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Sin encontrar una razón contundente y verdadera, el hecho es que, empezando por algunos compañeros de generación, muchos literatos de nuestro país han tendido a desprestigiar la figura y obra de este genio literario, considerándolo un escritor sin estilo, un mero imitador de voces tan grandes como las de Dickens o Balzac. Valle-Inclán lo acusó de garbancero (persona o cosa ordinaria y vulgar) en Luces de bohemia y Unamuno afirmó desde su cátedra de Salamanca que «apenas hay en la obra novelesca y dramática de Galdós una robusta y poderosa personalidad individual».

Pero aunque pueda parecer un autor desatendido, desentendido y malentendido, su obra logró dar el salto a Norteamérica en una época en la que figuras como Luis Cernuda, Joaquín Casalduero o José Fernández Montesinos, se encontraban dando clase en universidades estadounidenses, incluyendo a Galdós en sus programas. De ahí al estudio y la traducción de Fortunata y Jacinta, Doña Perfecta, El abuelo y algunas obras que llegaron a los hijos de los emigrantes españoles e hispanoamericanos, los que por fin le hicieron hueco en la biblioteca familiar. En España nos dimos cuenta en los años 70 del pasado siglo XX de que tal vez nos habíamos equivocado con él.

En 2020 se han cumplido cien años de su fallecimiento y el Coronavirus ha reducido la ristra de homenajes planificada para rendir honores al escritor a una mera anécdota, lo mismo que supone protagonizar un billete de mil pesetas durante menos de quince años: colosal, pero por muy poco tiempo.

2021 es el año del centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán y el Partido Popular ya ha solicitado que se prolonguen un año más los actos de homenaje a Miguel Delibes, que le tocó nacer el mismo año en que moría Galdós. ¿Qué será entonces de Benito? ¿Nadie se acuerda del pobre, de momento, homenajeado? Antes de que tengamos que apagar las luces y abandonar su hogar, queremos dejar por escrito tres cuestiones a tener en cuenta para no abandonar tan pronto la costumbre de volver a visitarle:

1. Dándole la razón a María Zambrano, Pérez Galdós fue el primer escritor en España en introducir «a todo riesgo las mujeres en su mundo. Las mujeres, múltiples y diversas; las mujeres reales y distintas, “ontológicamente” iguales al varón. Y esta novedad, ésa es la deslumbrante conquista. Existen como el hombre, tienen el mismo género de realidad». Tenía buen oído para las mujeres, lo que le llevó a novelar, con una particular sensibilidad para la época nacional, personajes femeninos que en su vida cotidiana despiertan desde la empatía hasta la admiración.

2. Su ironía, tan fértil, empapa con gusto la lectura de su obra: sus narradores y personajes presentan halagos como reprobaciones y elogian situaciones condenables. mostrándonos con genio los reversos que hay tras la prosperidad, la doble vara de medir de una moral hipócrita o la fácil inversión de sus situaciones sociales y personales.

3. Como residentes en Madrid con centro de estudios literarios, tenemos que recomendaros el Madrid de Galdós. Pertenece a la mejor de las tradiciones de autores españoles que fijaron su residencia por un tiempo en la capital y que se pararon a retratarla como si llevasen siglos alojándose en ella. Como pequeña muestra, el inicio de Misericordia:

«Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián… mejor será decir la iglesia… dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la Plaza del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan maravillosamente».

A nosotros 2021 nos pillará con una novela de Galdós en la mano como acto de desobediencia.

El próximo 12 de enero comentaremos en nuestro Club de lectura Misericordia. Te esperamos