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Mi vecina de enfrente aplaude como quien da grititos al entrar en una piscina de agua fría. Esto es lo que me tiene despistada. Lo hace como una auténtica francesa que en la Ópera, sin esperar ningún bis a cambio, asiente con la cabeza ante su propio deleite recién consumido.

Mi vecina de enfrente tiene un sweater moderno y gris con la palabra SATURDAY escrita en el pecho. Ya no sabe en qué día vive: se lo pone lo mismo un martes, un miércoles, un sábado o tres días seguidos con el propósito de aumentar las probabilidades de acierto.

Mi vecina de enfrente me hace mímica de pianista y asiente como quien, a falta de Ópera, se contenta con mis recitales de escalas, mecanismos y los compases 54 y 127 repetidos hasta la saciedad. En un gallinero improvisado desde su balcón, asoma la cabeza buscando el escenario al otro lado de la calle.

Mi vecina de enfrente tiene tres ventanas, dos balcones y una jardinera colgante rebosantes de geranios que florecen en una llamarada explosiva de aires del sur. 

Mi vecina de enfrente saca desde hace tres días al perro a saludar. El animal, entre entusiasta y temeroso, entre rey león de la sabana e hijo en riesgo de Michael Jackson, posa con su mejor sonrisa en tensión ante los vítores de sus vecinos. Puede que el perro siempre haya estado, pero a diferencia de los vecinos asesinos, nunca saludara. Puede que el perro no viviera en el segundo y sí con la vecina del ático que desde hace unos días no sale a aplaudir.

Mi vecina de enfrente me sonríe e inclina la cabeza murmurando algo que en cincuenta días no he conseguido descifrar. Yo apoyo la mano en la barandilla y me agacho en una reverencia de final de concierto aceptando su bendición diaria de la jornada cumplida. Un día menos de confinamiento y amén.

Mi vecina de enfrente no tiene cara de Bernadette. Podría llamarse Dolores Martín Sánchez. Cuando pueda cruzar la calle para pedirle unos esquejes, descubriré si la razón de que no nos entendamos más que por mímica es que compartimos lengua materna y no es la francesa en realidad. Algún saturday, próximamente, desvelaremos el misterio.

Blanca Marín-Zofío. París, Francia