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Levantarse a la hora que toca y acostarse a la hora recomendada. Volver a llenar la nevera sin hacer caso a tu capricho. Volver a encontrarte con gente que casi habías olvidado. Moverte como un zombie hasta que tu cuerpo se adapte a la vida ordenada. Mirar en el calendario cuándo vuelve a ser fiesta… Ahí estamos todos, volviendo a lo mismo. Y como nadie nos va a librar de pasar el trance, al menos queremos hacértelo menos angustioso recomendándote cinco libros que, si no hacen que cambie la realidad al levantar la vista de sus páginas, tienen protagonistas a los que también les toca pasar por la rutina del trabajo.

1. La oficina en The New Yorker. El trabajo en viñetas (varios autores). Ya que vamos a pasar por ello, al menos vamos a reírnos de los lunes por la mañana, de las reuniones que no tienen fin, de la adicción al trabajo… Un conjunto de más de 300 viñetas en las que verse identificado es motivo de diversión.

2. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (David Foster Wallace). La labor del reportero puede llevarle a terrenos insospechados que, con solo volver y poder contarlo, ya se merece el premio. Ellos sí que lo han visto todo, y Foster Wallace es uno de los que te hará reír con lo visto, vivido y casi asimilado.

3. Esto te va a doler (Adam Kay). Sufren de la profesión con más estrés del mundo. El cuerpo médico renuncia a su vida por salvar la tuya y acumula anécdotas de increíbles a irrisorias. Si, nosotros tampoco nos libramos de mentar en algún momento la sanidad pública. Pero es que te vas a reír.

4. Diario de un ama de casa desquiciada (Sue Kaufman). Sin duda un empleo que debería ser remunerado es el de la inagotable ama de esta. En este caso es norteamericana y está tremendamente aburrida de una vida en una casa coquetamente decorada a la última moda de los años 60.

5. Desde la oficina (Robert Walsen). ¿Por qué los oficinistas no son héroes en las novelas? Se pregunta Walsen. Y decimos nosotros, si el héroe es aquel que realiza hazañas extraordinarias, se nos ocurren muchas en horario de oficina. Os dejamos como muestra (y final) el arranque de ese divertido libro:

La luna nos mira desde fuera
y me ve languidecer como un pobre oficinista
bajo la mirada severa
de mi jefe.
Me rasco el cuello, turbado.
Nunca he conocido
el sol luminoso y duradero de la vida.
La penuria es mi sino;
tener que rascarme el cuello
bajo la mirada del jefe.