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Mujeres que escriben maravillosamente bien hay muchas más de las que han conseguido destacar a lo largo de la historia de la literatura, pero en Hotel Kafka siempre hemos sentido cierta debilidad por la Welty, una de las notables escritoras que retrató con gran agudeza el sur de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX.

Eudora, como casi todo escritor, comenzó siendo una gran lectora. Le apasionaban las historias que le recordaban a su vecindario de Jackson, la ciudad más poblada del estado de Mississippi y de la que nunca se marchó. Nunca supo lo que era una mudanza pues siempre habitó en la casa que sus padres habían construido antes de su nacimiento, se encargaba de cuidar el jardín y de devorar libros de William Faulkner, para ella el mejor escritor de todos los tiempos.

Gracias al interés que despertaron en ella los libros del bendito Faulkner, Eudora comenzó a escribir y escribir, compatibilizando lo que entonces se había convertido en su gran pasión con su trabajo como publicista para Works Progress Administration, etapa de la que se conservan fotografías sacadas con su cámara de fuelle Kodak que merecen bastante la pena. Era la época en la que Welty había llamado la atención del público y crítica con Una cortina de follaje, un indispensable libro de relatos que muestra la perspicacia de la escritora para observar el mundo. Eudora se debatía entre la escritura, para la que parecía ser buena, con la fotografía, que tampoco se le daba nada mal, y además daba un poco más de dinero. Y en estas estaba cuando en el buzón de la familia Welty entró una carta de William Faulkner.

Nos imaginamos el instante de emoción inicial al leer el remitente en el sobre, llegamos a comprender el estallido al leer las palabras que su autor favorito le dedicaba. Entre ellas, una frase que primero se grabó en la memoria de Eudora, para más tarde pasar a la memoria de la historia de la literatura: You’re doing alright. Un Faulkner que para entonces ya había publicado tótems como El ruido y la furia, Mientras agonizo, Las palmeras salvajes o ¡Absalón, absalón! le recomendaba a una treintañera Welty que siguiera el camino que había emprendido.

Para un autor el reconocimiento es importante. Se escribe hacia fuera y se espera algo de vuelta. Confiar en la escritura de uno mismo es importante, pero ciertos empujones son necesarios, fundamentales y más motivadores que cualquier premio, puesto alto en un ranking o palabras familiares. Eudora colgó con una chincheta la carta de Faulkner en la pared de su habitación y no es descabellado pensar que acudió a aquellas palabras cada vez que su confianza tiritaba.

Pocos años después Eudora Welty dejaba su trabajo y se dedicaba en exclusiva a la escritura. Quizás es exagerado pensar que todo se debió a las palabras de Faulkner, pero sin duda semilla dejaron y, visto desde el otro lado, el gran autor no se equivocaba: Welty llegó a ser comparada con él, no se llevó el Nobel pero sí pudo dar las gracias por un Pulitzer, además de convertirse en la primera escritora que vio publicada su obra en vida en la Library of America. Y sobre todo, es una grandísima creadora que nunca hay que perder de vista y de la que se aprende mucho.

Faulkner no solo le escribió palabras motivadoras, sino que además llegó a declarar de ella que era la mejor escritora que jamás había leído. ¿La admiradora admirada? Es bonito pensar en la adoración recíproca y en encontrar la motivación que cada escritor necesita para seguir avanzando, a pesar de lo cuesta arriba que a veces parece el mundo editorial.

En honor a esta pequeña pero gran historia, os deseamos a todos que nunca os falte esa motivación que necesitáis entre tantas otras y que, si tenéis un buen escritor a vuestro lado, no olvidéis decírselo. Probablemente necesite que lo hagáis de vez en cuando.