrededor de estos 'héroes' ­aclara­ gravitan otros caracteres, los que son como todo el mundo, que piensan en el dinero y el sexo, que aman comer y beber".3

Pero el rasgo que define el comienzo de cualquiera de sus historias, es que siempre se trata de sujetos, que por alguna circunstancia fortuita, han sufrido una pérdida fundamental en sus vidas, ocasionando una seria ruptura de lazos sociales, que en muchos casos se va profundizando a lo largo de la novela. En La ciudad de cristal, la mujer e hijo del protagonista han muerto; en El palacio de la luna, se cuenta la historia de un huérfano extraviado en las contingencias de Nueva York; en La música del azar, el bombero Jim Nashe es abandonado por su mujer, por lo que decide dejar a su hija al cuidado de su hermana, y dedicarse a vagar por las rutas; en Smoke, Paul Sachs es el escritor que también ha perdido a su mujer, y se ve envuelto en una historia que relata los devenires del encuentro entre un padre y su hijo; en Mr. Vértigo, nuevamente otro huérfano, al que el maestro Yehudi intenta convencer que debe irse con él, diciéndole que "no es mejor que un animal, un pedazo de nada humana".

En la época de mayor auge de la imagen, de las apariencias y de la emancipación yoica, donde el amo capitalista introduce una medida sin medida, Auster nos muestra estos personajes, en cierto sentido tan humanizados y actuales, donde pulsión y cálculo van de la mano. No puedo evitar pensar en los adolescentes de nuestra época, atravesados de algún modo por los llamados síntomas actuales. Pero dejemos este punto para más adelante.

Auster posmoderno

Los libros de Auster suelen ser catalogados por los críticos, como "posmodernos", aquella corriente escéptica que algunos interpretan como la característica que adquiere en el presente la crisis de la modernidad, sus consecuencias. Ya Freud enfrentó a los preceptos propios de lo moderno, que propugnaban por un proyecto emancipador, con los conceptos de trauma, compulsión a la repetición, más allá del principio del placer, permanencia del resto, indestructibilidad de la huella y retorno del trabajo de la pulsión.

Y esto es justamente lo que busca ser cernido y anulado en las acciones que llevan a cabo los personajes de la obra de Auster, lo pulsional, aquella parte maldita que arruina cualquier necesidad, esa satisfacción paradójica, repetitiva y siempre límite del equilibrio que corresponde al placer, y se satisface en el gasto inútil, en el derroche, en la insatisfacción de pretender contabilizar "lo incalculable"; aunque no se puede pensar de modo opuesto la pulsión y la renuncia, ya que a su vez, la renuncia alimenta la pulsión.

No se vaya a creer que esto solamente ocurre en los casos en que el personaje es un escritor, es decir, un claro alter ego de Auster. Puede ser un agente inmobiliario, un niño que hace pruebas de circo, un bombero, un estudiante, un colocador de bombas, o incluso una ciudad.

En El país de las últimas cosas4, la pérdida de los lazos sociales que recorre la vida de todos sus personajes es llevada a cabo en el marco de una intensificación paroxística de la atmósfera de Nueva York. Anna Blume lo describe de este modo: "Me muevo, respiro el aire que se me concede y como lo menos posible..."5. "Hay que acostumbrarse a sobrevivir sólo con lo indispensable. Si uno espera poco, se conforma con poco, y cuanto menos necesite, mejor se sentirá. Esto es lo que la ciudad le hace a uno, le vuelve los pensamientos del revés. Le infunde ganas de vivir y, al mismo tiempo, intenta quitarle la vida"6 [...] "Es posible acostumbrarse tanto a no comer, que uno puede llegar a prescindir totalmente de la comida. La situación es mucho peor para aquellos que luchan contra el hambre, ya que pensar demasiado en comer sólo puede ocasionar problemas. Son los que están obsesionados, los que se niegan a aceptar los hechos [...]; comen sin llenarse nunca, abalanzándose sobre la comida con una urgencia animal [...] Casi todo lo que comen se escurre, baboso, hacia la barbilla, y aquello que logran tragar, suelen vomitarlo pocos minutos después. Es una muerte lenta, como si la comida fuera un fuego, una locura, abrasándolos desde el interior. Piensan que comen para sobrevivir pero, en realidad, son ellos los que acaban siendo devorados"7; "...uno no debería reírse, por ejemplo, ni permitir que el hambre lo consuma, nada de estallidos emocionales, ni de suspiros imprevistos..."8 . Indudablemente asoman aquí los fantasmas reguladores de la bulimia y la anorexia, pero no es sólo eso, ya que va más acá y más allá de lo oral. ¿Qué es lo que la anoréxica sostiene con su inanición? Al sujeto que bajo el imperativo del consumo, se consume.

Anna insiste: "Lo principal es no acostumbrarse, porque los hábitos son nocivos: incluso la centésima vez que te topas con una cosa, debes hacerlo como si no la conocieras de antes"9. Pero en un nuevo cruce con otra de sus obras, Auster escribe: "El hábito es el mayor insensibilizador"10, refiriéndose a una anécdota acerca de su padre, que evidentemente lo ha dejado marcado: "Siempre fue un hombre de rutina [...] Una vez, durante nuestra primera semana en la casa nueva, antes de que nos estableciéramos del todo, cometió un curioso error. En lugar de conducir hacia la casa nueva a la salida del trabajo, se dirigió a la vieja tal como había hecho durante años; aparcó su coche en el camino, entró en la casa por la puerta trasera, subió las escaleras, se metió en el dormitorio y se acostó a dormir. Durmió [su acostumbrada siesta] durante una hora, y como es obvio, cuando la nueva dueña de la casa volvió [...], se sorprendió mucho. [...] El recuerdo de aquel incidente todavía me hace gracia, y sin embargo, no puedo dejar de considerar esta historia como un hecho patético. Una cosa es que un hombre vuelva por error a su propia casa, pero otra muy distinta es que no note que todo ha cambiado en su interior"11.

Pero vayamos ahora a Frogg, el joven de El palacio de la luna12, que termina como un homeless en el Central Park de Nueva York, y comienza su relato diciendo: "Fue el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna. Yo era muy joven entonces, pero no creía que hubiera futuro. Quería vivir peligrosamente, ir lo más lejos posible y luego ver qué me sucedía cuando llegara allí. Tal y como salieron las cosas, casi no lo consigo"13.

Ya en La invención de la soledad, de 1974, anterior a los libros ya citados, la escritura de duelo por la pérdida del padre, no escapa a esa misma maquinaria, privilegiando en el relato de su vida, el hecho de que era "incapaz de cualquier sentimiento de pasión, ya fuera por una cosa, una idea o una persona, y se las había ingeniado para mantenerse a cierta distancia de la vida, para evitar sumergirse en el torbellino de las cosas"14. Casualmente, la primer parte de este libro se titula: "El retrato de un hombre invisible", donde también sostiene que "Aprendió a no desear nada con demasiado empeño15." "Cada objeto era concebido sólo en términos de su función, juzgado sólo por lo que costaba, nunca como algo intrínseco con sus propias cualidades especiales. Supongo [...] ­continúa­ que esa actitud debe de haberle hecho observar el mundo como un lugar aburrido, uniforme, descolorido, sin dimensiones"16. Tal vez es aquí donde la anécdota ya comentada adquiere cierto sentido.

Pero volvamos al escritor extraviado de la La ciudad de cristal, y su objeto de estudio. Lo que primero parece ser una aventura detectivesca como aquellas que el propio Quinn escribe, se convierte en realidad en una nueva vuelta de tuerca hacia la anhelada rigurosidad de la escritura. El objeto de esta investigación es un tal Stillman, un hombre detenido ante la arbitrariedad del lenguaje, al cual el protagonista comienza a perseguir, para finalmente ya no ser ni siquiera un escritor anónimo de géneros bajos, sino un ex escritor arrojado fuera de su estudio, y sin saber que hacer con las palabras. Cito al propio Stillman: "...estoy en el proceso de inventar un nuevo lenguaje..."17. "Porque nuestras palabras ya no se corresponden con el mundo [...]." "Es crucial... convertirnos en los amos de las palabras que decimos, hacer que el lenguaje responda a nuestras necesidades..."18. Intento desesperado que lo hace recorrer las calles de Nueva York buscando aquellos restos abandonados que han perdido su utilidad, para ponerles un nuevo nombre, y así crear un nuevo lenguaje que borre la distancia entre el nombre y la cosa.

El poeta como escriba anónimo

Ya en un ensayo de 197419, referido a un poeta que culminó su vida como un andrajoso vagabundo también por las calles de Nueva York, dirá: "La ecuación de Reznikoff, que une el acto de ver a la invisibilidad, sólo puede efectuarse a través de la renuncia. Para poder ver, el poeta debe volverse invisible. Debe desaparecer, sumirse en el anonimato [...]". "Sólo en la ciudad moderna el observador puede mantenerse invisible, ocupar un lugar en el espacio y sin embargo permanecer incorpóreo [...] Lo que cuenta es el objeto mismo, y el objeto observado puede adquirir vida sólo cuando aquel que lo observa ha desaparecido20 [...] Define al "poeta como un vagabundo solitario, un hombre en la multitud, un escriba anónimo". Y a la "poesía como el arte de la soledad." [...] Pero en su análisis, Paul Auster insiste en que "Sin embargo, no es sólo soledad, sino también exilio, y una forma de asumir ese exilio que tiene la ventaja o la desventaja de mantenerlo intacto"21[...] "Siempre consigue hacernos olvidar ­continúa­ que cada poema es producto del 'hambre, el silencio y el sudor'"22. Ya al principio de este ensayo, dirá: "El poeta... [es] quien debe aprender a hablar con los ojos y curarse de la enfermedad de la boca"23.

Nuevamente el excedente, aquello no dialectizable, que se intenta neutralizar, vía la invención de un código donde la palabra remita a la cosa, y se opere finalmente un verdadero rechazo del sujeto, misma obturación y rechazo que el capitalismo intenta colmar con los objetos de la técnica. Según Auster, en la escritura de Reznicoff nos encontramos con un nuevo intento de destruir la imposibilidad y la distancia, la diferencia entre el movimiento de la pulsión y la "cosa" de su satisfacción. Nuevo rechazo de lo imposible.

Tanto en este último ensayo, como en La invención de la soledad, escritos en la misma época, y ambos anteriores a las novelas que le dieron su fama, podemos vislumbrar los temas que surcarán toda su obra:

* la invisibilidad y anonimato en la ciudad, como fin en sí mismo;
* la abstinencia de necesidades vitales y materiales;
* la austeridad y parquedad de sentimientos y emociones;
* y la ruptura de los lazos sociales, que sumerge al protagonista en una "nadificación" muchas veces irreparable.
Un espíritu de época

La despectivamente criticada posición abúlica de los adolescentes, y que tantos problemas ocasiona a los adultos, entre los que estamos incluidos los analistas dentro del marco de nuestro consultorio, tal vez pueda descifrarse, o por lo menos comenzar a investigarse desde otra perspectiva, si logramos sintonizar con cierto espíritu de época, tan bien reflejado por escritores como Auster. Por ejemplo, no debemos olvidar que los jóvenes que se enrolan en el movimiento punk, originario de la época del más severo thatcherismo inglés, que dejó a gran parte de la población fuera del mercado del trabajo, rinden con sus vestimentas estrafalarias una especie de culto a lo viejo, degradado, roto y barato. Pareciera ser otra forma de resistencia frente al mundo del consumo, seguramente con otro matiz que el austeriano, que los sostiene en un lugar de excepción, como sujetos caídos del discurso social, frente a las ofertas de un mundo al que parecen no querer conformar, como otra forma de rebelión diferente a la de las generaciones anteriores.

El posmodernismo puede entenderse como una denuncia irónica de aquellos preceptos de los que el modernismo hizo su bandera. Es la época en la que sobresale el nacimiento de un nuevo tipo de insipidez, de superficialidad, en el sentido más literal, quizás el supremo rasgo formal de todos los posmodernismos. Algunos autores, entre ellos Frederic Jameson, sostienen que se trata de un agotamiento del proyecto de la modernidad, entendido como una concepción que promueve y profetiza un devenir emancipador de la humanidad, protagonismo en el que el sujeto encarna el lugar de la enunciación de la verdad, lo que supone un debilitamiento de la historicidad, a merced de un "subsuelo emocional totalmente nuevo", en un también nuevo y atribulado espacio mundial.

Aquellos relatos legitimadores que le conferían al hombre una ilusión masificadora, basada en ingenierías igualitarias, se estrellan contra una estética degradante de la posición de ese mismo hombre, que escépticamente asume un individualismo a ultranzas, conduciéndolo a un goce autístico que confronta con el imperativo de consumo del discurso capitalista. Así, al mundo de bienestar sostenido en la responsabilidad del Otro social, la estética del posmodernismo opone el deshecho, el resto, lo no dialectizable, el sobrante, la falta, pero con un cierto grado de ironía, vanalidad y superficialidad.

A modo de ejemplo del espíritu de época, donde la tecnología produce los mejores sintetizadores e instrumentos musicales, los punks, anarchopunks, streetpunks, postpunks, photopunks o new waves se dedican a hacer música con el menor grado de calidad posible, caracterizada por una utilización primaria de los instrumentos musicales y una carencia total de toda sofisticación (ausencia total de solos, acordes saturados, la mayoría de ellos producidos desde un sintetizador, sin ninguna sonorización específica). Además de elevar el desorden a la categoría de arte en un "no future" paradigmático. Y el pogo, su baile oficial, en el cual se golpean unos a otros sin ritmo alguno, puede convertirse en la imagen más contundente de esta superficialidad, desorden y falta de "objetivos" que suele tomarse en un sentido peyorativo. O las famosas Raves, megafiestas en las que se baila música tecno y cuyo término proveniente del inglés quiere decir: "hablar sin razón, delirar, desvariar", organizadas, antes de su masificación mundial, en galpones, fábricas o al aire libre, generalmente acompañadas del uso de "éxtasis" o LSD, "poper" (un jarabe estimulante), "speed", quetamina, y otras drogas que tienen la característica de agudizar los sentidos, producir muchísima sed y permiten bailar casi veinticuatro horas seguidas, aunque no se las puede encuadrar dentro de las llamadas drogas de "rendimiento".

Pero sin ir más lejos, pensemos en la abulia que define a la adolescencia de hoy y tanto exaspera a los adultos; jóvenes que viven con sus padres hasta edades tardías, sosteniendo su vida como verdaderos "gasoleros", sin demasiados ideales que los sustenten más que en una resistencia sólo violentada por las demandas sociales.

¿Pero porqué comenzar con los héroes austeros de Auster, para terminar hablando del movimiento punk, de la anorexia, la bulimia, el uso de drogas o la adolescencia de nuestra época?

Paul Auster, sin duda inspirado en cierto estilo de época, y no podemos saber si deliberadamente, hace del espíritu del posmodernismo, a mi manera de ver, un uso original, en tanto ficción, que nos debería llevar a rechazar cualquier condena moral a la supuesta trivialidad de ese posmodernismo, en contraposición a la supuesta seriedad utópica de los modernistas.

BIBLIOGRAFIA

Alemán, Jorge, Jacques Lacan y el debate posmoderno, Ediciones del Seminario, Col. Filigrana, Bs. As. 2000.
vv. aa., El pensamiento en los umbrales del Siglo XXI, Catálogos, Fundación Origen, Bs. As., 1994. Nicolás Casullo (comp.), El debate modernidad-posmodernidad, Ediciones El Cielo por Asalto, Bs. As., 1993.
Jameson, Frederic, El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Ed. Paidós, Bs. As., 1992.
Brée, Joël, Los niños, el consumo y el marketing, Ed. Paidós, Bs. As., 1995.
Trabajo presentado en el XIV Coloquio Descartes, "La literatura frente al psicoanálisis", 18 de noviembre de 2000, Buenos Aires.


NOTAS

1. Auster, Paul, "La ciudad de cristal", en: La trilogía de Nueva York, ed. Anagrama, 1996, pág. 9.
2. Auster, Paul. "La ciudad de cristal", op. cit., pág 126.

3. Entrevista con Gérard de Cortanze, "Le monde est dans ma tète, mon corps est dans le monde" - Magazine Littèraire 338, diciembre 1995, pág.18-25

4. Auster, Paul, El país de las últimas cosas, ed. Anagrama, 1987.

5. Auster, Paul, El país de las últimas cosas , op. cit., pág 12.

6. Auster, Paul, El país de las últimas cosas , op. cit., pág. 12-13.

7. Auster, Paul, El país de las últimas cosas , op. cit., pág. 14.

8. Auster, Paul, El país de las últimas cosas , op. cit., pág. 20.

9. Auster, Paul, El país de las últimas cosas , op. cit., pág. 17.

10. Auster, Paul, La invención de la soledad , ed. Anagrama, 2000, pág. 16.

11. Auster, Paul, La invención de la soledad , op. cit., pág 15-16.

12. Auster, Paul, El palacio de la luna , ed. Anagrama, 1997.

13. Auster, Paul, El palacio de la luna , op. cit., pág. 13.

14. Auster, Paul, La invención de la soledad , op. cit., pág. 13

15. Auster, Paul, La invención de la soledad , op. cit., pág. 76

16. Auster, Paul, La invención de la soledad , op. cit., pág. 80

17. Auster, Paul, "La ciudad de cristal", op. cit., pág. 87.

18. Auster, Paul, "La ciudad de cristal", op. cit., pág. 92

19. Auster, Paul, "El momento crucial", en Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 , ed. Anagrama, pág. 217.

20. Auster, Paul, "El momento crucial", op. cit., pág. 220.

21. Auster, Paul, "El momento crucial", op. cit., pág. 223.

22. Auster, Paul, "El momento crucial", op. cit., pág. 227.

23. Auster, Paul, "El momento crucial", op. cit., pág. 217

Etiquetas: ,

lunes, enero 01, 2007

El fabuloso redentor

Maneja a los personajes de sus novelas como un mago. El premio Príncipe de Asturias 2006 ama también llevarlos al cine, como hace ahora con ?La vida interior de Martin Frost?
JESÚS RUIZ MANTILLA El País 23/07/2006


La literatura es un oficio de fe. Pero la fe, pese a lo que digan los metafísicos y los creyentes más fervorosos, es algo cuantitativo: se puede llegar a poner en la báscula de un sistema métrico decimal muy particular e igual de fiable. El mundo de Paul Auster nos lo demuestra de sobra, porque en él algunos rasgos del comportamiento humano rebasarían varias toneladas de optimismo y vitalismo, en igual medida que otras variables menos recomendables para afrontar los agujeros negros de la vida.
Los personajes que pueblan el ADN de este escritor adoptado en la orilla neoyorquina, pero que nació en Newark (Nueva Jersey, el Estado del otro lado del río) en 1947, saltan del poderoso cocteleo de su imaginación, que produce fluidos de seres que huelen y tienen sabor, que padecen y respiran, que intentan ser felices a la altura de sus circunstancias, cuando en algunos casos éstas no dan más que para la desolación.
Cuando pintan bastos es cuando Auster, como un superhéroe, como un fabuloso redentor, los rescata, en un alarde de confianza ciega en su oficio. Como quien está absolutamente convencido de que posee las claves secretas de la salvación mediante la creación de historias, que es el medio para que, según él predica, toda la humanidad vea un poco de luz en el camino. Así, Auster, más que en un escritor, se convierte en un evangelista de nuestro tiempo. Un urdidor de parábolas fantásticas protagonizadas por gente de lo más corriente para que podamos seguir confiando en la especie de los de aquí abajo. Él ha demostrado también que ese tipo de historias es el método más eficaz contra los fanáticos del más allá y los fabuladores baratos de discursos apocalípticos que tratan de atemorizarnos con demonios y terroristas.
Uno cae en esto cuando comprueba que casi todas sus narraciones comienzan con alguien desesperado o que va a morir, como el desvalido Nathan Glass, el héroe de su última y maravillosa novela, Brooklyn follies, que elige regresar al barrio de su infancia para quitarse la armadura. Glass es un todo, un referente de ese enternecedor circo de pobres diablos en crisis, nómadas triturados por la vida que parecen toros en busca del burladero para doblar la pata bien resguardados. Son las criaturas que inventa Auster al principio de sus libros para poderlos redimir, el auténtico y más cabal sentido de su literatura, a lo largo de toda la narración. Inventa para salvarlos. Escribe para darles esperanza. Urde palabras para que se confiesen y confíen.
Dice que no es consciente de ello, que le sale así sin querer. ?No me doy cuenta?, asegura Auster, en un hotel de Lisboa, un día de descanso del rodaje de su película La vida interior de Martin Frost, que ha filmado allí casi en familia, con su hija Sophie, de 18 años, cantante y actriz, en el reparto. Está relajado, contento y con ganas de hablar del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que recogerá en Oviedo en octubre y que le hizo imponerse en las votaciones a otro de los enormes escritores estadounidenses del presente, Philip Roth, al que conoció esta primavera por casualidad. Muchos le han querido contraponer al estilo de Auster, en una especie de lucha literaria bipolar en busca quizá de conflictos que en esta época del imperio ecléctico no llevan a ninguna parte. Ya no es pecado que te puedan gustar los dos. Elegir a uno frente a otro resulta una niñería fuera de lugar cuando se les puede sacar su jugo a partes iguales y cuando ambos retratan una América tan real como desolada, tan aterrada como digna de elogio, tan perdida como desesperada en su búsqueda de una felicidad que se hace cada vez más cara.
Auster, con sus ojos esféricos de gurú indio y su voz grave y quebrada, no muestra más que buenas palabras por Roth, a quien le emocionó realmente conocer en un restaurante de Nueva York hace nada. El maestro le felicitó por haber ingresado en ?el club?, es decir, en la academia norteamericana de las letras. El autor de Mr. Vértigo, La noche del oráculo, La música del azar, El libro de las ilusiones o Trilogía de Nueva York, entre otras obras, lo cuenta con el mismo entusiasmo que habla de los poetas a los que más admira y que le guiaron sus primeros pasos como autor lírico antes que novelista; la misma ilusión que le hace releer constantemente el Quijote, a Shakespeare o a García Márquez, un autor con el que se siente especialmente identificado este novelista que ha sido marinero y profesor de universidad.
Le estimula hablar de ellos lo mismo que de Brooklyn, el barrio en el que vive hace 26 años, y que, según él, ?no es el paraíso, pero es muy interesante?. O lo mismo que escrutar los secretos de la creación en palabras o imágenes porque no deja escapar en la conversación su delirio por el cine, un espacio creativo al que se enganchó lo mismo que a la nicotina de los puritos que fuma sin cesar cuando escribió Smoke, de Wayne Wang, con quien codirigió después Blue in the face antes de lanzarse solo a rodar Lulu on the bridge y ahora La vida secreta de Martin Frost.
Buen premio le ha caído.
No sabía que este año era candidato. Otras ediciones también fui finalista en las votaciones; el año que ganó Claudio Magris, que leí en The New York Times: ?Magris gana el Príncipe de Asturias imponiéndose a Paul Auster y Milan Kundera?. ¡Ja, ja! Pero este año, ni me había enterado.
Y eso que ha ganado a Philip Roth en la votación. Dos visiones diferentes de la literatura en su país luchando hasta en Oviedo.
Lo gracioso es que, aunque los dos hemos nacido en Newark, Nueva Jersey, nos conocimos por primera vez en un restaurante en Nueva York una semana antes de que me viniera a Portugal a rodar. Hablamos y me dijo: ?Tenemos que volver a Newark juntos?. Me pareció muy simpático, encantador. Es un escritor completamente opuesto a mí, otra sensibilidad radicalmente distinta. Aunque compartimos gustos: él adora a Conrad, como yo.
Pero no creo que le guste García Márquez tanto como a usted.
Yo también lo creo. Muy probablemente, aunque tengo que hablarlo con él.
A mucha gente le parece que es usted un explorador del realismo mágico del norte; al menos, que comparte esa mirada sobre la realidad.
Mi obra tiene una escala muy ancha. Hay novelas muy atadas al suelo. A mí también me resulta extraño ser al tiempo el creador de Mr. Vértigo, la historia de un chico que levita, como también les ocurre a algunos en Macondo, y de Brooklyn follies. O haber filmado una comedia loca como Blue in the face y una película como Lulu on the bridge. Pero la medida de eso ya lo da Shakespeare; para él, un día era una tragedia, y otro, comedia. De lo que se trata es de hacerlo bien.
La película que rueda en Portugal dice usted que es un ?haiku?. ¿Cómo se mide eso?
Porque es una película muy pequeña. Un haiku es como un respiro; una película así, con cuatro actores y unas localizaciones como las que hemos utilizado ?una casa, su jardín y un camino, no hay más?, también.
Una casa y un camino son como una metáfora de su obra.
¡Quién sabe! ¡Quién sabe!
Lo digo porque usted enfrenta a sus personajes a algunas paradojas curiosas. Algunos disfrutan de una libertad absoluta encerrados en algún sitio y otros se sienten oprimidos siendo nómadas. ¿La buena literatura surge de la contradicción?
Cierto, muchas cosas desagradables les ocurren a algunos cuando están en el camino. Estoy totalmente de acuerdo en ese punto de partida para la literatura, el de la paradoja. O el de las preguntas sin respuesta. Las preguntas que todos nos hacemos, pero que carecen de respuestas. Algunos las consiguen a veces, pero suelen ser locuras las conclusiones que sacan.
Para obtener esas respuestas se puede escribir un libro, ¿pero vale eso como garantía de que se obtengan o sólo para ahondar en las dudas?
Eso es lo que puede pasar. Creo que todo mi trabajo reta a las dudas, busca un equilibrio en un mundo inestable. El escritor es un ser dudoso; no sólo del mundo, sino de sí mismo. Si no dudaras, si no te plantearas lo que realmente merece la pena de lo que haces, no valdría para nada, no sería bueno. Nunca he conocido a un buen escritor completamente seguro de lo que escribe. Lo que la gente no entiende es que te sientes a escribir una novela de un tirón. Escribes muchísimas cosas que no valen nada, lo tiras, luego lo vuelves a intentar; así que lo que aprendes cada día es lo inútil que puedes llegar a ser, y eso es una cura de humildad.
¿El secreto, entonces, es no fiarse de lo que uno escribe?
No, tampoco. Tienes que creerlo para hacerlo, y estar convencido de que la historia que tienes entre manos es tan real como la vida misma. Cuando escribo una novela trabajo todos los días, siete a la semana, y pongo mi cabeza y mi alma a su servicio. Si me tengo que ir una semana o dos y luego vuelvo a la historia, me entran las dudas, me cuesta meterme dentro otros dos días, en ese mundo creado. Por eso busco estabilidad, para mí es la mejor manera de hacerlo.
Así que mientras rueda, no escribe.
No, estoy tan ocupado que la idea de escribir algo me resulta imposible. Pero es bueno tomarse un descanso, sin quejas. Yo elegí meterme en esto, nadie me ha obligado y lo estoy disfrutando. Me viene bien salir de mi cuarto y trabajar con gente.
No mucha, por lo que cuenta.
Muy poca, poco reparto, poco equipo, pero resultados alucinantes. Las interpretaciones son tan buenas; la fotografía, tan increíble, que estoy muy satisfecho, me da muy buen pálpito. Mi hija Sophie está en la película, tiene un papel muy pequeño, y me dice que es impresionante que durante el rodaje no haya habido ninguna metedura de pata de nadie, y es porque están tan concentrados que no corren el riesgo de equivocarse, ni de olvidarse de sus partes, ni nada. También ha venido muy bien que ensayáramos dos semanas antes del rodaje.
Y ha resucitado usted a Martin Frost, un personaje de ?El libro de las ilusiones?.
Martin Frost surgió como un guión para un cortometraje que me encargó un productor alemán y que finalmente no se hizo. Pensé que la historia daría para mucho más. Luego lo incluí en El libro de las ilusiones, y después se me ocurrió que lo interesante es lo que le pasa después de que acaba la historia tal y como está en el libro. Así que lo único que quiero contar de él es lo que está publicado, no más; sólo que es una historia tan salvaje como impredecible.
Da la impresión de que sabe usted separar su trabajo como escritor del de cineasta.
Lo gracioso es que soy esencialmente un escritor, aunque amo el cine. Pero me considero un escritor muy poco cinematográfico. Mis libros no parecen películas; no están poblados de escenas pequeñas, seguidas una de otra. No hay mucho diálogo, son muy descriptivos. Precisamente por eso creo que trabajar en el cine es bueno para mí. Porque es una manera completamente distinta de contar una historia.
O sea, que no es usted de esos autores que mientras escriben ya están pensando en la adaptación al cine. Lo bueno, uno de los grandes retos de un escritor en estos tiempos, ¿no es escribir una novela que nadie sea capaz de adaptar al cine?
Estoy de acuerdo, sí señor. Una de mis novelas fue adaptada al cine, La música del azar, y me di cuenta de que al adaptarla perdería mucho, se convertiría en algo distinto. Lo que ocurre en mis libros tiene tanto que ver con el interior de los personajes que no acaba de plasmarse bien en pantalla. Aunque he hecho una excepción. Con mi primer libro, In the country of last things. Hay un joven director argentino, Alejandro Chomsky, que quiere hacerlo; un chico con mucho talento. Le he ayudado con el guión y ahora está intentando juntar el dinero para rodarlo en Buenos Aires en inglés y en español. Vamos a ver. Los proyectos de cine tienen propensión a evaporarse, pero es algo que me gustaría que saliera adelante.
Así que ha elegido el camino de la pureza. Y ésta, en literatura, ¿con qué tiene que ver?, ¿con el lenguaje?
Cierto. Mi lucha, mi ambición es la claridad, la limpieza; mi sueño es escribir un libro tan transparente que el lector sienta que el médium entre él y la historia no son ni siquiera las palabras, que se sienta dentro de ellas, metido en algo invisible. Al tiempo, el proceso de la escritura tiene que ver con la música, el sonido, el ritmo; relacionar un párrafo con otros, para que la gente no lea sólo con la mente, sino también con el cuerpo. Los lectores muy sensibles captan esa música. Yo no sé en qué parte del proceso surge eso, pero sé cuando lo hago bien y cuando lo hago mal.
A eso le llamo ambición.
Tampoco. El trabajo debe ser así y ya está. Sin compromisos. La obligación de contar la verdad a cada paso, y, como sabemos, la verdad puede ser muy incómoda, y hay está la dificultad. El dolor, lo que dejas de ti en cada libro.
¿Compromiso?
Sí, es compromiso. Pero, ¿por qué?, ¿por qué nos comprometemos?
Eso, ¿quién les llama a comprometerse?
Creo que el arte es una enfermedad, te infectas y no te recuperas. Todos los artistas, aunque tampoco quiero exagerar, son gente que sufre, gente que no encaja en este mundo y busca otro. Hay gente encantada de conocerse a sí misma; que se siente cómoda con su mente, con su cuerpo, con su manera de ser. Yo les admiro, pero no soy de ésos.
¿Les admira o les envidia?
Lo mismo da. Tampoco quiero ser como ellos. Hay una frase de Tarkovsky, el director ruso, que decía que necesitamos el arte porque el mundo es imperfecto.
De hecho, usted siempre comienza sus libros con alguien desesperado, al borde de la muerte. ¿Pretende ser usted un resucitador?
¿Un resucitador?
Sí, porque necesita todo el libro para salvar a sus personajes.
Para salvarles o para condenarles.
¿Es consciente de ello?
No, llegan de lugares a los que no tengo acceso, de sitios muy inconscientes. No les busco, me encuentran.
Y bien salvándoles o condenándoles, ¿qué siente por ellos?
Un enorme cariño. No me abandonan, siguen a mi lado años después. Lo verán en mi nueva novela, que saldrá pronto, Troubles in the scriptorium, que trata de la relación de un autor con sus personajes. Empieza con un hombre sentado al borde de la cama, en pijama, aguantándose la cabeza con las manos. Así, con esa imagen comienza, explorando esa visión.
Una imagen un tanto nihilista.
Neutral. ¿Por qué ese hombre viejo mira al suelo?
Así que le preocupa envejecer.
No mucho, es un hecho. ¿Qué puedo hacer para impedirlo? Es fascinante, no me asusta. Simplemente me impresiona tener la edad que tengo, 59 años ya. En mi mente me parece que tengo 32, y no es así.
A lo mejor lo que le inquieta es envejecer de determinada forma.
Tampoco. Me llama la atención el misterioso trabajo que lleva a cabo el tiempo, eso me interesa cada vez más. También llegas a un punto, ahora, en que te das cuenta de que muchas de las personas que has querido han muerto. Empleas mucho tiempo hablándoles a sus fantasmas. Cuando eres joven no haces estas cosas. Es como si tuvieras un pie en ese mundo de los muertos y otro en el presente. Ahora me acuerdo de cuando tenía veintitantos años y veía a escritores mayores que me impresionaban porque parecían vencidos, derrotados; se les notaba vagos, no se interesaban por nada. No era así, ahora que he envejecido me he dado cuenta de lo que les pasaba: que sentían que nadie iba a ser capaz de cambiarlos, que no vendría ningún jovencito a descubrirles nada. Cuando tienes 20 años cambias cada día: un día escribes como Hemingway, otro como Faulkner; pero cuando superas eso encuentras tu manera de ver el mundo y no vuelves atrás.
Y cuando usted era joven, ¿cómo disfrutaba más? ¿Imitando a Ernest Hemingway o a William Faulkner?
Siempre estaba insatisfecho, porque buscaba mi camino y no lo encontraba. Por eso escribía tantos poemas, cientos de poemas, y no me gustaban, no se los enseñaba a nadie. Fue cuando comenzó todo. Dejé de preocuparme por encontrar una voz propia cuando de repente comenzó a surgir, y lo que escribía cobraba importancia en su propio sonido. Lo que es el contenido y la forma. Si tienes que expresar algo, la historia en sí encontrará la manera de hacerlo.
Entonces, las estructuras de las novelas no surgen sólo de la creatividad del escritor, sino que es la propia historia la que va moldeando su estructura, la que de alguna forma necesita su propio encaje.
Absolutamente. Todo tiene que ver con la imaginación, nos pongamos como nos pongamos.
Y en esa relación de forma y fondo hay una novela ejemplar, como es el ?Quijote?. ¿Qué es lo que le apasiona de esa obra?
Novela de novelas. Historias que entroncan con historias hasta que de repente te encuentras en un agujero con espejos. Soy un gran amante del Quijote, pero sobre todo de la segunda parte. Ésa es la novela moderna. Me fascina esa manera de dejar rastros para el lector, reales, fiables o no, que nos conducen hasta el camino que seguimos explorando hoy día.
¿Se considera muy influenciado por Cervantes?
El Quijote es un libro que leo y sobre el que reflexiono a menudo. Pero no pienso en mis influencias. No quiero ser consciente de ellas. Ni tampoco de lo que desprecio. Pero creo que han influido más en mí los poetas que los novelistas.
De ahí su obsesión por el lenguaje y la transparencia. ¿Ese fanatismo por las palabras es lo que lleva a muchos a escribir?
Hay algo de eso. Hay que ser un obseso. Casi no existe otra cosa más fiable que el lenguaje, por eso me refugio en los grandes a menudo; leo mucho a Shakespeare, a John Donne; pero también a quienes me han aportado mucho personalmente, como George Oppen, un poeta desconocido que fue amigo mío, por ejemplo.
El compromiso en los escritores es algo que usted se toma muy en serio. Es miembro muy activo del Pen Club, por ejemplo.
Ahora soy vicepresidente, sí. Me lo pidió Salman Rushdie, que es el presidente, y no podía negarme. Es de las pocas organizaciones de escritores que promueven los derechos humanos en el mundo. Me siento obligado a ayudar a escritores en peligro, cuyos derechos no se respetan, y tenemos influencia, hemos sacado a muchos de la cárcel. Créanme, es muy aburrido sentarse en las reuniones, discutir los presupuestos, muy tedioso; pero lo hacemos porque es por una buena causa.
Más ahora, porque se están poniendo las cosas feas en el mundo, gracias al Gobierno de su país, en parte.
Está más enfermo que nunca en la historia. En el Pen hemos creado un grupo de emergencia, 10 o 15 escritores lo forman en Cooper Union; allí hay un lugar muy emblemático, llamado The Great Hall, que fue donde Abraham Lincoln anunció que se presentaría a las elecciones. Allí hacemos reuniones y congresos, el último fue sobre la tortura. Se llena de gente. Son cosas que hay que hacer; no sé si valen para algo, pero al menos hablamos. Si nos quedáramos callados seríamos cómplices de lo que ocurre. Creo que somos responsables y debemos hacer algo, por pequeño que sea.
No es poco.
También hacemos un festival internacional. Tratamos muchos temas, pero hay uno que a los estadounidenses nos preocupa muchísimo. Una de las tragedias de nuestro país es la completa falta de interés por lo que ocurre en el resto del mundo, cada vez menos; se traducen poquísimos libros, se pierde el contacto con otras culturas, el país se desgaja del resto y va a la deriva. ¡No éramos así! Solíamos tener curiosidad por las cosas, pero ahora estamos aislados y demasiado satisfechos de nosotros mismos. Así que reunimos a 60 o 70 escritores de todo el mundo para que hablen y participen. Lo malo es que la prensa americana lo cubre poco, aunque todos los actos están a rebosar. Aparece más en la prensa extranjera.
Ha entonado usted en ?Brooklyn follies?, su última novela publicada, un canto a la vida sencilla. ¿Lo necesitaba después del 11 de septiembre de 2001?
Es un himno a la vida normal. Comenzamos un nuevo periodo en la historia. Hay que ser conscientes de que es una suerte y una gozada vivir. Es una comedia, literalmente; lo necesitaba para tomar distancia. Me inspiró esa frase de Billy Wilder: ?Si te encuentras bien, satisfecho, escribe una tragedia; si por el contrario te sientes desesperado, derrotado, haz una comedia?. El 11 de septiembre me hundió; estaba tan afectado, tan desolado, que no podía trabajar. Di más entrevistas entonces que en toda mi vida, la gente buscaba respuestas y a mí me venía bien hablar. Me dejé la cabeza conversando.
Pero las consecuencias han sido hasta peores de lo que esperábamos.
Escribí un artículo el año después, en 2002. Todavía se hablaba de invadir Irak, algo que desde la perspectiva que me daba la zona cero suponía un desastre completo para mí. Ya han pasado cuatro años, y desgraciadamente he comprobado que entonces tenía razón. A día de hoy no veo la salida, hemos creado un monstruo. Ni siquiera estoy seguro de que retirar las tropas hoy mismo fuera una solución. Supongo que habrá que hacerlo, pero con un plan. No puedes ocupar un país tanto tiempo. Ni siquiera el petróleo lo vale.
En estos tiempos, su literatura también cobra un extraño sentido. Esa lucha de sus personajes entre el nihilismo y la necesidad de respuestas adquiere una fuerza enorme.
Muchos de mis personajes son excesivos y están en el extremo, a punto de tirarlo todo por la borda, aunque buscan lo mismo que todo el mundo: amor, un sentido del equilibrio en sus vidas, escapar de la soledad. Muchos de ellos se rinden, y es cuando encuentran espacio en mis libros.
Y usted, para empezar, no permite que tomen decisiones drásticas, que se suiciden. ¿Le parece pecado como escritor?
Es un tema interesante. Todo el mundo se lo ha planteado. Es humano, pero tanto como pecado? Simplemente es algo sobre lo que no me gusta escribir.
También hay que animarse. Sacarle jugo a la vida leyendo. Jugar con el lector.
Claro, tenemos que proporcionar placer, gusto a los lectores; si no lo hacemos, no va a merecer la pena que la gente nos lea. ¿Para qué? Si nos sintiéramos constantemente desesperados no tendría sentido agarrar la pluma.
Y eso es algo que usted se toma muy en serio, porque no trabaja con ordenador, sigue escribiendo a mano.
No me siento cómodo con un teclado. La pluma es distinta, o el lápiz. Aunque luego, cada día, lo paso todo a máquina. Hay tantos tachones que si espero al día siguiente no hay forma de que me aclare.
De ese paso ya quedan pocos escritores que se den cuenta, porque, en un ordenador, lo borras y ya está.
Ni siquiera lo borras, lo haces desaparecer.
Y no eres consciente del trabajo que has hecho.
En cambio, yo sí; cada falta, cada imprecisión la tengo en el papel, tachada.

Etiquetas: , , ,

sábado, diciembre 30, 2006

Imágenes fractales

Los fractales, la recursividad y el caos son artefactos teóricos de la edad posmoderna. Mecanismos relacionados entre sí a través de conceptos abstractos como espacios de fases. Las enfermedades, la bolsa, las ramas de los árboles, los copos de nieve. El efecto mariposa.

Auster y muchos otros autores se manejan con estos elementos: Roberto Bolaño, Iñarritu y Guillermo Arriaga por ejemplo.

Las computadoras, ya desde los años 90 han ayudado a representar gráficamente los fractales, con imágenes hermosas, que habitualmente exploran ramificaciones y formas curvas.

Algunas otras sin embargo dibujan laberintos de rectas, en tonos grises, que bien pudieran formar parte del imaginario del propio Auster.



Etiquetas: , ,

miércoles, diciembre 27, 2006

Conversación entre Paul Auster y Lou Reed

La revista inglesa "Dazed&Confused" publicó esta charla entre amigos con motivo de su trabajo en común en la película "Blue in the face", en los noventa, donde Auster dirigió por vez primera al ponerse enfermo Wayne Wang el director de "Smoke" en la que Paul Auster escribió también el guión.
En "Blue in the face", improvisación entre los amigos, rodada en tres días, aparece Lou Reed en un monólogo impagable, hablando de su adolescencia, su afición a fumar y otras lindezas más o menos surrealistas y plagadas de un humor muy personal.
Aquí hablan del trabajo artístico, son amigos y residentes en Nueva York.


Paul Auster: ¿Cuándo se te ocurrió que la música podría ser aquello a lo que ibas a dedicar tu vida?.
Lou Reed: Debo confesarte algo. Yo deseaba hacer lo que haces tú. Quería ser un escritor. Un escritor formal, de verdad. Yo me lo pasaba escribiendo en el instituto. De todas maneras, es cierto que por esa época hice un disco, y tocaba en algunos extraños bares de Long Island. Pero en el instituto uno siempre tiene sus bandas y yo simplemente estaba en distintas bandas para pagarme los estudios. Pero éramos realmente malos. Tan malos que teníamos que ir cambiándonos el nombre para poder seguir tocando. ¿Tú ya escribías cuando eras joven?.
Paul Auster: Creo que empecé a escribir cuando tenía 9, ó 10 años. Más o menos en el momento en que tú te encontraste con una guitarra, yo me encontré con una pluma. Cuando tenía alrededor de 15 años leí "Crimen y castigo" y me dio vuelta. Creo que sentí por primera vez la sensación de qué era una novela, o qué podía llegar a ser, y siempre estuve seguro que esa fue la experiencia que empujó a ser lo que soy. Me dije: "Absolutamente, no tengo dudas, así es como me voy a ganar la vida, o al menos, así es como quiero gastarla". Lo que no quita, claro, que la mayor parte por unos cuantos años, fue simplemente basura.
Lou Reed: Deberías escuchar mi primer disco...
P.A: Puedo imaginármelo. Todos los comienzos son malos...Y yo iría aún más lejos... Habiendo enseñado a escribir, entre otros múltiples pecados.
L.R: No te puedo creer... ¿Dónde?.
P.A: En Princenton, por los 80... Lo cierto es que siempre sentí que los jóvenes con más talento eran los que terminaban haciendo los peores trabajos. Si veo a un joven de 20 años capaz de producir algo con un cierto grado de poder y convicción, me doy cuenta inmediatamente de que no hay esperanza para él. Porque quiere decir que ya tiene horizontes limitados, que no está empujando fronteras, no está probándose a sí mismo... Está sólo cumpliendo con aquello que cree que sus mayores esperan de él. Los otros, aquellos que saltaban sobre los lugares establecidos, que aceptaban los riesgos, que soplaban contra el viento, esos eran los únicos que me producían alguna dosis de ilusión. ¿Comprendes lo que digo?. Demasiada facilidad para cumplir con lo esperado demasiado pronto nunca es bueno. No te permite desarrollarte.
L.R: ... Es tan extraño mirar hacia atrás. Por ejemplo, yo solía mirar los anuncios de trabajo del New York times. Y los miraba pensando: si tengo que conseguir un trabajo de verdad ¿para qué sirve?. Porque, tratándose de un artista, de un 'espíritu libre', significaba que no estaba calificado para nada. Y en cuanto a entrenarme o capacitarme, ¿para qué?. No se me ocurría la mínima posibilidad. Miraba los anuncios y todos empezaban "salario, bla, bla, bla", pero no me podía imaginar a mí mismo en un traje, yendo por ahí con un curriculum. Me hacía reír solamente la posibilidad de pensar acerca de eso. Postularme ¿para qué trabajo?. Mecanógrafo, probablemente, algo que tuviera que ver con escribir... ¿Alguna vez pensaste, tengo que hacer algo, tengo que ganarme la vida de alguna manera?.
P.A: Era uno de mis mayores tormentos.
L.R: Tuve una vez un trabajo real en la escuela superior, llenando tarros con nueces. Y me acuerdo del tipo que tenía parado al lado, que tendría treinta años y me decía: "sabes, hay un futuro en esto". Y yo no podía imaginarme cuál sería.
P.A: Yo tuve un montón de oficios por el estilo cuando era pequeño. Uno de los más interesantes fue hacer encuestas en Harlem para el censo del año 1970. Éramos parte de una multitud que salía a la calle, golpeaba las puertas y reprendía a la gente que no había enviado de vuelta sus formularios... ¿Cuándo comprendiste que la música era lo que podías hacer profesionalmente?.
L.R: ... Tú sabes lo inseguro que soy, en muchos sentidos. Entonces todo el tiempo digo: ok, llegué hasta aquí, fue sólo una fase. Yo sé que es una larga carrera, y que estamos muy al principio del camino pero, al mismo tiempo, hay tanta gente pidiéndonos que paremos ya de una vez. ¿Y tú?. ¿Cuándo pensaste que podías hacer una vida de escritor?.
P.A: Me pasé cerca de 10 años escribiendo pequeños libros de poemas que leía, publicados por la pequeña prensa, escribiendo artículos, sobre todo traduciendo. Un trabajo que llegué a odiar... Pero yo siempre quise mi libertad, por llamarlo de alguna manera. Pero después me convertí en un esclavo de mi propia pobreza. Era una situación realmente mala.
L.R: Sí. Sé exactamente lo que significa.
P.A: Estaba atrapado y tuve una crisis hacia finales de los 70. Y durante ese tiempo no escribí demasiado. Pensé que todo se había terminado... Y luego lentamente comencé a salir de la crisis. Algunas cosas sucedieron... Me sentía hambriento de escribir de nuevo y creo que allí fue cuando empecé a escribir prosa.
L.R: ... a finales de los 70 yo también estaba pasando por una gran crisis. Y todo porque descubrí que tenía algunos grandes éxitos, que podía pasar tranquilamente por lo que se puede llamar algo así como una estrella del rock. Excepto que yo no tenía idea de lo que estaba haciendo. Y en una gira por Australia descubrí que lo que yo había ganado había sido robado. y que no había pagado impuestos en los últimos 5 años, que me llevarían a juicio, que no tenía dinero en el banco, ni apartamento y que estaba en medio de una gira y tenía 10 dólares en el bolsillo... Eso me metió en un lío legal que duró como 10, ó 15 años. Desde entonces siempre tuve la sensación de que alguna vez perdería ese juicio y me meterían en la cárcel para siempre.
P.A: ... Pero tú no dudabas de ti mismo, como alguien que quería seguir haciendo lo que hacías, si podías... Lo que está claro es que, como escritor, nunca hay dinero por medio. O muy poco. En lo único que yo estaba interesado era en pagar el alquiler y tener algo para comer... Hace poco, en los últimos años, gano algo más de dinero que para eso... Pero si crees en lo que estás haciendo y sientes que tienes que hacerlo, ¿qué remedio te queda?.
L.R: Tienes razón. Porque cuando piensas en los consejos que te dan, como por ejemplo, métete en un trabajo real, con seguridad... ¿Qué seguridad?. Es la misma gente que es vapuleada de un lado a otro, que los echan de sus trabajos mil veces... Y lo peor es que los que tienen más experiencia, son los primeros en ir cuando los llaman de nuevo para esos trabajos.
P.A: A veces veo gente como yo, de mi edad, que se pasó trabajando en una gran empresa los últimos 25 años. Y parecen 10, o 15 años más viejos.
L.R: Yo creo que el rock es lo que te mantiene joven.
P.A: Yo creo que escribir te mantiene joven. Cualquier arte mantiene fresca a la gente, porque nunca te retiras. Simplemente lo haces hasta el momento del colapso
L.R: Al mismo tiempo no tienes tu sangre ni tus pensamientos machacados por un trabajo que no te deja expresar ni lo uno ni lo otro. Y hacerlo es lo único que a uno le da aire, que te mantiene vivo... Uno no puede perder el momento. Es tan fácil pasar de largo por los momentos en que habría que disfrutar.
P.A: Déjame ponerlo de esta manera. Tenemos cierta edad ahora, tenemos un montón de cosas detrás nuestro, probablemente más de las que tenemos por delante...
L.R: Al menos ya estamos en la línea descendente, pasamos la mitad de la colina.
P.A: Tanta gente a la que amamos y que nos importaba ya no está con nosotros, pero la llevamos dentro de alguna manera. Cuando más viejo te pones, más la vida se transforma en una tranquila conversación con la muerte. Yo encuentro eso al mismo tiempo muy triste y muy reconfortante. Cuando más viejo te pones, más espiritual te vuelves. Estás viviendo entre fantasmas y todos ellos tienen un montón de cosas que contarte. Y si escuchas con cuidado, podrás aprender un montón.
L.R: Yo me paso el tiempo examinando cosas que ya hemos dicho. Es uno de los temas favoritos en la literatura... Di algo ahora, si esperas demasiado, algo sucederá y ya no tendrás la oportunidad de decirlo...
P.A: Lou, hay algo que te quiero preguntar. A medida que sigues haciendo música, ¿sientes que es más fácil o más difícil?. ¿Que has aprendido algo, o que estás constantemente enseñándote a ti mismo una y otra vez?.
L.R: Tengo que enseñarme a mí mismo todo el tiempo, pero es cada vez más rápido, porque lo hice antes y me acuerdo, y me acuerdo cada vez más rápido.
P.A: Yo siento que cada vez se vuelve más difícil, que me vuelvo más estúpido y que tengo que reaprender o reenseñarme a mí mismo una y otra vez. La única cosa que la experiencia me ha enseñado es a no deprimirme cuando las cosas no salen bien. Que es un progreso importante, porque cuando era joven y me deprimía, cosa que a los escritores les pasa todo el tiempo, siempre corres hacia puertas cerradas, callejones sin salida, y vas más y más abajo por el camino incorrecto. Ahora puedo salir rápidamente de esos estados. Simplemente digo: déjenme solo, déjenme salir a caminar fuera, ya volveré en dos o tres días...
L.R: Es decir: nunca te cuelgues en una palabra, o un detalle singular, o te detendrá.
P.A: Exacto, sólo sigue hacia delante.
L.R: Seguir adelante. Uno puede siempre volver atrás, pero si lo haces, puedes estar haciendo algo que destruya todo.
P.A: Ok, última pregunta... Después de todos estos años ¿actuar todavía te pone mal?
L.R: Cuando no lo hago por un tiempo, no puedo imaginarme cómo se hace. Es muy extraño y desearía que no pasara... Pero no es así. Yo sé que si lo hago, saldrá bien. Cada vez que lo hago amo hacerlo, no hay nada más excitante que un concierto en vivo.
P.A: yo di algunas conferencias pero no tiene nada que ver. Tú estás simplemente leyendo tu libro, no es como si lo estuvieras actuando.
L.R: Bueno, leer es actuar ¿no?.
P.A: De una forma sutil, quizás, pero mucho más sutil. Aunque debo decir que mi amigo Síegelman y yo leímos este verano en el Central Park
L.R: Yo también lo hice... ¿No se te ocurrió cómo quedaría con música de fondo?.
P.A: No, podríamos intentarlo alguna vez.
L.R: Poner jazz. Como aquellos extraños jóvenes de los 50.
P.A: Tambores batientes.
L.R: Creo que éste es el momento exacto para terminar.
P.A: Coincido.
L.R: El momento en que se mezcló la palabra con la música.
P.A: Y en el que estamos todos sobre el escenario.


(Tomado de Wakan: http://ulises-valiente.com/wakan/ )

Etiquetas: , , , ,

domingo, diciembre 24, 2006

SMOKE - Wayne Wang , Paul Auster. 1994

Auggie cuenta a Paul porque comenzó a hacer fotografias. Cuento de Navidad. ...

Etiquetas: , , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com